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“A mucha gente le aterra enfermar por no poder pagar el tratamiento”

El británico David Evans ha trabajado durante 25 años en la OMS

Evans reflexiona sobre los retos para lograr el acceso universal a la salud antes de 2030

David Evans, exdirector del departamento de Financiación de Sistemas Sanitarios en la OMS Ampliar foto
David Evans, exdirector del departamento de Financiación de Sistemas Sanitarios en la OMS, en su intervención en el congreso de ISGlobal en Barcelona. ISGlobal

David Evans (Londres, 1952), teclea mirando la pantalla de su ordenador a través de las pequeñas gafitas que lleva colgadas al cuello. Escribe entre charla y charla de un congreso sobre acceso a la salud donde la mayoría de ponentes conoce muy bien su trabajo: en las últimas décadas, casi todos los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre cobertura sanitaria universal están firmados por él. Risueño, de ojillos brillantes y pelo revuelto, este doctor en economía ha trabajado en la OMS durante 25 años con una sola idea en la cabeza: “Mucha gente en el mundo tiene miedo de enfermar, no por morir, sino por no ser capaz de pagar sus tratamientos. Muchas familias con niños en los países de renta baja, viven aterrorizados porque tendrían dinero para pagar el transporte, pero no tendrían suficiente para pagar ningún tratamiento. Ese miedo es algo con lo que nadie tendría que vivir y debemos asegurarnos de que no ocurra”. Recién jubilado de la OMS, al alcanzar la edad oficial para este organismo (62 años), trabaja ahora como investigador en el Instituto Suizo de Salud Pública y Tropical porque se niega a parar: “Voy a trabajar en esto lo más que pueda. ¡Con 62 años es muy pronto para retirarse!”.

Asesor del Banco Mundial y de la Agencia Australiana de Cooperación al Desarrollo, David Evans vive en Ginebra desde 1990, cuando empezó a trabajar en la OMS. En estos últimos años ha tocado áreas muy diversas desde las enfermedades tropicales hasta la dirección del departamento de Financiación de Sistemas Sanitarios. ¿Su actual objetivo? Conseguir que todas las personas del mundo tengan, de verdad, derecho a la salud.

La cobertura sanitaria universal combina dos conceptos: asequibilidad y acceso

“En 1998 empecé a pensar e investigar cómo financiar los sistemas sanitarios pero la idea de avanzar hacia la cobertura universal se desarrolló realmente en 2003, cuando combinamos dos conceptos: asequibilidad y acceso. Asegurar que la gente tiene los servicios que pueda necesitar y que pueda permitirse utilizarlos, dio lugar al concepto de cobertura sanitaria universal. Hasta 2010 este concepto no empezó a utilizarse”, explica amable y didáctico durante un receso para comer en el que esta entrevista casi no le ha dejado tiempo para hacerlo.

Durante los últimos 25 años, Evans ha analizado con detalle los datos de decenas de países en el mundo. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de salud han quedado lejos de cumplirse y los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 ponen el listón todavía más alto. Pero pese a su profundo conocimiento de la situación mundial actual, David Evans mantiene siempre un enfoque optimista. “Optimista sí, pero no soy utópico. No creo que vayamos a conseguir el acceso a la sanidad universal en todas partes para 2030 pero, si tenemos ese horizonte, sabremos dónde intentamos llegar. Si sitúas los objetivos a un nivel muy bajo, nunca llegarás tan lejos como te habría gustado. Para mí no es un problema no alcanzar todos los objetivos pero hay que llegar lo más lejos posible. Y va a llevar tiempo, y habrá dificultades y gobiernos que cambiarán y en determinados momentos retrocederemos. Pero en general estamos avanzando”.

Marta Pedrajas, asesora del Ministerio de Exteriores y Cooperación; David Evans, e Iliana Olivié, analista del Real Instituto Elcano, en un momento de la intervención. ampliar foto
Marta Pedrajas, asesora del Ministerio de Exteriores y Cooperación; David Evans, e Iliana Olivié, analista del Real Instituto Elcano, en un momento de la intervención. ISGlobal

Sonríe recurrentemente al hablar y se le achinan los ojos, con un gesto que sigue siendo naïf pese a haber visto sobre el terreno algunas de las peores situaciones de acceso a la salud de los últimos 25 años. “En Liberia o Sierra Leona, durante los periodos de conflicto, los sistemas oficiales de salud se habían destruido. Incluso Médicos Sin Fronteras y el resto de voluntarios tuvieron que salir del país, porque era demasiado peligroso. Todos los proveedores de salud que quedaron allí exigían dinero por sus servicios y solo atendían a quienes podían pagarlo. No existía nada más. En otros casos, algunos de los países más pobres no reciben mucha ayuda, en parte porque los gobiernos no son lo suficientemente fuertes, o son corruptos, de manera que los sistemas sanitarios también están prácticamente destruidos y su gasto sanitario ronda los 15 dólares por persona y año cuando se necesitarían cerca de 80-85 dólares para tener la cobertura mínima”.

