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La UE cierra la puerta

La solución a la crisis de los refugiados exige algo más que descarnadas advertencias

Refugiados sirios esperan a ser registrados en Kucukkuyu (Turquía) después de un intento frustrado de cruzar a la isla griega de Lesbos.
Refugiados sirios esperan a ser registrados en Kucukkuyu (Turquía) después de un intento frustrado de cruzar a la isla griega de Lesbos. REUTERS

Conforme los países de la ruta de los Balcanes cierran sus fronteras y restringen el paso de migrantes, Grecia se va situando en el epicentro de la crisis de los refugiados. Más de 10.000 personas se agolpan en el campamento de Idomeni, en la frontera con Macedonia, esperando que les dejen pasar; y cada día entran en el país muchos más refugiados de los que salen. Ante esta situación, el Gobierno ha pedido a los Ayuntamientos que habiliten lugares de acogida de larga estancia para atenuar las penalidades de los que llevan semanas vagando a la intemperie. Pero Grecia ya ha advertido de que no puede afrontar sola semejante desafío.

El primer ministro, Alexis Tsipras, ha amenazado con denunciar y pedir que se sancione a los países que incumplan los acuerdos adoptados el año pasado para el reparto de refugiados. No le falta razón. Hasta ahora, de los 160.000 que se acordó repartir, solo han sido reubicados unos 500. Costó mucho llegar a ese pacto y ni siquiera se aplica: los órganos comunitarios son incapaces de hacer cumplir sus propias decisiones.

Frente a esta realidad tan decepcionante, resultan vanas las descarnadas declaraciones del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que en su visita a Atenas dijo a los refugiados que se olviden de Grecia como pasillo para ir a otros destinos porque “ya no será más un país de tránsito”; y a los migrantes económicos, que desistan de ir a Europa, porque serán rechazados.

Puede que tales advertencias tengan algún efecto de consumo interno, a tenor del aumento de la xenofobia que observa el último Eurobarómetro, especialmente en algunos países del Este. Pero son muy poco eficaces ante las poderosas razones que llevan a cientos de miles de personas a poner en riesgo su vida y la de sus hijos para llegar a Europa. Esta crudeza contribuye a deshumanizar el discurso y alentar el rechazo. La solución a la crisis exige mucho más. El lunes se celebra una nueva cumbre en Turquía. Esperemos que no sea otra ocasión perdida.

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