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CARTAS AL DIRECTOR

¿Por qué lo has hecho, WhatsApp?

Sant Boi de Llobregat, Barcelona

Negación, ira, suspiros; aceptación, aún no. Son las fases por las que pasé anoche cuando vi que WhatsApp, mi amigo mensajero de confianza, daba el chivatazo a todos mis contactos. A partir de ahora, cada vez que reciba un mensaje de texto o audio vía WhatsApp mis amigos, y mis no tan amigos, podrán controlar mi grado de interés en mantener con ellos una conversación. Horas, minutos y segundos aparecerán en sus pantallas como prueba de un delito que todos cometemos y que, a su vez a todos, o a casi todos, nos irrita. ¿De verdad es necesario? ¿Cuál es el objetivo de todo esto, si prácticamente todos los usuarios de este servicio de mensajería estábamos encantados de poder ocultar nuestra última hora de conexión? La influencia del gigante Facebook es clara, un habitual del espionaje. Junto con la ira, indignación más bien, que no es para tanto, me rondó por la cabeza cambiar de servicio de mensajería, darle una oportunidad a Telegram o a alguna de estas aplicaciones que, aunque en su lanzamiento gozaron de un boom destacable, quedaron en el olvido al poco tiempo. Finalmente, llegará la aceptación, aceptaré que del mismo modo en que yo lo hago, mis contactos priorizan sus conversaciones, y esperaré, quizá ilusa de mí, a que WhatsApp decida ofrecernos la posibilidad de no ser espiados a cambio de que no podamos hacerlo nosotros, tal como ocurría con la “última hora de conexión”.— Patricia Sardà.

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