Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EDITORIAL

Explosivo Yemen

La intervención militar saudí para frenar a Irán abre un nuevo frente entre suníes y chiíes

La caótica situación de Yemen se agrava aceleradamente. La decisión saudí de intervenir militarmente en una guerra civil no declarada eleva las dimensiones de una crisis que amenaza con convertirse en confrontación directa entre Arabia Saudí e Irán. Ambos poderes aspiran a la hegemonía regional y encarnan los polos del cisma musulmán entre suníes y chiíes.

Los bombardeos saudíes en Yemen, condenados inmediatamente por Teherán, tienen como finalidad declarada reinstalar al Gobierno suní del presidente Hadi, expulsado de Sana por la milicia proiraní de los Huthi y huído a Adén. Su objetivo real, sin embargo, es evitar que en la frontera sur de la cuestionada monarquía saudí —donde está asentada Al Qaeda y cobra cuerpo el Estado Islámico— gane nuevo terreno el enemigo iraní.

Los Huthi, insurgentes durante años en el norte de Yemen, se han convertido con el apoyo de Teherán en una fuerza decisiva. Su avance imparable hacia el sur, donde ya asedian el estratégico puerto de Adén, último reducto del presidente Hadi, representa un cambio cualitativo en Yemen, hasta hace poco dominio de Arabia Saudí. Riad ha jugado tradicionalmente a enfrentar a sus facciones y recoge ahora el fruto de la debilidad de todas en un país desesperadamente pobre y fragmentado por divisiones tribales, religiosas, políticas y geográficas.

La ofensiva saudí, encabezando una coalición suní, tiene el beneplácito y el apoyo logístico y de inteligencia de EE UU. Pero la operación acarrea limitaciones y riesgos evidentes Los saudíes disponen de una aviación poderosa, pero sus fuerzas terrestres no pueden librar una campaña sostenida. En un Oriente Próximo progresivamente fuera de control, una eventual invasión puede agravar irreversiblemente las divisiones sectarias de Yemen y precipitar el colapso definitivo del país.

La escalada de la crisis, por lo demás, coloca en una posición incongruente a la Casa Blanca. La confusa política regional de Obama hace que Washington apoye a Arabia Saudí contra Irán en Yemen mientras intenta negociar a toda costa un acuerdo nuclear con los ayatolás. La contradicción se extiende a otros escenarios, caso de Irak, donde EE UU se alinea con Teherán para arrebatar Tikrit al Estado Islámico (EI). O a Siria, donde el bombardeo americano de las posiciones del EI permite al déspota Asad, sostenido por Irán, concentrar su fuego en otros objetivos.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información