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Ghizlan el Glaoui, la importancia del linaje

Nieta del pachá de Marruecos e hija de uno de los pintores más reconocidos del país y de una de las musas de Hubert de Givenchy, su destino estuvo marcado desde su infancia

Afincada en Londres desde hace años, hoy se siente más inglesa que marroquí. Pero la luz y los colores de su tierra natal inspiran todos sus retratos

Ghizlan el Glaoui, el pasado miércoles en Madrid. A la derecha, uno de sus retratos. Ampliar foto
Ghizlan el Glaoui, el pasado miércoles en Madrid. A la derecha, uno de sus retratos.

Pocas veces el encargo de un profesor de Arte puede marcar tanto el estilo de uno de sus alumnos. Ese fue el caso de Ghizlan el Glaoui. Su último proyecto de la escuela de Arte fue pintar un retrato como si fuera un mosaico y desde entonces, y durante las últimas dos décadas, ese ha sido no solo su trabajo, sino un hobbiedel que habla con pasión. Nieta del pachá de Marruecos, e hija de uno de los pintores más famosos del país y de una musa adorada por Hubert de Givenchy, es consciente de la importancia de su legado, que trata de preservar siguiendo su propio camino.

Su destino hacia las artes plásticas estuvo marcado desde su infancia. Para envidia de sus tres hermanas, desde niña Ghizlan fue la inspiración de su padre, Hassan el Glaoui. “Me encantaba verle pintar y su cara cuando lo hacía. Nunca nadie me ha mirado como él lo hacía cuando me pintaba, mirándome a los ojos y tratando de memorizar mi cara”, cuenta con su permanente sonrisa a una semana de abrir su primera exposición en España, en Madrid. Ahora es ella quien estudia a las personas. En sus pinturas llenas de luz y de colores, que recuerdan los vivos tonos de los paisajes de su tierra natal, busca que sus retratos capten la esencia de sus protagonistas y sus sentimientos. También ella tiene su musa: Jeanne Hébuterne, pareja de Amadeo Modigliani, para ella la mujer más bella del mundo del arte y del pasado siglo. Se siente fascinada por su trágica historia de amor —que acabó con su vida al perder a su amado—. “Me gusta combinar la belleza y la tragedia”, dice.

“Las rubias deben ir de azul marino por el día y de negro por las noches”, le dijo Givenchy a su madre. Ella sigue el consejo

De adolescente, Ghizlan el Glaoui (1969, Marruecos) quería viajar a París para ser actriz. Ante la negativa de sus padres, se decidió por una escuela de Arte, donde también se estudiaba Publicidad, en el mismo destino. “Ellos querían que tuviera un trabajo de verdad. A pesar de la carrera de mi padre, ambos creían que eso era una excepción y que en el mundo del arte muchos lo intentan, pero pocos consiguen el éxito”, recuerda quien ahora posee su propia galería en el londinense barrio de Chelsea. Tampoco lo habría conseguido Hassan de no ser por Winston Churchill. Fue él quien convenció a su abuelo, Thami El Glaoui, para que el hijo del rey de los bereberes se dedicara al arte. “Yo soy político y pintor, y puedo hacer las dos cosas”, le dijo el político a quien sería uno de sus invitados a la coronación de Isabel de Inglaterra en 1953.

Hablar con Ghizlan el Glaoui de su historia es una reminiscencia continua a la vida de su padre. De su gran amistad con el anterior rey de Marruecos, Hassan II, y cómo este ayudó a promover su obra regalando uno de sus cuadros a los mandatarios extranjeros que le visitaban (como George Bush o Jacques Chirac). Cómo sus retratos del rey colgaban de la pared de muchas casas en Marruecos.

Uno de los retratos de la exposición en Madrid de Ghizlan el Glaoui. ampliar foto
Uno de los retratos de la exposición en Madrid de Ghizlan el Glaoui.

Ghizlan recuerda también las majestuosas fiestas y recepciones a las que acudía, en las que en cuanto veía un cuadro de su progenitor se sentaba debajo para sentirse como en casa. Ser la protagonista de una cincuentena de sus retratos, el último lo hizo hace cinco a punto de cumplir sus 90, hizo que ella asimilara su proceso de creación mientras era testigo de cómo la pintaba. “Con una única línea dibujo el rostro al que luego le trazo el efecto mosaico. Al principio es un trabajo más preciso y matemático, pero al final se acaba convirtiendo en un proceso artístico al jugar con la luz”, describe su técnica Ghizlan, con la que trata cada uno de los pequeños cuadrados como si fueran una pintura.

Por el empeño de su madre aprendió a tocar el piano (su otra gran pasión), a montar a caballo, ballet o poesía. Musa de Hubert de Givenchy, Christine Legendre abandonó su Francia natal por Marruecos para seguir a su amado. De ella ha escuchado infinidad de historias de la maison. “Una mujer rubia debe ir siempre de azul marino durante el día y de negro por la noche”, le aconsejó el diseñador francés a la modelo que se probaba los trajes de Audrey Hepburn porque tenían la misma talla. Un truco que Ghizlan ha heredado, a tenor de cómo se presenta al encuentro, aunque ella es más fiel al diseñador Bottega Veneta. Si de su padre adoptó la técnica, de su madre, su ideal estético: “Me inspiran sobre todo los ojos, y lo que tienen que decir. Creo que siempre trato de reproducir la idea de belleza que tengo en mi mente sobre mi madre”.

“Ghizlan dibuja su inspiración desde el corazón de los mundos bereberes. Ella conserva el alma y la feroz lealtad de su tribu”, ha dicho de su trabajo el filósofo Pierre Lévi. Su inspiración viene sobre todo de sus orígenes y de las imágenes que guarda en la memoria, pero tras vivir más años en Londres que en Marrakech hoy se siente más inglesa que marroquí. “Es increíble haber crecido allí, pero me gusta vivir en un país donde las mujeres son tratadas iguales que los hombres. Donde vivo siento que hay igualdad de oportunidades en la vida”, reflexiona. Aunque también matiza que la situación de la mujer en Marruecos es más fácil que en otros países musulmanes y que el actual rey, Mohamed IV (el principal coleccionista de la obra de su padre), ha sido “fabuloso” al aprobar leyes que tratan de equiparar los derechos entre ambos sexos [ha introducido el divorcio y restringido la poligamia].

Le apasiona regresar a sus orígenes, y ya tiene en mente organizar su próxima muestra en su país natal. Pero antes, del 15 al 29 de octubre en la sala Espacio Lope de Vega de Madrid, exhibirá 14 retratos inéditos. “Intento encontrar las caras que agraden a la audiencia. He creado una colección muy especial para esta exposición”, adelanta. Una pista: flamenco y toreros.