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España en el Consejo de Seguridad

España no puede redimirse de lo que ha dejado de hacer desde 2011 en la ayuda a las personas afectadas por crisis y conflictos

Ahora tiene la oportunidad y la responsabilidad de dar un giro radical

Con su entrada en el Consejo de Seguridad, en enero de 2015, España asume una enorme responsabilidad hacia millones de civiles víctimas de conflictos. Estar a la altura no es fácil, y España parte de una posición ambivalente –muy mal en cooperación, muy bien en armas e implicación en la agenda internacional de desarrollo.

Desde 2010, España ha dejado caer a plomo su cooperación para el desarrollo hasta dejarla en un 0,17% del PIB (es decir, 17 céntimos de cada 100 euros), y bajar al puesto 21 de los 28 donantes internacionales más importantes. Además, hemos asistido a una situación absolutamente incomprensible: lo más castigado en esos recortes masivos ha sido la acción humanitaria, que se ha reducido en un 90%, dejando a España con muy pocos recursos para ayudar a las personas que más lo necesitan, castigadas por desastres naturales o conflictos y crisis recurrentes.

La terrible paradoja es que esto ha sucedido justo en un momento en que el número de personas desplazadas y refugiadas en el mundo ha superado el del más trágico momento de la historia de la humanidad: la Segunda Guerra mundial, alcanzando la terrible cifra de 51 millones de personas, según los últimos datos de la ONU al respecto, de 2013.  España no está “cumpliendo su parte” ni aportando su cuota hoy.

Sin embargo, España ha jugado un papel líder en el impulso y consolidación del Tratado de Armas, siendo de sus primeros firmantes y adoptando las posiciones más ambiciosas, y medidas para su efectiva aplicación. Y ha mantenido una posición propositiva en la reformulación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y en otros debates internacionales.

El asiento en el Consejo de Seguridad implica una enorme responsabilidad, y también la oportunidad de dar un giro hacia una política exterior más comprometida con el desarrollo y orientada a evitar el sufrimiento humano y proteger a los civiles. Los primeros pasos que ha dado el Ministro García-Margallo desde el 1 de enero han sido positivos: su visita a la franja de Gaza tiene un alto valor simbólico y político (era el tercer Ministro de la UE en hacerlo) y la petición expresa al estado de Israel de permitir el acceso humanitario es importante y positiva.

Desde Oxfam Intermon hemos preparado una propuesta sobre Posición de España en el Consejo de Seguridad (hipervínculo). Nuestros mensajes son muy claros y se resumen en:

  • Hacer de la protección de los civiles el centro de su estrategia y de cualquier posición que se adopte, con una especial atención a los sectores más vulnerables como los desplazados, los refugiados y las mujeres.
  • Influir sobre los miembros permanentes para que no utilicen su poder de veto en decisiones en las que la situación de crímenes masivos.
  • Aumentar la cuota de reasentamiento de refugiados en territorio español, hoy en mínimos comparados con otros países europeos.
  • Impulsar la ratificación por el mayor número posible de estados del tratado de Armas.
  • Recuperar la Ayuda al Desarrollo, y muy especialmente de la Acción Humanitaria: que los recursos acompañen a las palabras y a los gestos. Sin ello no hay credibilidad.

España no puede redimirse de lo que ha dejado de hacer desde 2011 en la ayuda a las personas afectadas por crisis y conflictos. Pero tiene la oportunidad y la responsabilidad de dar un giro radical y poner a las personas y a las víctimas de conflictos y crisis humanitarias en un lugar que no han ocupado hasta ahora: en el centro de su agenda internacional. Es fundamental que se aproveche la ocasión y que España esté a la altura.

Jaime Atienza es director del departamento de campañas y ciudadanía de Oxfam Intermón.