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La experiencia de viajar por Irán en Nowruz (Año Nuevo)

La experiencia de viajar por Irán en Nowruz (Año Nuevo)

Por casualidades del destino, mi viaje a Irán ha coincidido con la mayor fiesta anual del país: el Nowruz, el Año Nuevo. Al principio me alarmé porque es la temporada hiper alta del turismo local, medio país se echa a la carretera y los hoteles están hasta los topes. Pero ahora que lo he vivido, me alegro de la experiencia.

Observando la pasión que exhiben los iraníes por los palitos selfies y los smartphone nadie diría que viven en el año 1395. Y no es que la locura por la tecnología y el hedonismo fotográfico llegaran a los desiertos persas en la Edad Media. Es que en Irán se rigen por el calendario persa, una forma de contar el tiempo más precisa –dicen- que el gregoriano de Occidente en el que además de llevar 621 años de retraso con respecto al nuestro, el día de Año Nuevo no es el 1 de enero sino el 21 de marzo, coincidiendo con el equinocciode primavera.

Durante 13 días a partir de ese 21 de marzo –justo el día en el que aterricé en Isfahan- el país se sume en el Nowruz, la fiestas de Año Nuevo, el mayor y más importante periodo vacacional iraní. Una fiesta antiquísima en el mundo persa, de origen zoroastriano, que la nueva religión llegada con los invasores árabes acogió como suya.

Como todas las fiestas asociadas al inicio de la primaverael Nowruz tiene que ver con la llegada del buen tiempo, de las cosechas y del renacer de la vida tras un largo invierno. En Irán se celebra viajando a ver a los familiares y organizando copiosos e interminables convites con toda la parentela, que a veces se prolongan hasta las tantas de la madrugada. Si algo les sobra a los iraníes –además de gas, petróleo y caviar – es hospitalidad. Y éste es el momento de ponerla en práctica.

A la entrada de las casas, igual que nosotros ponemos belenes o árboles de navidad, los iraníes ponen el Haft-Sin o mesa de las siete “S”. Cuencos con siete productos llenos de simbolismo cuyo nombre empieza con la letra seen (س) del alfabeto persa. Entre ellos, brotes de trigo, símbolo del renacimiento que trae la primavera; ajos, que encarnan la medicina; manzanas, en referencia a la belleza y la salud
, o vinagre, que personifica la ancianidad y la paciencia. Es el momento también de abrir de par en par ventanas y puertas del hogar, airearlo y hacer una limpieza anual a fondo. El Nowruz es renovación.

¿Cómo afecta el Nowruz a un viajero occidental? El mayor inconveniente es que los hoteles están hasta la bandera y con precios superiores al resto del año. Tienes que reservar con tiempo o no encontrarás nada. Lo bueno es que los iraníes son uno de los pueblos del mundo que más practica la “ economía colaborativa” en alojamiento (ellos no saben que se llama así; en realidad es una legendaria tradición de acoger gente en tu casa) y seguro que en el último instante encontrarás una casa particular que alquila algún cuarto en el que pasar la noche. Otro pequeño inconveniente es que durante los tres primeros días (21 a 23 de marzo), que son fiesta oficial, la zona de los bazares dedicada a productos de consumo local estará cerrada; no así la zona de artesanías y souvenirs turísticos, ya que para ellos es la mejor época del año.

¿Cuál es la parte positiva? Mucha. Si os atrevéis a venir en Nowruz vais a encontrar un Irán muy alegre, festivo y colorido, como nunca os lo hubierais imaginado. Durante 13 días las ciudades se llenan de familias vestidas con sus mejores galas comprando de todo, fotografiándolo todo (¡ya he comentado que la moda son los palos selfies!), disfrutando de todo. Son 13 días que se viven como si fueran 13 domingos (en la concepción occidental del domingo, claro).

Una vez reabiertos, los bazares se convierten en un hormiguero. Los bazarís cantan sus productos voz en alto excitados con semejante cantidad de potenciales clientes, las especias parecen tener más olor y las telas, más color. En las plazas hay actuaciones (siempre de hombres, la mujer tiene prohibido cantar y bailar en público; cosas de los ayatolás), ves gente disfrutando de los restaurantes y los cafetines, y riadas de turistas nacionales visitando las mezquitas, los mausoleos y los museos.

En alguna calle os tropezaréis seguro con Ḥāji Firuz, un personaje vestido de rojo, cara tiznada y pandereta en mano que dando saltos y haciendo cabriolas anuncia aporreando las puertas la llegada del Nowruz. Un espectáculo inesperado para quienes pensaban que en Irán era todo negro sobre negro.

El ambiente de fiesta se percibe en cada esquina. Las plazas, los jardines y los arcenes de las carreteras se llenan de familias haciendo picnic sobre alfombras extendidas en los lugares más inverosímiles. Los iraníes son más de tartera y tuperware que de restaurante formal.

Es verdad que lugares como las ruinas de Persépolis o la famosa plaza del Imán de isfahan estarán como una playa de Benidorm en agosto. Pero creedme: merece la pena.

El ambiente festivo se os contagiará y disfrutaréis de un Irán colorido como no se puede ver en otro momento del año.

Comentarios

Super interesante! Entran muchas ganas de ir a pasar un fin de año!
Lástima que no estuve allá para el Nowruz. Quisiera mucho vivir esa experiencia y la del ashura. ¡Ojalá este año!
Bueno, compañero, este año ya van dos Años Nuevos que conquistas. A seguir!!.
por los vecinos, por la convivencia, por la imagen a nuestros adolescentes y niños,