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Gratitud

Aeropuerto de Madrid - Barajas Adolfo Suárez
Aeropuerto de Madrid - Barajas Adolfo Suárez

En la cafetería, una señora le dice a otra: “A mi madre no le ha salido el viaje a Irán porque se han rajado los de Bilbao”. La frase me provoca una parada cardiorrespiratoria. A partir de ese instante hago todo de manera mecánica, herido como estoy por el suceso verbal al que acabo de asistir. Dios mío.

Salir a la caza de frases es muy desalentador, como salir a pescar. No se va a pescar para pescar. En realidad, no sabe uno a qué va, pero si vuelve a casa con una lubina de cinco quilos, significa que las coartadas funcionan y que el crimen perfecto es posible. Yo salgo todos los días a cazar frases, pero vuelvo con la manos vacías. ¿Has pillado algo?, pregunta mi mujer. Nada, digo, y me retiro a mi cuarto, a ver si se me ocurre lo que no se le ocurre a la gente. De súbito, vas a San Sebastián, te reciben en el aeropuerto, te invitan a tomar un café y mientras hablas de esto o lo otro con tus anfitriones, escuchas que una señora le dice a otra en la mesa de atrás: “A mi madre no le ha salido el viaje a Irán porque se han rajado los de Bilbao”.

Te quedas pálido, claro. Cuando te repones, tomas una servilleta, te retiras al servicio y apuntas la frase. Vuelves a la mesa con el corazón acelerado, consciente de que acabas de cobrarte una pieza de caza mayor. Por la noche, desde el hotel, hablas con tu mujer y le dices que tienes una frase: ¿Cuál?, pregunta ella. “A mi madre no le ha salido lo de Irán porque se han rajado los de Bilbao”, le sueltas sin preámbulos. Ella permanece atónita unos segundos. ¿Qué vas a hacer con ella?, pronuncia al fin. No sé, congelarla, dices tú, hasta que se me ocurra algo que esté a su altura. Luego te metes en la cama con una gratitud enorme hacia la vida y hacia la gramática.

 

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