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La lucha por la paz y la dignidad humana

El misionero Ángel Calvo explica cómo se está trabajando en Basilán (FIlipinas) para lograr la paz y el entendimiento entre comunidades cristianas y musulmanas que llevan décadas en conflicto

El padre Calvo, con unos vecinos de Zamboanga (Filipinas) en 2008. Ampliar foto
El padre Calvo, con unos vecinos de Zamboanga (Filipinas) en 2008. (Manos Unidas)

Soy un misionero claretiano que llegó a estas islas del sur de Filipinas recién ordenado en el año 1972. Mis compañeros y yo llegábamos con la ilusión de hacer una misión nueva y renovada, acompañar a las personas en sus necesidades sociales y ayudar a construir comunidades de base con fuertes raíces en el Evangelio de Jesucristo. Empezamos a trabajar conjuntamente para salir de una situación de marginación e injusticia en ese lugar donde se mezclaban los diversos grupos étnicos y religiosos —musulmanes y cristianos— llegados de otras islas en una situación de abandono, explotación y abuso.

Apenas llegados a la isla de Basilan, al final del mismo año 1972 y con la declaración de la Ley Marcial del Presidente Marcos, nos vimos envueltos en una situación de conflicto, violencia y muerte que fue para nosotros un bautismo de fuego. La rebelión musulmana de Mindanao, con sus reivindicaciones de autogobierno y reconocimiento de su propia identidad, ha sido el resultado de un largo proceso de abandono y dominio económico y político por parte de colonos y compañías multinacionales protegidas y apoyadas por los gobiernos centrales de Manila. La isla de Mindanao se ha convertido en el oeste salvaje del país y dominan el caciquismo y el poder de las armas.

La isla de Basilan, ha sido, y sigue siendo, uno de los principales focos de esta rebelión del Frente Moro de Liberación Islámica o MILF. Y el resultado inmediato para nosotros era la violencia y el odio entre las dos comunidades de musulmanes y cristianos. El enfrentamiento era claro. Muchas familias cristianas han sido víctimas de la violencia, forzadas a abandonar sus tierras y salir fuera de la isla. Muchos han sido asesinados y la mayoría forzados a protegerse con las armas en colaboración con el ejército identificado cada vez más con el Gobierno “cristiano” de Manila. También las comunidades musulmanes han sufrido las consecuencias de la guerra y la represión de la fuerza militar.

Esta situación de guerra y violencia generalizada nos forzó a hacer un análisis serio de la situación y a cuestionarnos nuestra misión específica como claretianos en medio de esa situación de enfrentamiento, prejuicios y odio creciente entre las dos comunidades. Junto con un equipo de seglares, compuesto de musulmanes y cristianos iniciamos un programa de rehabilitación de comunidades afectadas por la guerra. Compartíamos la vida y las preocupaciones de un buen grupo de comunidades musulmanas y cristianas que volvían a sus tierras después de varios años de abandono y sufrimientos. Se trataba de acompañar de cerca a las dos comunidades en el proceso de reconstrucción de sus hogares y sus comunidades, y a la vez construir juntos el camino de la dignidad humana y de reconciliación. Un programa ambicioso, ciertamente.

Durante muchos años hemos mantenido en varios centros unos programas sociales que incluían la organización comunitaria, educación básica de niños y adultos y otros servicios de ayuda con el fin de buscar soluciones a sus problemas concretos de tierra, vivienda, educación, salud, etc. Estas iniciativas se veían apoyadas a su vez por otros niveles de diálogo con algunos líderes musulmanes con el fin de apoyar causas comunes, evitar enfrentamientos violentos y promover juntos un proceso de reconciliación, de justicia y de paz.

Manos Unidas en Filipinas

Manos Unidas trabaja en Filipinas desde hace más de 30 años y viene apoyando de manera continua el trabajo de Ángel Calvo desde el año 1999, tanto con fondos propios como con fondos públicos provenientes de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (AECID). Manos Unidas no ha abandonado nunca el país y ha sido la única ONG de desarrollo que ha estado presente en la zona de Zamboanga incluso en los momentos de más violencia e inestabilidad.

Este año 2015 finaliza el proyecto Cultura para la paz, gobernabilidad y gestión de riesgos naturales en Zamboanga City y provincia de Basilan, con un importe de 424.757 euros y cofinanciado por AECID, y acaba de comenzar un convenio con esta agencia centrado en la construcción de cultura de paz en un contexto de vulneración de derechos que durará hasta 2018 y que tiene un importe de 3.200.000 euros. Ambas iniciativas las está llevando a cabo Manos Unidas junto al consorcio ZABIDA.

