Ryan Gosling, la reinvención de un galán

A medio camino entre el macizo tierno y el héroe atormentado, su personaje en ‘Drive’ lo catapultó al hiperespacio de la interpretación. Hace cuatro años, el actor decidió ponerse al otro lado de la cámara y dirigir su propia película, 'Lost River', que se estrena en abril en España. Este es un encuentro en Los Ángeles con un canadiense de 34 años que creció en la televisión y al que ya comparan con Paul Newman.

La actriz Cristina Hendricks, a la izquierda, y Ryan Gosling durante el rodaje de 'Drive'.
La actriz Cristina Hendricks, a la izquierda, y Ryan Gosling durante el rodaje de 'Drive'.

Cuenta Ryan Gosling que si hoy está aquí sentado dando entrevistas sobre una película en la que no actúa es en buena parte gracias a Guillermo del Toro. Gosling llevó a casa del director mexicano el material que había filmado con su cámara en los barrios más pobres de Detroit y le contó que tenía una idea para un filme. “Guillermo me dijo: ‘Si no lo diriges tú, lo dirijo yo’. Me pareció lo más genial que podía haberme dicho. Incluso si no era verdad, que seguramente no lo era, fue como el mago que te da tu armadura y tu espada y te envía a la aventura”.

Tres años después, Gosling promociona su primera película como director una mañana de marzo en una habitación de hotel de Beverly Hills. Abre la puerta, saluda y afirma que siente cierta presión para que la entrevista no vaya mal. ¿De qué manera podría ir mal? “Créeme, puede ir mal”.

Esa aventura se llama Lost River y se estrena en España el 17 de abril. Una vez conocida la anécdota, hay que reconocer que tiene todo lo que le puede gustar a Del Toro: un paisaje amenazante, un secreto misterioso en el fondo de un lago, una familia que se defiende ante lo inevitable, un depredador que persigue a los protagonistas y un inframundo aberrante que está a punto de engullirlos. Tanto es así que cuando uno ve en la pantalla las palabras “escrito y dirigido por Ryan Gosling”, quizá el galán más deseado de Hollywood en los últimos tiempos, se pregunta qué tiene este tipo en la cabeza y cuánto tiempo lleva eso ahí queriendo salir.

Por zanjar la cuestión: en persona, Gosling es exactamente igual que en las películas. Cultiva el mismo aspecto del personaje de Drive, la misma barba débil, el mismo flequillo corto peinado con los dedos, la mirada de tímido con gracia mientras habla, despacio y cool. En la comedia Crazy, Stupid, Love, cuando se quita la camiseta, Emma Stone exclama incrédula: “¡Parece que te han pasado por Photoshop!”. No hace falta que se la quite. En resumen, todo lo que tu novia dice de él está justificado. Fin del debate.

Ryan Gosling tiene 34 años y nació en London (Canadá), a dos horas en coche de Detroit, y esa es una característica que explica parte de la pregunta inicial sobre las obsesiones que hay detrás de Lost River. Su madre los crio sola a él y a su hermana, como la protagonista de la película (Christina Hendricks, de Mad Men), en un barrio de clase media baja. “Detroit es la ciudad que domina todo el área. Siempre tuve una idea romántica de cómo sería la vida allí. Era el sitio donde nació la Motown y la industria del motor, el sueño americano. Tardé mucho tiempo en visitarla. No fui hasta que tenía 30 años, y cuando llegué era muy diferente de lo que había imaginado”.

Tráiler de Lost River. / Warner / Betta Pictures / Youtube

El Detroit de la película ha sido arrasado por la crisis financiera y las hipotecas subprime. Las casas son abandonadas una tras otra, la naturaleza se come las calles como si fueran ruinas en la selva. En algún momento parece el fin de la civilización, parece Mad Max. “En esas áreas es así. Es una parte de Detroit. Hay otra reinvención emocionante que está sucediendo, pero en estas bolsas hay gente viviendo. Y para ellos es fácil sentirse a veces como los últimos habitantes de la tierra”.

La película lleva al espectador a un mundo que recuerda mucho a David Lynch, y especialmente a Blue Velvet. Sin duda, es una de las películas de su infancia, pero Gosling se defiende de la comparación. “Pusimos mucho esfuerzo en no parecer una película de David Lynch”. Gosling recupera el teatro macabro de finales del siglo XIX y principios del XX a través de una sala de fiestas, basada en teatros reales de París donde se hacían espectáculos de asesinatos y mutilaciones. “Los clubes de Lynch no son reales, son lugares en algún punto de tu subconsciente. Nosotros queríamos que fuera un lugar real, donde hay dinero, un backstage y una explicación real detrás del absurdo”.

