Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Adiós a Bettina, la modelo que reinó en los cincuenta

La 'top' francesa fue musa de los diseñadores Jacques Fath y Hubert de Givenchy, quien le puso su nombre a la famosa blusa de volantes

Bettina, en 1951. Ampliar foto
Bettina, en 1951.

Su elegancia desenfadada la impuso como la primera gran modelo francesa. Musa de Jacques Fath y después de Givenchy, fue sobre todo la encarnación de la parisina moderna de la posguerra, con su pelo cortito, su sonrisa burlona y su mirada chispeante. Su nombre artístico, Bettina, quedará para siempre asociado a Hubert de Givenchy, quien bautizó así su mítica blusa con mangas de volantes (imagen que abría la reciente exposición del museo Thyssen dedicada al diseñador). Fue también portada habitual de las grandes revistas y posó para los más grandes, de Irving Penn a Henry Clarke, pasando por Robert Doisneau. De verdadero nombre Simone Botin, falleció el pasado lunes en París, a punto de cumplir los 90 años, en un hospital del sur de la capital francesa.

Bettina Graziani tenía “un encanto loco, pecas en verano —en fin, más visibles en verano— y ataques de risa todo el año”, escribía su gran amiga y escritora Françoise Sagan, en un texto publicado en la revista Vogue Francia en 1972. “Encarna a esa nueva parisina que fuma vestida con blusa en el bar de los teatros. Con su cintura ágil, sus ojos rasgados y sus labios color Rouge Baiser [un tono rojo fuerte de Christian Dior], tiene esa insolencia nueva que le encanta a Penn”, resumía por su parte la periodista Laurence Benaïm, en su biografía de 2002 de Yves Saint-Laurent.

Nacida en Bretaña en 1925, Simone sueña de pequeña con ser bailarina. Criada por su madre, maestra de colegio, crece junto a su hermana mayor, Catherine, en la vecina Normandía. Con apenas 18 años, decide mudarse a la capital, con la firme intención de convertirse en dibujante de moda. Pero al presentarse al taller del joven diseñador Jacques Costet su destino cambia: este la contrata de inmediato, no como dibujante, sino como modelo, seducido por su naturalidad, a pesar de su estatura de apenas 1,66 metros.

Bettina, durante la exposición sobre su vida inaugurada en París ampliar foto
Bettina, durante la exposición sobre su vida inaugurada en París

Al año, la modelo, todavía conocida por su verdadero nombre, se enamora por primera vez. Se trata del fotógrafo Benno Graziani, con el que se casa en diciembre de 1946. Es en ese periodo que se cruza por primera vez con un jovencito y desconocido Christian Dior, quien entonces trabajaba para Lucien Lelong, donde la modelo pasa una prueba. “Si Lelong no la contrata, lo hago yo porque voy a abrir mi propia firma”, le lanza. Lelong se rinde sin embargo a su encanto, aunque la modelo no se quedará mucho tiempo trabajando con él.

En 1947 nace oficialmente el fenómeno Bettina, de la mano de Jacques Fath. Es él quien la bautiza y crea su look de pelo cortito a lo garçonne. Durante cuatro años, Bettina es la musa absoluta del diseñador. Con él su fama se dispara y su sueldo se quintuplica. En paralelo, multiplica las sesiones de fotos y se consagra como la “francesa más fotografiada de Francia”, según la fórmula utilizada entonces por la revista Paris Match.

Su celebridad cruza el Atlántico y durante un año se instala en Estados Unidos, donde trabaja para la agencia de modelos de Eileen Ford. Poco tiempo después se divorcia y regresa en 1952 a Francia, para el lanzamiento de la firma de Hubert de Givenchy. Con él trabaja como modelo y como relaciones públicas. A los tres años, Bettina ya en lo más alto de su fama, abandona las pasarelas y los objetivos para vivir plenamente su historia de amor con el príncipe Ali Khan, hijo de Aga Khan III, de la dinastía persa Qajar. En 1960, sobrevive al accidente de coche que acaba brutalmente con la vida de su pareja.

Aunque sólo regresó a las pasarelas en una ocasión —en un desfile de Coco Chanel en 1969—, Bettina siguió de cerca el mundo de la moda. El diseñador tunecino y gran amigo suyo Azzedine Alaïa le dedicó en su galería una gran exposición a finales del año pasado. Una inauguración en la que estuvo acompañada de sus amigos de la industria: desde el diseñador Kenzo Takada, a la crítica de moda Suzy Menkes o el modista Christian Lacroix. “Nunca me he dejado impresionar por lo que hacía”, comentaba entonces la modelo a la prensa, entre fotografías suyas tomadas por los grandes del siglo XX. “Es algo bueno porque te deja mucha libertad”.

Más información