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EDITORIAL

A mitad del camino

España ha dejado atrás la recesión, pero la recuperación exige políticas más expansivas

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, considera que la crisis es “en muchos aspectos, historia del pasado y estas Navidades van a ser las primeras de la recuperación”; entiende que España ha pasado de ser el enfermo de Europa a estar en la vanguardia de la reactivación europea y asegura que “la recuperación económica y social ya se vive en los mostradores de los pequeños negocios o en los pedidos de los proveedores”. La versión del presidente responde a la mejora significativa y esperanzadora de algunos parámetros macroeconómicos. El punto de partida es evidente: España ha dejado atrás la recesión, disfruta de un crecimiento moderado y el sector público ya no está amenazado de quiebra, después de que la prima de riesgo haya descendido por debajo del nivel previo a la crisis.

El parámetro que despierta en el Gobierno más optimismo es el crecimiento del empleo. Efectivamente, la tasa de paro se ha contenido (en gran parte por la salida de emigrantes y por la caída de la población activa) y la afiliación a la Seguridad Social sube de forma apreciable, prueba inequívoca de que el empleo, aunque a ritmo lento, progresa de forma continuada. La reforma laboral, cuyos principales efectos han sido hasta el momento una reducción de las rentas salariales y el freno a la destrucción de empresas (con la mayor facilidad para los despidos), está detrás de esta mejora relativa del mercado laboral. El propio presidente reconoce, sin ambages, que el peso del paro es un grave hándicap para la economía; España no recuperará la tasa de paro anterior a la crisis hasta bien entrada la siguiente década.

Aunque la crisis o la recesión hayan quedado atrás, el mensaje requiere varias matizaciones importantes. Algunas son conocidas y repetidas: la calidad del empleo que se genera es precaria y las rentas salariales, en su conjunto, no tienen capacidad para sostener una recuperación plena. Para que ésta exista, debe mejorar la expectativa de demanda y eso sólo se consigue con salarios más altos y empleo más estable. La reforma laboral no puede ser la única política laboral del Gobierno; es necesario modular la orientación a la baja de las rentas salariales para que resurja el consumo.

Rajoy debe ser consciente asimismo de que la crisis y su tratamiento ortodoxo (restricción del gasto, recorte poco discriminado de los gastos sociales) han acrecentado la desigualdad y afectado a una parte de la población laboral atrapada en el paro de larga duración. El persistente aumento de la deuda pública, cuya reducción era uno de los objetivos mayores del Gobierno, evidencia que queda mucha tarea pendiente en el área financiera. No es, pues, enteramente preciso entender que la economía está en la senda de la recuperación plena. La recesión ha quedado atrás, pero para que acelere el hasta ahora modesto crecimiento, brote el empleo estable y empiece a bajar el endeudamiento es necesario reorientar la política económica con criterios más expansivos. En eso debe notarse que la crisis es “historia pasada”.

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