Él insiste en que nunca quiso hacer algo macabro. Este es un relato sobre la familia y su capacidad para salir juntos de la adversidad. Dice sobre Detroit y la historia: “Me recordaban a películas con las que había crecido, como El secreto de Nimh, que iba de una familia que se mudaba porque venía una plaga, o Los amos de la noche, de Walter Hill, que es una pesadilla en un Nueva York lleno de bandas”. Asegura que su relato no es diferente de Los Goonies. “Es una familia que ve su vida amenazada”.

La familia es un concepto que, a partir de la película, se va filtrando poco a poco en la conversación. Gosling acaba de estrenar vida con el nacimiento de su primera hija, el pasado septiembre. “No te quiero aburrir… pero cuando yo era niño, mi tío vino a vivir a casa. Entonces decidió que se iba a convertir en imitador de Elvis. Esto cambió nuestras vidas por un año.

“Hollywood se parece mucho al instituto: si quieres ir a tu rollo, lo pagas. es parte del juego”, asegura el intérprete

Teníamos a Elvis en casa. Mis tíos y mis tías se convirtieron en guardaespaldas y coristas, y mi tío llegó a montar un espectáculo al final de año. Después de aquello no volvió a hacerlo. Todo volvió a la normalidad. Fue muy triste, porque la vida había sido muy emocionante durante ese tiempo. Llegué a conocer a mi familia de una forma en la que nunca lo había hecho y nunca volví a conocerlos así. Fue construyendo algo juntos, por ridículo que fuera, como de verdad llegamos a conocernos unos a otros. Creo que he utilizado eso como modelo en mi vida: trabajar con mis amigos y mi familia, con gente que me importa, para poder pasar tiempo juntos, haciendo algo juntos”.

En Lost River, la esposa de Gosling en la vida real, la actriz Eva Mendes, hace un inquietante papel secundario. Además, se ha rodeado de buena parte del equipo de producción de Drive y Cruce de caminos. “Creo que al trabajar con amigos y familia te retas de una manera distinta a cuando lo haces con desconocidos. Me da la impresión de que he perdido mucho el tiempo. Cuando trabajas con alguien nuevo, te pasas toda la película intentando superar la cortesía, siendo educado. Cuando trabajas con gente que conoces, te retan de verdad, es difícil aparentar delante de ellos. Cuanto más busco eso, más intensa es mi vida creativa, no se queda estancada porque estás trabajando con gente a la que les gustas por lo que has hecho antes”.

Lo que Gosling llama su vida creativa está lejos de quedarse estancada. Acaba de terminar de rodar con Terrence Malick, a quien, por cierto, agradece que le dejara tocar bastante la cámara durante el rodaje, lo que le ayudó en su película. El estatus de Gosling en estos tiempos en Hollywood es el de una estrella imparable, alguien a quien todo el mundo querría en su película. Hay pocos con la doble virtud de derretir por igual a espectadoras y a críticos. Es una especie de Paul Newman de finales de los cincuenta, cuando, a la misma edad que Gosling y bien entrenado en la televisión, igual que él, pasó de golpe a hacer dos taquillazos al año. Newman esperó hasta los 43 para dirigir una película, y también lo hizo con su mujer.

Su poder de atracción quedó inesperadamente al descubierto durante el escándalo provocado por el ataque informático masivo contra Sony Pictures. El robo y la posterior publicación de los correos electrónicos privados de la jefa de los estudios, Amy Pascal, una de las personas más poderosas de la industria hasta ese momento, revelaba las ganas de ­hacer algo con el actor. Pascal sopesa tenerle en la biografía de Steve Jobs o en Sinister Six, la película de villanos de Marvel que el estudio planea para 2016. En los e-mails, la agente de Gosling supuestamente deja claro el interés del actor por salir en la secuela de Cazafantasmas.

Gosling durante el rodaje de 'Lost River'. La película está ambientada en un Detroit arrasado por la crisis financiera.
Gosling durante el rodaje de 'Lost River'. La película está ambientada en un Detroit arrasado por la crisis financiera.

