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Renzi arriesga y gana

El primer ministro italiano demuestra coraje al lograr que se apruebe la ley de reforma electoral

La aprobación de la reforma electoral en Italia constituye una buena noticia para su impulsor, el primer ministro, Matteo Renzi, para el país transalpino y para toda Europa. Se trata de un paso fundamental e imprescindible en el ambicioso y necesario programa de reformas que el líder centroizquierdista trata de sacar adelante y con el que pretende transformar a mejor el panorama político y social de la economía más importante, junto a la española, del sur del continente.

Italia es un país famoso por su inestabilidad política, en gran parte debida a un sistema electoral que desde la proclamación de la República en 1946 —y cada vez con mayor tendencia a medida que pasan los años— suele dejar a los Gobiernos en manos de la voluntad de partidos muy minoritarios, cuando no los convierte en víctimas de la parálisis política. Basta una cifra para dar una idea de la necesidad de esta reforma: el país ha tenido 64 Gobiernos en los últimos 70 años. Una situación que la Italia de principios del siglo XXI no se puede permitir por más tiempo.

Una vez más, Renzi ha hecho gala de iniciativa política y sobre todo de la energía necesaria para sacar adelante una medida de la que está convencido. Con la oposición en contra y con una proporción significativa de su propio partido opuesta a la reforma, el político italiano ha echado un órdago al Parlamento y ha presentado su proyecto como una moción de confianza. Una táctica valiente pero muy arriesgada y a la que no podrá recurrir a menudo en el largo rosario de reformas que todavía debe sacar adelante, entre otras la del papel del Senado, la justicia y la educación. Esta última dio ayer una buena muestra de las grandes dificultades a las que se va a enfrentar el primer ministro italiano con una huelga general que paralizó los centros educativos del país.

Independientemente de los detalles de la norma —un cabeza de lista fijo aunque la lista sea abierta, un premio del 55% de los escaños a quien supere el 40% de los votos— lo importante es que la ley aprobada por la Cámara de Diputados busca la estabilidad y la gobernabilidad, pero respetando al máximo la decisión emanada de las urnas.

Más allá de los tópicos, Italia ha sido siempre un labotario de tendencias políticas para el resto de Europa. En un momento como el actual, en el que —por diversas razones según cada país— los diferentes sistemas electorales están siendo cuestionados, Renzi ha colocado sobre el tapete una fórmula para salvar la democracia representativa en su país, evitando por un lado la tentación autoritaria de preferir la estabilidad a la representatividad y por el otro los cantos de sirena del populismo que abogan por una proporcionalidad extrema que vuelve en la práctica ingobernable cualquier colectivo humano. Renzi ha marcado un camino para Italia y para otros países. Toda una muestra de liderazgo.

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