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EDITORIAL

Ventana de esperanza

En 2015 seguirá el crecimiento y bajará el paro, pero no habrá despegue sin subidas salariales

Después de varios años de profunda recesión, durante la cual el PIB español ha caído en más de un 8% y el empleo y los salarios lo han sufrido, 2015 aparece como una ventana a la esperanza de que el crecimiento económico, indudable y sostenido aunque incipiente, se transforme en un aumento de las rentas para la mayoría de la población, se consigan caídas significativas del paro y se mejore la calidad de la contratación. Estas esperanzas están parcialmente fundadas; es difícil, en cualquier caso, que este año cumpla todas las expectativas de quienes han pagado hasta hoy la factura de la crisis.

Lo que se puede adelantar sobre 2015 es la confirmación de una tendencia firme en la mejora de los parámetros macroeconómicos, que retratan de forma imperfecta el Estado de bienestar (o de malestar) ciudadano. El crecimiento de la economía estará en torno al 2%; y es posible confiar en esta proyección porque la industria y la construcción (en parte) muestran indicios de recuperación. Además, repuntan el consumo y la inversión. En coherencia con esta consolidación del crecimiento, continuará probablemente el aumento del empleo. Pero hay que precisar que no hay muchas razones para suponer que este año vaya a mejorar la estructura del mercado laboral con respecto a 2014, cuando el crecimiento de la contratación indefinida fue muy bajo; la mejora del empleo se consiguió básicamente con trabajos precarios. En 2015 la tendencia general será parecida; las predicciones más afinadas aseguran que habrá en España en torno a tres millones de trabajadores a tiempo parcial.

La cuestión, por tanto, es si la mejora prevista del crecimiento producirá un aumento significativo de rentas para los asalariados y una mejora de las condiciones de contratación. Si no se aplica una política económica que aproveche los márgenes de mejora global para Europa derivados del abaratamiento del crudo y de la apreciación relativa del dólar, la respuesta más probable es negativa. No hay indicios claros de que el Gobierno se proponga estimular la demanda (el programa de ayudas de 426 euros es insuficiente y desenfocado), ni tampoco de que puedan concretarse iniciativas de subidas salariales en las empresas que, por la evolución favorable de sus cuentas y las ganancias de productividad, pueden hacerlo.

El estrangulamiento capital seguirá siendo en 2015 la ausencia de expectativas firmes de demanda. La sustitución del consumo interno por exportaciones es la mejor opción disponible hoy, pero es evidente que sin aumento de rentas —acompañado por una revitalización selectiva del gasto público— no cristalizará una recuperación sostenible en 2015. Lo que podría prolongarse es el mismo escenario del cuadro pintado en 2014: crecimiento moderado con creación de empleo precario. La decisión de cambiar el escenario corresponde al Gobierno y al valor político que conceda a desarrollar otra política económica.

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