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La suerte de tener un aseo de chicas

La instalación de sistemas de saneamiento supone mejoras en sanidad y educación para las adolescentes de Senegal

Un grupo de adolescentes frente a las puertas de los aseos para chicas, en una escuela de Mbour (Senegal). Ver fotogalería
Un grupo de adolescentes frente a las puertas de los aseos para chicas, en una escuela de Mbour (Senegal).

Bintou Dieme y su compañera se relajan bajo la sombra de un árbol, en un centro escolar de la localidad senegalesa de Mbour, a 80 kilómetros de Dakar. Las dos adolescentes comparten bancada con sus amigos y nada perturba su ritmo de estudios: ahora se pueden mantener aseadas gracias a la instalación reciente de baños para chicas. “Estoy muy contenta, están siempre muy limpios. Para mí la educación es muy importante porque podré ayudar a mi familia si tengo un buen trabajo”, resalta con determinación Dieme. Cambia el gesto, sonríe, y cuenta que de mayor quiere ser policía, como su padre. A su amiga le encantan la geografía y la gramática, y aspira a convertirse en maestra.

En esta localidad atlántica de 230.000 habitantes, tras sortear algunas carreteras de asfalto y otras de tierra, aparece la cancela oscura del colegio. Bajo el letrero toilettes filles (aseos niñas), cinco puertas marrones dan paso a cinco letrinas con grifos, garrafas y agua. “Puedes estar tú sola en el baño, sin que nadie te vea. Eso está muy bien”, apunta Ndeye Astau, la compañera de Dieme. Esa intimidad es clave. En la parte posterior del módulo están los aseos de los chicos. Y en la pared contigua hay instrucciones en letras de azules y rojas para sensibilizar sobre las enfermedades contraídas a través del agua, los mosquitos, el sol, las cucarachas y las ratas. Como avanzaba Dieme, los cinco aseos están muy limpios, pese a que la jornada escolar acaba de terminar.

La llegada de la menstruación suele complicar la continuidad en la formación. Si no hay un espacio cercano al aula en el que puedan asearse, si deben compartir los baños con los chicos, si no tienen dinero para comprar una compresa, si se les acumulan los paños de algodón utilizados durante el día, si enferman o si son víctimas del estigma de suciedad que supone el periodo en algunas tradiciones del país... En cualquiera de esos casos, la asistencia a clase se puede ver alterada mensualmente o abandonarse por completo. En Senegal, el 56,2% de las mujeres de 15 a 24 años está alfabetizada, 18 puntos menos que sus compañeros (74,2%), según los últimos datos de Unicef. Una estadística en la que influyen también los matrimonios tempranos.

En esta escuela de cerca de 1.000 estudiantes de un municipio rodeado de grandes bosques de baobabs, los aseos femeninos avalan la continuidad de los estudios. Se actúa así de acuerdo con el séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible, por el que se debe alcanzar el acceso equitativo a estos servicios, “con especial atención a las necesidades de las mujeres, las niñas y las personas en situaciones vulnerables”. En Senegal, el 47% de la población disfruta de instalaciones sanitarias, el 33% en zonas rurales y el 65% en urbana, según datos de 2015 de Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Debido a la falta de espacios apropiados e instalaciones para la higiene, mujeres y chicas están excluidas de participar en actividades culturales, de educación, sociales y de empleo”, se lee en el informe de las Naciones Unidas Gestión de la Higiene Menstrual, comportamientos y prácticas en la región senegalesa de Louga. Queda trabajo por hacer.

“Nadie quiere hablar de mierda, no es un tema sexy, pero las instalaciones de saneamiento son tan importantes como la continuidad de las chicas en el colegio”, insiste Hugo Van Tilborg, jefe de sección de infraestructuras de la delegación de la Unión Europea en Senegal. La UE ha financiado con nueve millones de euros  la construcción de 134 aseos públicos en Mbour, (incluidos los del colegio de Dieme); 1.147 aseos privados; 50 kilómetros de tuberías, cuatro piscinas depuradoras y una estación de tratamiento biológico de residuos. Van Tilborg lamenta que las instalaciones de saneamiento no sean proyectos tan atractivos ni tan llamativos como la construcción de aulas, hospitales o los comedores. “Pero son básicos para la higiene, la salud y la educación”, defiende.

El uso de todas esas nuevas letrinas (las escolares y las particulares) ha venido acompañado de cursos de sensibilización, formación y mantenimiento. “Los profesores asistimos a los talleres y después mostramos a los alumnos las dinámicas de higiene y cómo cuidar las instalaciones. Ahora vienen directores de otros colegios a observar lo que tenemos aquí y les sirve de ejemplo”, apunta satisfecho el director del centro, Pape Moussa Camara. 

El ingeniero español Miguel Morales, jefe de obra del proyecto de Mbour, señala que las viviendas del municipio poseen fosas sépticas anticuadas y deterioradas que filtran los residuos al subsuelo y contaminan el agua de los pozos y provocan ambientes insalubres. “Otro problema añadido es que los residuos no depurados procedentes del vaciado de las fosas son recogidos en camiones y vertidos en lugares no habilitados como playas y campos", apunta Morales desde una planta de tratamiento situada a las afueras de la localidad. "Y en zonas más desfavorecidas, la alternativa es la defecación al aire libre”, añade.

Anta Fall frente a la letrina de su casa.
Anta Fall frente a la letrina de su casa.

En el domicilio de Anta Fall, un recinto compuesto por varias habitaciones dispersas sobre un terreno de arena y árboles, unas tuberías instaladas bajo el suelo llevan los desechos hasta la planta de tratamiento. “Ahora el aseo está limpio y vacío siempre. Además no tenemos el problema de pagar el camión que venía a llevarse los restos”, comenta Fall mientras aparta de su parcela a una cabra para abrir la puerta del aseo y mostrar la letrina. Su vecina se acerca y cuenta que ella está ahorrando para instalar el mismo sistema en su casa. “Quiero una igual, mi yerno, que está en Argelia, nos envía dinero para ayudarnos a pagarlo”, dice esperanzada. La familia de Fall, compuesta por seis miembros, ha tenido que aportar unos 65 euros para la instalación.

“Financian en función de sus necesidades. La casa de Fall tiene un sistema completo compuesto por un pozo de infiltración, una fosa séptica y una cabina. El coste para la Unión Europea es de 2.300 euros”, detalla Morales. Pero se hace pagar una cantidad a los beneficiarios para que la sientan suya, y no la conciban como un regalo, declara Morales a EL PAÍS en un viaje sufragado por la Comisión Europea para un grupo de periodistas.

Igual que la vecina de Anta Fall quiere copiarla, en el colegio también se imitan las conductas adquiridas respecto a higiene. El director del centro cuenta con entusiasmo que una de sus alumnas ha enseñado a sus padres todo lo aprendido y que pide jabón cuando ve que falta en su casa. “Desde que están los aseos para chicas, la vida ha cambiado en el centro, antes la asistencia de las alumnas era un descontrol”, asegura el director. “Si no hubiera baños no vendría a la escuela porque tendría que salir fuera todo el tiempo”, sentencia Astau.

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