En un intento por compensar el pesimismo que podrían infundir estas situaciones, Evans no tarda en relatar dilatadamente las situaciones más esperanzadoras que conoce: “Entre los más pobres podemos hablar de Ruanda, Burundi, Ghana o Senegal que están empezando a avanzar hacia un sistema sanitario comunitario, con más o menos éxito. Fuera de África, Tailandia es el ejemplo más brillante, donde aprovecharon la crisis de 1998 en Asia para impulsar y mejorar el sistema de protección social. En vez de detener los gastos, vieron que los pobres y las personas que habían perdido el trabajo estaban sufriendo mucho en términos de salud e introdujeron la cobertura sanitaria universal. Este es un ejemplo maravilloso sobre cómo ser eficiente y no emplear mucho dinero para ofrecer cobertura a todo el mundo”.

Ahora el problema está en los países de renta media y alta donde las inequidades están aumentando

China, México, Colombia, Costa Rica, Túnez… los ejemplos no paran. Nacido en Londres, con nacionalidad australiana y residencia en Suiza, David Evans recorre mentalmente el mapa global prestando atención a los detalles de cada país, sus fortalezas y debilidades. Para él, todos tienen la oportunidad de alcanzar la cobertura sanitaria universal. Pero para conseguirlo, hay que hacer autocrítica, no conformarse con la generalidad que muestran los valores medios de los indicadores, sino profundizar en los datos regionales para meter los pies en el barro y descubrir la realidad.

“Cada vez hay menos pobres de los más pobres, lo que es un gran paso. Y hay que seguir preocupándose por garantizar que reciben lo que necesitan. Pero ahora el problema está en los países de renta media y alta donde las inequidades están aumentando. Las desigualdades están ocurriendo en todos los países donde los desfavorecidos están saliendo de la pobreza, pero los ricos son cada vez más ricos. Por muchas razones, este un problema económico y social que supone un gran desafío”, explica.

Su idea de la cobertura sanitaria universal es tan amplia como su experiencia. “En el lenguaje que mi madre utilizaría, la gente espera que los sistemas sanitarios que puede necesitar, aunque no los necesite ahora, estén disponibles, sean de calidad y asequibles. No debe consistir únicamente en proporcionar el tratamiento, sino también en prevenir, promocionar y ofrecer a las personas la capacidad de mejorar y mantener su propia salud, al tiempo que se les da el tratamiento, y para ello se necesita un servicio de rehabilitación, de paliación, por supuesto”, detalla.

En su opinión, ningún país del mundo, por unas u otras razones, puede afirmar que ha alcanzado el reto de la cobertura sanitaria universal. En un momento en que el objetivo es conseguirla, algunos países, como España, han recortado derechos a las personas migrantes que desde 2012 no disponen de acceso a todos los servicios. “En tiempos de crisis financieras, los gobiernos buscan de dónde pueden recortar más fácilmente con la menor oposición política. Y desafortunadamente eso se da en los sectores en los que las personas no tienen voz, que en este momento es el de los migrantes. Esa política desafortunadamente se acepta en determinados países y cómo asegurar que todas las personas reciban lo que realmente necesitan es un gran problema”.

De la educación, el agua, el saneamiento o el cambio climático todo el mundo quiere sacar provecho

Interesado por la participación social desde el principio de su carrera, cuando trataba de implicar a los ciudadanos en la prevención de las enfermedades tropicales, para David Evans una de las claves está en la calle. “La gente siempre va a tener que presionar a los gobiernos, que reducirán los presupuestos sanitarios en cuanto puedan. Y tenemos que estar vigilantes para que eso no ocurra. Y lo puedo decir ahora que no estoy en la OMS, porque allí no podría decir nada relacionado con política o cosas así, ya que eso no es lo que se supone que tiene que hacer la OMS. Es un asunto político en la mayoría de los países y hay que darle a la gente la voz, para que colaboren con su gobierno. No se trata de luchar contra el gobierno, sino de trabajar con los gobiernos para que se siga considerando una cuestión importante. En algunos países sin democracia, donde los ciudadanos no tienen voz, es más complicado y allí sí debemos persuadirlos. Ocurre lo mismo con la educación, el agua, los sistemas de saneamiento o el cambio climático: todo el mundo quiere sacar provecho”.

El reto sanitario mundial, para Evans, se convierte así en un objetivo perpetuo, que nunca estará conseguido al completo: “Hay ejemplos suficientes que demuestran que, donde hay voluntad política, se puede conseguir y se avanza. India no se va a convertir en Suiza, pero puede avanzar en su camino. Creo que el progreso es posible, pero ¿qué país tiene la cobertura sanitaria universal completa? Y aunque existiera tal país, mañana surgirá una tecnología nueva muy cara que suponga un nuevo objetivo; siempre va a haber algo que nos empuje hacia delante”.

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