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El espacio público de la ciudad

Hay que encontrar una solución justa entre propietarios del suelo y el uso público de la zona común

Por suerte, la atención generalizada sobre el espacio público urbano y su importancia como elemento esencial de la buena urbanización y por consiguiente, de la calidad de vida de los ciudadanos, está plenamente integrada en el gran debate mundial actual sobre el desarrollo urbano sostenible.

La ciudad de Barcelona acoge una conferencia temática sobre este asunto en particular, en el camino de Hábitat III: la tercera conferencia internacional de la ONU sobre la vivienda y el desarrollo urbano sostenible que se celebrará en Quito, del 17 al 20 de Octubre de este año.

Hábitat III será, sin duda alguna, el gran debate sobre la urbanización mundial de los últimos veinte años, teniendo en cuenta que asistimos a un momento en la historia de la humanidad sin precedentes donde el crecimiento exponencial de la población en y hacia las ciudades se ha convertido en una tendencia global de gran actualidad. Las previsiones para los próximos 15 años auguran que la población urbana mundial va a incrementarse en 3.000 millones de personas, mayoritariamente en los países en vías de desarrollo.

Ante este gran desafío, el objetivo de Hábitat III es alentar un debate político y social que mejore sustancialmente la urbanización mundial que se practica ahora, ya que los actuales modelos son claramente deficientes en términos de sostenibilidad económica, social y ambiental. No es, por tanto, casualidad que en esta nueva agenda urbana global, actualmente en proceso de gestación, el espacio público ocupe un papel central como elemento garante de la calidad de la urbanización y de la prosperidad de las ciudades.

En ciudades poco planificadas, el espacio público no llega al 12-15% del suelo

Este tema no es nuevo. La tradición de las diferentes culturas mediterráneas, desde la Grecia clásica a través de la plaza pública, hasta los más recientes movimientos de valorización del espacio público, han sido reconocidos como aspiraciones de la buena urbanización. Incluso Manhattan recientemente aspira a la mediterraneidad de la ocupación pública del espacio común a través del proyecto Highline o la peatonalización de Times Square.

Jane Jacobs, de quién hemos celebrado el 100º aniversario de su nacimiento, lideró la defensa del espacio público como el espíritu de la comunidad, la esencia cultural y social de la urbanidad, el lugar de encuentro e interrelación desde el juego al comercio, y de la fiesta hasta la manifestación reivindicativa.

En ONU-Hábitat, la agencia especializada de la ONU en desarrollo urbano sostenible, estamos trabajando con varios equipos a nivel mundial para medir el espacio público de 200 ciudades, con un análisis científico innovador en la historia de la urbanización. Este consorcio de ONU-Hábitat, con la Universidad de Nueva York, el Instituto Lincoln y la Politécnica de Valencia, presenta en Barcelona los primeros resultados de su trabajo. Gracias al uso de las tecnologías cartográficas y las fotografías por satélite (open source) ahora disponemos de técnicas efectivas y objetivas para medir espacio público y hay que decir que las sorpresas son destacables.

En las ciudades que comúnmente consideramos como bien planificadas, el espacio público abierto y no edificado suele estar alrededor del 50% del total del suelo urbano, siendo el restante 50% el suelo edificado, con su zona verde privada. Esto nos ha llevado a comparar esta relación con la relación famosa entre yin y el yang en las culturas orientales: la cara y la cruz de la urbanización.

Sin embargo, en los asentamientos urbanos no planificados, que desgraciadamente son muy abundantes en muchas partes del mundo, la característica más relevante es que la proporción de espacio público ha disminuido drásticamente y no es extraño ver ciudades poco planificadas donde el espacio público no llega al 12-15% del total del suelo.

La urbanización son leyes y reglamentos: por tanto, política

Las consecuencias de esta débil dotación se hacen sentir inmediatamente en deficiencias urbanísticas muy graves, como el colapso de la circulación o como el hecho de que un determinado porcentaje de solares edificables no tienen acceso directo a la calle. Igualmente, si analizamos los barrios de barraquismo con un grado incluso mayor de informalidad en el planeamiento, vemos que la dotación promedio de espacio público baja aún más y nos encontramos con porcentajes de entre el 2% y el 5%.

Ahora bien, uno de los problemas más comunes para crear espacio público en las ciudades es su adquisición. En la mayoría de países, la forma disponible para dicha adquisición de espacio común es a través de la expropiación. Pero la expropiación del suelo urbano es una vía muy costosa y compleja cultural y psicológicamente. Contiene en sí misma una apariencia de violencia infringida que hace que su aplicación, por justa y necesaria que sea, se vea pospuesta o abandonada definitivamente. Por ello, no nos queda más remedio que insistir y buscar mecanismos para la adquisición justa del suficiente espacio común, ya que sin él, no hay ciudad posible.

La tecnología político-administrativa que varios países han avanzado ante esta encrucijada es la reparcelación urbanística dentro del proceso jurídico del planeamiento urbano. En esta técnica avanzada, se otorga jurídicamente la condición de suelo urbano edificable con la correspondiente cesión obligatoria y gratuita del espacio público que prescribe el plan. Se trata de un trueque económico no dinerario por el cual se balancea espacio común (calles y parques) y solares edificables con la determinación regulada de su edificabilidad global. Es una negociación donde se busca que todas las partes ganen y no un juego donde lo que uno gana el otro lo pierda.

En los países desarrollados, este mecanismo viene evolucionando desde hace 150 años. Pero en los países donde el proceso de urbanización aún está por debajo del 40% del total de la población, no es aún un mecanismo utilizado.

Aquí tenemos un buen ejemplo de que la urbanización no sólo son dibujos y mapas, sino también leyes y reglamentos, y por lo tanto política. La buena dotación de espacio público en las ciudades deviene un asunto altamente político y habitualmente controvertido ya que hay que encontrar una solución ¨justa¨ entre propietarios del suelo y el uso público del espacio común. Sin dicho acuerdo no podemos ni siquiera empezar a hablar de la ciudad integradora, la ciudad para todos: la ciudad como el espacio de los derechos humanos.

Joan Clos es secretario general de Hábitat III, secretario general adjunto de la ONU y director ejecutivo de ONU-Hábitat.

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