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CONCURSO

Un dilema para sobrevivir a una emboscada

'Materia' desafía a sus lectores a resolver este séptimo desafío científico, que acompaña a la biblioteca 'Descubrir la ciencia'

La expedición protagonista de este desafío debe dividirse como el río, para llegar a salvo a la costa
La expedición protagonista de este desafío debe dividirse como el río, para llegar a salvo a la costa

La expedición Daviman-Luteriz fue una de las más infortunadas en la historia de la exploración de África. De regreso hacia la costa, sólo cinco hombres sobrevivían: los propios Daviman y Luteriz, dos escoltas y el geólogo. Los ocho miembros restantes habían perecido a causa de las enfermedades, los ataques de animales y las refriegas con los indígenas. Los últimos porteadores les habían abandonado la noche anterior, llevándose todo el equipo que consiguieron escamotear a la vigilancia de los escoltas.

Los cinco supervivientes se encontraban ya a escasos kilómetros de la seguridad que les esperaba en el fortín de la bahía, pero sabían que se enfrentaban a su mayor amenaza. Reducidos en número, extenuados y famélicos, debían atravesar el territorio de los mamba, la más hostil de las tribus que habían encontrado en su camino. Allí el río se dividía en dos ramas que formaban un amplio delta hasta el mar. Pero ¿cuál de ellas seguir?

Poco podían confiar en sus armas: si los mamba caían sobre ellos, la expedición Daviman-Luteriz encontraría un trágico fin. Dividir el exiguo grupo en dos no les garantizaba que alguno de ellos llegara con vida a la costa; los mamba podrían aguardar emboscados junto a cualquiera de los dos cauces, o tal vez ambos. Lanzarse a recorrer esos últimos kilómetros confiando sólo en la suerte era demasiado temerario. Existía la posibilidad de rodear el país de los mamba, pero el camino hacia la costa sería entonces mucho más largo. Necesitaban saber si alguna de aquellas dos rutas era segura.

Rebuscando en el escaso material que aún conservaban, los expedicionarios lograron reunir tres bengalas. Aquello era todo lo que podía serles de utilidad contra el peligro que acechaba río abajo. Contando con la ayuda de aquellas tres bengalas, Daviman y Luteriz idearon un plan que les aseguraba la supervivencia de al menos tres de ellos. Impusieron una condición: para evitar malgastar sus recursos, ningún hombre llevaría más de una bengala.

¿Cuál era el plan?

La solución está al alcance de un sencillo razonamiento. Pero dado que este concurso trata de desafíos científicos, hay algo más: el plan ideado por Daviman y Luteriz, personajes que sólo existen entre los confines de esta página, está inspirado en un famoso experimento mental propuesto por dos científicos en 1993. ¿Cuál era este experimento y en qué consistía? Dispones de otra pista más, oculta en el texto que acabas de leer. Y por último, ten en cuenta que este desafío guarda relación con el tema del libro de la colección Descubrir la ciencia puesto a la venta el 9 de octubre con el diario El País.

Escribe y explica tu respuesta. El plazo para responder a este desafío finaliza el domingo 30 de octubre a las 12:00 (hora peninsular española).

Respuestas correctas:

Dos de los integrantes de la expedición, cada uno de ellos equipado con una bengala, descenderían siguiendo ambas ramas del río. Cuando llegaran a la costa, si conseguían alcanzarla sanos y salvos, debían disparar sus bengalas al cielo. De este modo, los tres miembros de la partida que aguardaban junto a la bifurcación del río sabrían si había un camino seguro, los dos, o ninguno.

En este último caso, si ninguna de las bengalas llegaba a dispararse, sabían que no debían avanzar siguiendo el río y que sólo podrían alcanzar la costa rodeando el país de los mamba. Si veían las dos bengalas, podrían tomar cualquiera de los caminos y reunirse a salvo con sus compañeros en la costa. Finalmente, si sólo se lanzaba un cohete, sabrían que uno de los dos emisarios había sobrevivido, y que por tanto uno de los cursos era seguro. Pero ¿cuál?

La solución era enviar a un tercer miembro, con la bengala restante, por una de las dos rutas elegida al azar. Si la bengala se disparaba, los dos últimos expedicionarios seguirían el mismo camino; si no era así, sabrían que debían tomar el otro cauce. En el peor de los casos, tres de ellos lograrían sobrevivir para contarlo y no regresar jamás a África.

En 1993, los físicos Avshalom Elitzur y Lev Vaidman (que nos llevan a la pista oculta: Luteriz y Daviman son anagramas de sus apellidos) publicaron un experimento mental consistente en un hipotético detector de bombas. Los dos científicos imaginaron la existencia de una remesa de explosivos que estallan con la luz. Sin embargo, algunas de las bombas son defectuosas; no absorben la luz ni explotan. ¿Cómo poder detectar al menos algunos de los artefactos reales sin volarlos por los aires?

El detector de bombas de Elitzur–Vaidman consiste en si sería posible detectar al menos alguna medición interpuesta (las bombas) en el camino de un fotón sin necesidad de que el fotón hubiese sido efectivamente detectado por ella, lo que se logra enviándolos de uno en uno con un separador de haz que divide el camino en dos, uno de los cuales contiene la bomba, y luego haciéndolo interaccionar consigo mismo al final.

En el experimento, la mera existencia de la bomba altera el comportamiento de la luz antes incluso de emitirse; el fotón elige su camino en un punto del recorrido anterior a la ubicación del explosivo. Obviamente, esto no es posible en nuestro mundo de las cosas grandes; en el caso de Daviman y Luteriz, sólo pueden conocer la presencia de los mamba a posteriori, gracias a las bengalas. Pero salvando esta diferencia, el plan ideado por los expedicionarios sigue la misma idea.

Ganador: Joaquín Gómez Ábalos, de Valencia

Descubrir la Ciencia - Desafío número 7

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