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Fotógrafos con (sexo) sentido: cuando las que posan no son modelos, son amigas

Hay sesiones de fotos frías como un invierno de Moscú. Y las hay cálidas. Como cuando el que dispara y su musa son amigos

Una de las eróticas instantáneas del fotógrafo Flash Blesst.
Una de las eróticas instantáneas del fotógrafo Flash Blesst.

Estamos hartos de verlo: esas fotografías donde lo que se transmite hiela las manos al que sostiene la revista. Demasiado profesionales, tanto el fotógrafo como el/la fotografiado/a. Todo cambia cuando los dos protagonistas son amigos. Es lo que ocurre en estos tres ejemplos. Fotógrafos disparando a amigos mientras hablan de sus cosas y se toman un vermú. Calidez y proximidad.

Súpercolgados de ella

Varias de las cosas a las que aspira cualquier hombre heterosexual en su vida posadolescente (esa que puede alargarse hasta los 50) están resumidas en esta imagen que sacó la fotógrafa británica Kate Bellm a su amiga Maia una tarde tonta en Moscú. No sabemos si estaban muy aburridas o muy intoxicadas. Sea como sea, lo que logró la artista, actualmente afincada en Deià (Baleares), es un resumen perfecto de la fantasía de ser un superhéroe y también de la de meterse en las bragas de una lozana muchacha. Spiderman, un chaval taciturno, con unos superpoderes que son un poco como si consideráramos como tales saber freír un cachopo sin que se rompa o bajar la tapa del váter después de orinar, jamás había parecido un tipo tan envidiable como en esta imagen. Si usted es de esa facción de la humanidad que no quita bragas, sino que se las pone, esta imagen le recordará a lo que llevan en la cabeza todos esos hombres que se le acercan en el bar a decirle chorradas creyéndose con el superpoder de lograr bajarle las bragas con un gin tonic.

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Piso compartido

El fotógrafo Garrett Williams es un tipo enigmático. Casi tanto como sus fotos. Publicadas en Bambi, Creem o S Magazine, sus instantáneas de señoritas con poco o nada de ropa acostumbran a incluir elementos absolutamente alienígenas. Contactamos con él para que nos contara la génesis de esta inquietante imagen y las respuestas que nos dio nos dejaron con el cuerpo destemplado.

- ¿Dónde fue sacada la imagen?
- “En mi piso”.
- ¿Y dónde está?
- “En Dallas, Texas. O sea, Dallas”.
- ¿Quién es la chica?
- “Una amiga”.
- ¿Y dónde la conoció?
- “En un evento de moda”.
- ¿Cómo se llama?
- “¿Qué quieres, su teléfono?”.
- Tampoco era eso. Vale. ¿El tipo que sale en la foto es usted?
- “No”.
- Entonces, ¿quién es?
- “Es un amigo que vino a ayudarme”.
- ¿Sin camiseta?
- “No, le pedí que se la quitara. Si la chica iba desnuda, pensé que sería justo que él mostrara, al menos, el pecho. En todas mis fotos siempre salen elementos extraños”.
- Si ella está en el baño, como parece, ¿en qué estancia se encuentra el hombre?
- “En la cocina. Es un piso raro”.

Sí, raro... el piso.

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Asiento trasero

Esta instantánea fue sacada en unos muelles a las afueras de Venecia. El fotógrafo italiano Flash Blesst se reunió con Giulia, una amiga no modelo, para completar el encargo de una revista transalpina de coches americanos. “Como sabía que me sobraría tiempo y como sé que a los de la revista les gustan más las fotos con coche que con chica, aproveché para sacar unas cuantas en las que la protagonista fuera ella. Y guardarlas. Además, me reservé el mejor momento del día: justo una hora antes de que se ponga el sol. En ese precioso momento fue hecha esta foto. Para mí, lo más importante de una imagen es que te haga desear estar allí”, explica el italiano.

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Para ello, Flash Blesst trata de recrear situaciones y escenas simpáticas pero no vulgares, glamurosas pero nada distantes y, si es posible, protagonizadas por chicas pálidas y pecosas de cabello rojo. Ha conseguido retratar a unas cuantas ya, lo que ha hecho, en parte, que abandone el lema con el que comenzó en el mundo de la fotografía en 2008: retrato lo que imagino, no lo que veo. “Antes era todo mentira, ahora es todo más natural”, informa el que tal vez sea uno de los únicos humanos más feliz en el mundo real que en cualquier fantasía, por muy pecosa que sea.

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