A raíz de los secuestros de algunos misioneros en Basilan y Jolo durante los años 1992 y 93 me vi forzado a salir de Basilan. Desde entonces estoy trabajando en la ciudad cercana de Zamboanga. Con una mayoría cristiana, Zamboanga cuenta con una fuerte presencia musulmana y ha sido, históricamente desde el tiempo de la colonización, el centro de la resistencia para contener las invasiones externas y mantener la influencia de los musulmanes. El "problema moro" que se vive en Mindanao está afectando intensamente la vida social, económica y política de la zona. Hace dos años, en septiembre de 2013, el enfrentamiento entre las fuerzas rebeldes del Frente Moro de Liberación Islámica y las fuerzas del Ejercito durante mas de tres semanas y dentro de la población de la ciudad dejó huellas de terror y de muerte y heridas sociales que se traducen en mas de 10.000 viviendas destruidas y casi 100.000 habitantes viviendo en campos de refugiados en situación infrahumana.

Pienso que nuestra misión en esta situación conflictiva es ser testimonio activo de la fuerza de vida y de la solidaridad que nos ofrece el Evangelio y que debe traducirse en acompañar al pueblo, a los sectores mas vulnerables, mujeres y niños, campesinos y desahuciados de la ciudad, musulmanes y indígenas. A construir su dignidad humana en la paz y la solidaridad.

Todos los programas que estamos llevando a cabo en el consorcio de ZABIDA (Zamboanga Basilan Integrated Development Alliance) con la ayuda de Manos Unidas y otras organizaciones internacionales van dirigidas a este objetivo: Programas de organización comunitaria y buen gobierno local en la participación y la transparencia, respeto a los derechos humanos, mujeres, niños y marginados y la preparación para el cambio climático, así como el cuidado de los menores que viven en la calle, victimas del trafico humano, la construcción de viviendas para desahuciados y victimas de la guerra, todo el trabajo y energías en la promoción de la paz, la educación para la paz y el dialogo interreligioso…

Hemos sido los impulsores del Movimiento Interreligioso de Solidaridad por la Paz, compuesto por lideres de los diversos grupos religiosos, católicos y protestantes-evangélicos, musulmanes y grupos indígenas, cuyo objetivo es el dialogo interreligioso para fomentar la construcción de la paz. Es esta solidaridad por la paz donde se puede construir una comunidad en la dignidad y el respeto que supere las diferencias y divisiones que mantienen los conflictos.

El padre Ángel Calvo, reunido con mujeres de Zamboanga. ampliar foto
El padre Ángel Calvo, reunido con mujeres de Zamboanga. Manos Unidas

En nuestro caso fue siempre fue claro desde un principio la opción por una presencia activa junto a las comunidades de musulmanes, en diálogo de vida y de acción, con un compromiso claro en favor de la justicia. Y éste ha sido el factor dominante que ha posibilitado, tanto en Basilan como en Zamboanga, el acercamiento, y en muchos casos el entendimiento, el mutuo respeto y la colaboración en proyectos comunes con varios grupos musulmanes. Personas, familias y comunidades divididas y enfrentadas por el miedo, los prejuicios y la violencia reciente, se encuentran en proyectos comunes y descubren juntos que, en el fondo, todos se ven igualmente afectados por los mismos problemas básicos. Es la realización mas concreta del conocimiento mutuo, del respeto y de la solidaridad cuando se puede compartir un trabajo con un objetivo común que nos afecta a todos por igual, como el problema de la tierra, la salud, la educación y el futuro de los hijos, la seguridad, la defensa de fuerzas opresoras, etc.

El autentico diálogo interreligioso tiene que ir más allá de la mera aceptación religiosa, hacia un enriquecimiento mutuo desde los valores del otro, en la aceptación mutua haciendo juntos el camino de la paz. De hecho el punto de contacto más inmediato es precisamente la búsqueda de la fraternidad universal, de la solidaridad, parte fundamental de la misma experiencia salvífica de Dios que quiere que todos vivan y vivan en paz. Por eso, no puede reducirse tampoco a una mera relación ‘espiritual’ sin tener en cuenta las condiciones humanas en que se encuentran las comunidades, con frecuencia situaciones de pobreza, de injusticia, de falta de libertad y a veces de violencia. Dios se manifiesta de un modo especial en el pobre, en el que sufre víctima de la violencia, la opresión y la injusticia, aunque cada religión lo exprese de una forma diversa.

Ángel Calvo es misionero claretiano,  director de ZABIDA y socio local de referencia para Manos Unidas en Filipinas.