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Un patio de butacas para 100 millones de personas

El intermedio de la Super Bowl es el espacio más cotizado por las estrellas. Hace 50 años tocaba una banda universitaria

Janet Jackson y Justin Timberlake durante su actuación en la Super Bowl de 2004. / Reuters-LIVE!

El domingo de la Super Bowl se organizan en Estados Unidos alrededor de 7,5 millones de fiestas a las que acuden unos 44 millones de personas. La final de la liga de fútbol americano (NFL) no aparece marcada en el calendario de festivos, pero durante 49 años se ha consolidado como una celebración extraoficial, hoy casi al nivel del tradicional 4 de julio. El evento suele congregar frente al televisor a unos 100 millones de espectadores, si bien en los últimos tiempos la actuación del intermedio ha llegado a superar en audiencia al partido.

Las marcas son conscientes de que el deporte de la pelota ovalada es minoritario en muchos países, pero la factoría del entretenimiento de EE UU y sus superestrellas tienen un alcance global. Quizás por ello el halftime show ha terminado teniendo más repercusión que el título en juego. Este domingo cumple su edición número 50. Antes de que en el terreno de juego se midan los equipos de Carolina y Denver, Lady Gaga entonará el himno nacional. En el descanso de 30 minutos, el escenario del Levi's Stadium de Santa Clara (California) será para Coldplay, que acompañados de Beyoncé y Bruno Mars pelearán por batir nuevos récords de audiencia y menciones en las redes sociales y por seguir engordando un negocio publicitario que marca hitos en cada edición.

Este año, el precio por un anuncio de 30 segundos es de 4,5 millones de euros, pero no siempre fue así. En la primera década, la de los sesenta, una banda de marcha universitaria amenizaba los descansos. Se le fueron añadiendo acompañamientos en las siguientes, hasta que a principios de los noventa, en pleno apogeo de la cadena MTV, se dio entrada a estrellas del pop. Fue en 1991, coincidiendo con su 25º aniversario, y los elegidos fueron New Kids on the Block, auténtico fenómeno de esa época.

En 1993 llegó la actuación que marcó el camino hasta hoy: la de Michael Jackson en el Rose Bowl de Pasadena (California). El rey del pop aceptó actuar tras descubrir que se retransmitía a más de 120 países. "¿Me estás diciendo que esto va a llegar a lugares donde nunca daré un concierto? Cuenta conmigo". Jackson consiguió concentrar en 15 minutos la descomunal proporción de uno de sus conciertos, tanto en efectos especiales como en vestuario o coreografías. Consiguió subir el share un 8,6%.

Once años después, su hermana Janet también revolucionó el formato, pero porque entre Justin Timberlake y un presunto fallo de vestuario descubrieron la pezonera que adornaba uno de sus pechos. La NFL anunció que la MTV, que solía alternarse con Disney, no volvería a producir el espectáculo, y se introdujo un retraso de cinco segundos en la emisión para poder censurar momentos inapropiados.

En 2012, durante la actuación de Madonna, la cantante M.I.A. hizo una peineta mirando a cámara mientras rapeaba parte de un tema de la reina del pop. Enseñó el dedo mientras entonaba "me importa una mierda", y la reacción de los realizadores llegó tarde, nublando la imagen justo después de que la viesen 114 millones de personas (Madonna batió el récord de audiencia hasta la fecha y superó la del partido).

Otros momentos se convirtieron en icónicos sin escandalizar. El de Prince, en 2007, justo cuando empezaba a llover sobre el estadio, está considerada la mejor actuación de la historia de la Super Bowl, o el homenaje de U2 a las víctimas del 11-S en 2002 proyectando los nombres de los fallecidos. De los Rolling Stones a Beyoncé, pasando por Paul McCartney, Bruce Springsteen, Diana Ross o Katy Perry, los artistas han contribuido tanto como los jugadores a que entre los 20 programas más vistos de la historia de la televisión estadounidense haya 15 Super Bowls.

Este año hay una novedad. Hasta ahora se habían usado números romanos para las ediciones del evento, pero en esta se han cambiado a arábigos, ya que la "L" que representa el 50 podría confundirse con el diseño del logo. El marketing manda y cada detalle cuenta.

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