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La pesca mata a 100.000 ejemplares del ave más grande del mundo al año

El albatros, de hasta 3,5 metros, podría salvarse con simples espantapájaros en los barcos

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Día Mundial de los Océanos  Un albatros pica un anzuelo de un buque palangrero en la costa de Brasil.

La pesca ahoga y extermina a 100.000 ejemplares del ave más grande del mundo cada año. Los buques que pescan con redes de arrastre o con palangre —cordeles kilométricos repletos de miles de anzuelos con cebo— acaban de manera accidental con la vida de 300.000 aves marinas cada año, 100.000 de ellas albatros, según las estimaciones de BirdLife International, la mayor coalición de organizaciones de conservación del planeta. Los albatros, que alcanzan hasta 3,5 metros de envergadura, acuden a alimentarse de los cebos, se enganchan en los anzuelos, se hunden y mueren. O se golpean con los cables de acero de los buques arrastreros o quedan atrapados en sus redes. Muere un ejemplar cada cinco minutos. 15 de las 22 especies de albatros están en peligro.

15 de las 22 especies de albatros están en peligro, sobre todo por las muertes en las pesquerías

El albatros es el ave cuya majestuosidad conmovió tanto al poeta Pablo Neruda que le dedicó una oda: “Aquí cayó muriendo el ave magna. Era en la muerte como una cruz negra. De punta a punta de ala tres metros de plumaje y la cabeza curva como un gancho con los ojos ciclónicos cerrados”. En 2005, Birdlife International decidió no asistir de brazos cruzados a la extinción de estas especies y lanzó el Grupo de Trabajo por el Albatros, un equipo de expertos desplegados en ocho países para reducir las capturas accidentales de aves marinas en los buques pesqueros. Hoy, para celebrar el Día Mundial de los Océanos, presentan los resultados de 10 años de campaña para salvar al ave de mayor envergadura del planeta.

La acción se ha concentrado en pesquerías del hemisferio sur: en Brasil, Chile, Sudáfrica, Uruguay, Argentina, Namibia, Ecuador y Perú. El informe de Birdlife International constata una reducción de las muertes de albatros de hasta el 99% en la pesquería de arrastre de merluza en Sudáfrica. En otras pesquerías, la bajada llega al menos al 85%, según el documento.

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Un cable espantapájaros colocado en un buque pesquero de Uruguay.

La campaña se ha realizado en colaboración con la industria pesquera, que no gana nada con el exterminio de aves marinas. Miembros de Birdlife International y otras ONG locales han subido a bordo de los buques para explicar la problemática y proponer medidas muy sencillas, como el uso de cables aéreos espantapájaros o de anzuelos con peso, que se hunden fuera del alcance de las aves buceadoras. Siete de las 10 pesquerías identificadas hace una década como puntos calientes de peligro para las aves marinas han adoptado regulaciones para protegerlas.

“Birdlife ha demostrado que esto funciona con una década de investigación, refinando las soluciones y trabajando con los pescadores. Ahora es el momento de expandir este modelo al resto del mundo, para asegurarnos de que ninguna ave es capturada innecesariamente nunca más en una pesquería”, ha declarado la ecuatoriana Patricia Zurita, directora ejecutiva de Birdlife International.

La bióloga Cristina Sánchez, de la organización española de la coalición (SEO/Birdlife), recalca que el problema no se reduce ni mucho menos a los albatros. “No todos los barcos, por el hecho de salir a faenar, provocan mortalidad. Pero, a veces, una sola línea de palangre puede matar a un centenar de pardelas baleares”, alerta. Esta especie es la única ave marina endémica de España y está muy amenazada: solo quedan unas 3.000 parejas reproductoras en el mundo.

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