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Pamela Anderson: "Soy una escritora frustrada"

Ha sido estrella, icono, 'playmate' e impulsora involuntaria de las 'sex tapes'. Pero nada ha podido con ella. Con la película de 'Los vigilantes de la playa' en marcha, la exprotagonista de la serie mira hacia atrás sin rencor y al futuro con la calma de la superviviente

Pamela en una imagen de la campaña que ha protagonizado para la marca Missguided.
Pamela en una imagen de la campaña que ha protagonizado para la marca Missguided.

Ha pasado casi un cuarto de siglo, pero la imagen se mantiene fresca en la memoria: en 1992, una neumática canadiense corría por las playas de Malibú a cámara lenta, hipnotizando a millones de espectadores con el bamboleo de todo lo que rebota. En menos de lo que duraba esa escena, Pamela Anderson se convirtió tanto en objeto de deseo para toda una generación como en icono pop curvilíneo. El canon andante de la exuberancia propia de la última década del siglo pasado. Pero, lejos de quedarse anclada en un tiempo y un lugar, ella ha resultado ser la única vigilante de la playa que ha resistido el paso de los años. Nada, ni los paparazzi, las parejas desaconsejables o las sex tapes, ha podido con ella.

"Me levanto temprano con mis perros, que son vegetarianos. Me preparo un café descafeinado, desayuno con ellos y luego nos vamos a la playa"

Hoy, Pamela pasa la mayor parte de su tiempo ajena a las cámaras en la isla de Vancouver en la que nació. Lejos de Malibú, y de Los Ángeles, a la que define como "una ciudad llena de gente hambrienta de fama. Tienes que tener mucho cuidado de no caer en manos de los lavacerebros profesionales". La rutina que sigue en este retiro voluntario no puede ser más plácida: "Me levanto temprano con mis perros, que son vegetarianos. Me preparo un café descafeinado, desayuno con ellos y luego nos vamos a la playa", nos cuenta. Solo que, esta vez, no lo hace enfundada en un ceñido bañador rojo.

El pasado año, cuando se anunció el rodaje de la película inspirada en la serie que le dio la fama, no tardó en desmarcarse del proyecto. No obstante, después accedió a aparecer brevemente como la vigilanta C. J. en la cinta, cuyo estreno llegará en 2017. "Echo de menos Los vigilantes de la playa, fue el mejor trabajo del mundo", recuerda. "Al principio me ofrecieron hacer un cameo en la película como favor. Y favores ya hago, pero solo por los animales. Al final, entendieron que tenían que pagarme", confiesa sin pudor alguno. ¿Quién dijo que las rubias son tontas?

Pamela en la campaña de Missguided.
Pamela en la campaña de Missguided.

Por mucho que retome brevemente el papel que lanzó su carrera, la Pamela Anderson de 2016 está indudablemente en otro lugar. "Nunca aspiré a ser famosa", explica. "Es más, aún no estoy segura de que quisiera ser actriz". Sus prioridades actuales son otras. "La mayor parte del tiempo lo dedico a las causas en las que creo, como mi fundación", aclara. Además de ser desde hace años embajadora de la organización animalista PETA, preside la Sea Shepherd Conservation Society y participa en otras campañas para la preservación del medio ambiente. También es amiga personal de Julian Assange, al que conoció "a través de Vivienne Westwood". Así resume su nueva misión: "Tengo que mantener la integridad, como artista y como 'marca'. Mi conciencia ha ido cambiando. Ahora tengo más cosas por hacer".

Es amiga personal de Julian Assange, al que conoció "a través de Vivienne Westwood".

Aunque la encontremos instalada en un estado vital distinto, no le duele recordar el pasado. Tanto es así que no tuvo problemas en volver a posar para el último número de Playboy antes de desterrar los desnudos. La playmate con más portadas de la historia (catorce, nada menos) asegura echar de menos esos días. "Playboy es mi vida. Era la libertad. El reconocimiento mutuo. Nada de vender la vida privada. Solo caballeros comportándose sensualmente. Da pena que se haya acabado todo eso, pero tuve suerte de estar allí en el momento adecuado".

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Algo que no echa de menos, en cambio, son los vaivenes emocionales. Y es que su vida ha tenido episodios dignos de culebrón, como sus tormentosas relaciones con los rockeros Tommy Lee, batería de Mötley Crüe, y Kid Rock. ¿Por qué la ha castigado tanto Cupido? "Me gustan los hombres interesantes; a veces excéntricos y otras veces genios. Eso resulta excitante, pero no práctico. Al final, acaba siendo peor que la peor película que te puedas imaginar", confiesa irónicamente.

"Me gustan los hombres interesantes; a veces excéntricos y otras veces genios. Resulta excitante, pero no práctico".

Desde su punto más zen, la Pamela actual es capaz de ver la vida sin dolor ni rencor. Será la experiencia de ser madre de dos jóvenes que se abren camino en el show business: Dylan, músico e imagen reciente de Saint Laurent, y Brandon, que estudia actuación y a ella le recuerda "a Elvis o a James Dean". O ser vegana convencida: "Me encantan las cualidades afrodisíacas de esa comida. Además, la carne te vuelve impotente". También, dedicar buena parte del día a escribir —"creo que soy una escritora frustrada", apunta— y leer. "A veces lo hago en la cinta de correr. Ahora mismo, sobre ella tengo dos libros: Seis propuestas para un nuevo milenio, de Italo Calvino, e Hijo de dios, de Cormac McCarthy". ¿Cómo ha llegado a ese punto de claridad mental? "He aprendido a poner barreras a mi alrededor", explica. "Mantener lo bueno cerca y lo malo lejos. Es lo que me dice mi pastor: 'imagínate una valla". Y, sobre todo, dejar que la vida fluya. Para muestra, su respuesta a cuáles serán sus próximos proyectos: "Veremos. Estoy decidiendo si estoy retirada ya o no. ¿O es que alguna vez llegué a empezar?".

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