Más y más desgarros en las costuras de Europa
La dirigencia y la ciudadanía europeas, puestas a prueba por crisis continuas, tienen ante sí un gran combate pendiente
Incluso en la desgracia es difícil disociar a Alemania y Francia del papel director de Europa. Si el trucaje de motores de Volkswagen afecta a la credibilidad del grueso de la industria automovilística europea, la crisis de Air France amenaza a un símbolo de la potencia francesa y cuestiona el futuro de una de las aerolíneas de bandera que sobreviven en el Viejo Continente, asediadas por la competencia.
Los debates públicos arrecian tras las escenas vividas en Air France, cuando un grupo de manifestantes irrumpió en el edificio donde la dirección de la compañía acababa de comunicar al comité de empresa un plan para reducir 2.900 empleos. El presidente del grupo, Frédéric Gagey, salió por una puerta trasera, pero el director de recursos humanos y otro alto ejecutivo fueron acosados; las imágenes de uno de ellos con la chaqueta rasgada y del otro con la corbata sobre el torso desnudo dieron la vuelta al mundo. Inquieta el futuro de una compañía propiedad del Estado francés al 17%, que mantiene aún, sobre todo para sus pilotos —reconocidos especialistas en huelgas— la mayoría de las condiciones de la época en que el low cost apenas despuntaba.
Hay quien se pregunta si en las entrañas del conflicto ocurrido en París anida un “clima de insurrección” social; y quien, sin exagerar tanto, constata la tensa situación de un país con tasas de paro crecientes (ahora ligeramente por encima del 10%) y miedo a caer en la precariedad y en la pobreza. Ya se ha filtrado que los 2.900 de Air France son la punta del iceberg de presuntos recortes mayores.
Los desgarros se suceden con tanta rapidez que la pareja franco-alemana se ve desbordada. En el Parlamento europeo acabamos de ver una intervención conjunta de Angela Merkel y François Hollande de valor teóricamente excepcional, dada la escasez de este tipo de gestos: hacía 26 años que no se daba una ocasión semejante, con Helmut Kohl y François Mitterrand de protagonistas. La sucesión de crisis en Europa ha hecho que los preparativos de la sesión variaran al compás de los acontecimientos, restando altura histórica y precisión de objetivos a la exhibición conjunta franco-alemana. Lo que surgió con la idea de defender las libertades, tras el ataque terrorista a Charlie Hebdo, giró hacia la crisis migratoria como eje de la sesión parlamentaria y finalmente desembocó en un enconamiento de los ultraderechistas contra la reclamación de más Europa defendida por Hollande y Merkel. Una reivindicación europeísta, por cierto, que había sido defendida firmemente en el mismo hemiciclo de Estrasburgo, horas antes, por el rey Felipe VI.
Los problemas de Volskwagen y Air France no han entrado en la agenda parlamentaria, pero están ahí, al menos en los aledaños de la Eurocámara. Al final, ¿cuáles son “los valores europeos” —por tanto, comunes— en materia de libertades públicas, política exterior y de defensa, fiscalidad, industria, pacto social o el inmenso desafío de las migraciones? La dirigencia y la ciudadanía europeas, puestas a prueba por crisis continuas, tienen ante sí un gran combate pendiente.
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