De la conversación, uno deduce que Gosling es una de esas personas que llevan consigo su infancia como una bandera. La infancia que Gosling proyecta en Lost River es la de la lucha de su familia y él mismo por salir adelante. Pero hay otra infancia, que empieza en 1992, en Montreal, en una habitación delante de una cámara de vídeo. Era el casting para una nueva temporada de El club de Mickey Mouse, en el canal Disney. El hombre que le grababa se llamaba Matt Casella. Mucho antes de Internet y los móviles, Casella entrevistó a 17.000 niños por todo Estados Unidos y Canadá y eligió, entre otros, a estos cuatro: Ryan Gosling, Justin Timberlake, Christina Aguilera y Britney Spears. Hoy día, aquello se sigue considerando uno de los mejores castings que se hayan hecho jamás en cualquier medio.

“Cuando encontré a Ryan en Montreal, a los 12 años, tenía sobre todo una imaginación sin límites”, rememora Casella a través de un correo electrónico. “Ryan era tan divertido y especial que lo tuve horas en la sala de audición. Todavía conservo la cinta. Interpretó varias canciones, bailó movimientos de hip-hop a su manera, hizo imitaciones de Peter Sellers en La pantera rosa y el chiste de ‘¿su perro muerde?’ (de La pantera rosa ataca de nuevo). Pensé: ‘¿Cómo conoce esto? ¿Quién le ha enseñado ese material?’. Era increíble y alucinante. También hizo de Wayne y Garth en El mundo de Wayne. Se inventaba personajes y hablaba en francés. Contó chistes, uno de ellos con acento escocés. Le hice leer monólogos y escenas. Estaba a 4.000 kilómetros de mi oficina en los estudios Disney en Burbank (California) y ese día supe que había descubierto a alguien muy especial”.

“Durante las segundas pruebas, pregunté a los chicos cuál era su película favorita. Por ejemplo, Justin Timberlake dijo que era Top Gun, otros dijeron La bella y la bestia. Entonces le pregunto a Ryan, y su película favorita era de tres horas, tenía subtítulos y había ganado el Oscar. Era Bailando con lobos. Eso fue definitivo. Supe en ese momento que este era un chico de lo más especial, que tenía un gusto fuera de lo normal y un talento natural como yo no había visto. Conocí a su madre, Donna, que era encantadora; no era una madre de actor y podía con todo. Lo apoyó al 100% para que esto sucediera”. Casella escribió personalmente la recomendación al Gobierno de Estados Unidos para que le diera un permiso de trabajo a Gosling, que era canadiense y no estaba sindicado. “Estoy muy orgulloso de ser el hombre que descubrió a Ryan Gosling”.

Al principio de Lost River, un vecino le dice al adolescente protagonista: “Vete de aquí mientras puedas. Ve al Sur y no pares hasta que veas palmeras”. ¿Quizá otra pincelada autobiográfica? Después del Club Mickey, Gosling decidió que no iba a ser el actor que quería en Canadá, que las películas se hacían en sitios con palmeras. “En retrospectiva, una de las cosas de las que estoy más satisfecho es de haberme mudado a Los Ángeles para actuar cuando tenía 16 años. No esperé a tener 21. Estoy contento de haberlo hecho porque a los 21 igual habría tenido más miedo. A los 16, lo natural es no preocuparte por tu seguridad ni por nada, te sientes invencible”.

“Cuando encontré a Ryan, a los 12 años, tenía una imaginación sin límites”, dice el director de ‘casting’ que lo fichó para ‘El club de mickey’

Ahí empezó su segunda carrera en televisión. A los 21 años consiguió su primer protagonista en El creyente, una película sobre un joven judío que se vuelve neonazi y que se sostenía con su actuación. El papel de héroe romántico llegó en 2004 con El diario de Noa. En 2006 cautivó a los críticos con un profesor de instituto drogadicto en Half Nelson. El mejor guapo atormentado de la década había nacido. Después, un tour de force emocional en Blue Valentine y el éxito mundial de Los idus de marzo, gracias a George Clooney, quien aseguró haber pensado en Gosling desde el principio. “Yo era actor a la misma edad que él”, dice Clooney en las crónicas del estreno de aquella película, “y no sabía hacer nada de lo que él hace. Llevaba un peinado hortera y estaba en una comedia barata”. La película de Clooney se estrenó en 2011, el año en que no se podía ir al cine sin ver a Ryan Gosling. Ese año estrenó además Crazy, Stupid, Love, donde bordaba el personaje de depredador de discoteca, y Drive, el colmo del cachas romántico y el papel por el que será recordado muchos años.

A estas alturas, Gosling ha hecho tantas veces de guapo atormentado, o de guapo a secas, que parece casi un género en sí mismo. “Una pe­lícu­la de Ryan Gosling” empieza a convertirse en una marca. Cuando uno tiene ese estatus y quiere empezar una carrera como director, “hay formas más seguras de hacerlo” que Lost River. Gosling no desconoce la ­fórmula: “Generalmente, si eres un actor, sales en el filme que diriges, y haces una película que se parezca a otra con la que has tenido éxito. Ese es el modelo prudente. No lo juzgo, es inteligente. Yo no decidí de pronto que quería dirigir. Tuve una experiencia en Detroit que quería compartir, y el motivo para dirigirla era poder compartirla. Fue algo que me vino de forma natural y no dejé que el miedo dictara mis emociones”. Y si a los críticos les cae mal, “tienes que encajar el golpe en la mandíbula y seguir adelante”.

Lo dice porque hasta ahora Gosling ha sido bendecido por la crítica quizá como ningún otro actor de su generación. Desde Half Nelson le han llovido los elogios en todo lo que ha hecho como intérprete. Pero mientras un actor tiene el privilegio de ser juzgado solo por su trabajo, independientemente de la calidad de la película, un director es responsable de todo. Las críticas de Lost River fueron duras en Cannes, pero en un ambiente más independiente y americano, como el festival South By Southwest de Austin (Texas) este mes de marzo, el atrevimiento de Gosling ha sido aplaudido. No se puede negar que la película contiene una atmósfera que se pega al espectador y no se olvida fácilmente. Cabe preguntarse cómo se prepara un actor mimado por la crítica desde hace una década para un juicio como este. “Creo que el instituto te prepara para esto. En serio. No es distinto. En el instituto, si quieres ir a tu rollo, lo pagas. De alguna forma eso te prepara para la vida, porque Hollywood es muy parecido. Desgraciadamente, es parte del juego”.

Gosling en el papel que lo consagró: el de 'Drive' (2011).
Gosling en el papel que lo consagró: el de 'Drive' (2011).

Gosling salió de Canadá para irse al Sur y no paró hasta que vio palmeras. En esta ocasión se podría decir que ha viajado al Norte y no ha parado hasta ver monstruos. “Estoy contento de haber hecho la película ahora –la empecé con 31 años– y no dentro de 10 años. Porque entonces puede que hubiera tenido más miedo. Mirando atrás, estoy contento de haber hecho cosas que me han empujado al escenario antes de poder dudar”.

La carrera de la estrella Ryan Gosling no va a variar un ápice por la carrera del director independiente Ryan Gosling. ¿Veremos de nuevo al actor que conocíamos? “Desde luego. Y de alguna manera esto me ha hecho apreciar la actuación de una forma nueva. He hecho esto desde que tenía 12 años, le he dado mi vida a las películas. Y creo que es importante preguntarte por qué. Si tienes una empresa, sería bueno que supieras hacer todos los trabajos de esa empresa, para que entiendas qué le estás pidiendo a la gente y qué se te pide a ti. Solo desde fuera, el cambiar de gorra se ve como algo más dramático de lo que es. Incluso en Hollywood la gente se sorprende cuando un actor quiere dirigir”.

Con este cambio de gorra momentáneo, a los 34 años, Ryan Gosling muestra al público una faceta completamente nueva de su personaje público. El macizo tierno que ha reinventado el concepto de galán de Hollywood en lo que va de década convive a partir de ahora con un artista atormentado, marido y padre, que conecta con un público indie a través de sus obsesiones privadas. “No quiero que parezca que intento por distanciarme de una idea de mí”, dice. “No tomé esta decisión por esa razón. Me siento muy afortunado de las oportunidades que he tenido. Disfruté haciendo esas cosas y son parte de mi personalidad. Pero también sé hacer esto. La gente que disfruta de mi otro trabajo a lo mejor no disfruta con este. Pero no es excluyente, están en el mismo lugar”.

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Sobre la firma

Pablo Ximénez de Sandoval

Es editorialista de la sección de Opinión. Trabaja en EL PAÍS desde el año 2000 y ha desarrollado su carrera en Nacional e Internacional. En 2014, inauguró la corresponsalía en Los Ángeles, California, que ocupó hasta diciembre de 2020. Es de Madrid y es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense.

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