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La última reina de Francia

Jacques Chirac y su esposa Bernadette se han enzarzado en una bronca pública político-conyugal esta vez con Nicolas Sarkozy como argumento. A sus 81 años, está a punto de presentarse otra vez a unas elecciones y además es consejera de LVMH

La última reina de Francia

El regreso de Nicolas Sarkozy a la primera línea de la política francesa ha originado un terremoto en su partido y en todo el país. Pero ha provocado también un efecto colateral en el matrimonio de Jacques y Bernadette Chirac. A sus 82 y 81 años, respectivamente, el expresidente y su esposa se han enzarzado en una bronca pública político-conyugal que aporta la sal y la pimienta al ya más que convulso patio de su partido, la opositora Unión por un Movimiento Popular (UMP). La pelea, con antecedentes, la lanzó una vez más Bernadette.

 También conocida como “la última reina de Francia”, “la reina madre” o simplemente “la reina”, términos que no le molestan cuando se utilizan en su presencia, la señora Chirac es una respetada figura de la derecha francesa. Abrió el fuego frente a su marido el 28 de septiembre durante una entrevista a la emisora Europe 1. Preguntada por la vuelta de Sarkozy, se deshizo en elogios hacia el sucesor de su marido en el palacio del Elíseo. “Nicolas… Nicolas. Es un hombre muy cálido. Si te cae bien y haces amistad, él es fiel, teniendo en cuenta que la fidelidad en política no abunda”.

Jacques Chirac no tiene una buena relación con Sarkozy. Aún no le perdona que en 1995 apostara contra él y a favor de Édouard Balladur como candidato de la derecha a las presidenciales. Por eso, le relegó al Ministerio de Finanzas o Interior en 2004 y 2005 cuando todo el mundo daba por hecho que lo nombraría primer ministro. En las elecciones de 2012, Chirac llegó a decir que, entre Hollande y Sarkozy, se inclinaba por votar al socialista. Era obvio, por tanto, que el comentario de su esposa no le iba a gustar.

Pero aún faltaba lo peor. Sarkozy se disputa ahora en la UMP la candidatura al Elíseo con Alain Juppé, el heredero político de Chirac, su ojo derecho. Pese a todo, así lo describió Bernadette: “Juppé es muy frío y no atrae a la gente. Nada que ver con Sarkozy. Cuando se acercan las elecciones, hace falta tener cualidades excepcionales y él tiene poco don de gentes. Hay algo que me llama la atención: cuando Juppé te tiende la mano, no te mira a la cara”.

Dos días después, Chirac, recluido en sus casas de París o Corrèze con una salud deteriorada, se sintió herido y obligado a responder en este caso con unas breves palabras al diario Le Figaro: “Siempre he sabido que Alain Juppé se encontraría un día con su destino, que es el de Francia. Pocas cosas me podrían satisfacer más por mí mismo, por él y, sobre todo, por nuestro país”.

La batalla aún tuvo un epílogo muy duro para el expresidente. En una posterior entrevista en Radio Classique, la reina de Francia se explayó de manera inmisericorde con Jacques. Preguntada si la pareja discutía en casa sobre esas discrepancias, Bernadette respondió: “No, no realmente. Porque, entiéndalo, raramente comemos juntos. Tenga en cuenta que mi marido, como muchos jubilados, hace un horario de monje. Come muy pronto y cena muy pronto, porque se acuesta prontísimo. Todo lo contrario que yo”.

Los sondeos la sitúan como la ex primera dama más popular por delante de Carla Bruni o Danielle Mitterrand

Mujer de fuerte carácter, con vida propia, católica practicante, nacida en una familia burguesa con raíces en la nobleza, Bernadette ha marcado siempre distancias de independencia con su marido. Se conocieron cuando ella estudiaba en la prestigiosa Sciences Po. Se casaron en 1956 pese a la oposición de la familia de ella.

A lo largo de toda su relación, ambos se han apoyado mutuamente en sus actividades públicas. También ella se dedica a la política desde 1979, cuando se convirtió en la primera mujer elegida consejera general (miembro de la asamblea de departamento) de Corrèze. Desde entonces ha ganado con soltura elección tras elección y ahora está decidida a presentarse por séptima vez al mismo cargo en las elecciones regionales del año que viene.

Se lo ha contado al presidente François Hollande en un encuentro privado. “Señor presidente, tengo la intención de ser candidata en 2015”. “Ah, es una buena idea”, cuenta RTL que le respondió el actual inquilino del Elíseo.

En ese palacio, que tan bien conoce Bernadette porque allí fue la primera dama entre 1995 y 2007, “la vicepresidenta”, como también la denominaban entonces, tuvo algunos de los grandes desencuentros con su marido. Ella desplegaba una intensa actividad palaciega. Acudía a todas las recepciones oficiales, acompañaba a Jacques a sus viajes al exterior, ejercía su puesto político en Carrèze y, además, se ocupaba de elegir los regalos para los huéspedes distinguidos o de dirigir los arreglos de una fuente del palacio. Todavía hoy, los sondeos la sitúan como la ex primera dama más popular, por encima de las también bien valoradas Yvonne de Gaulle, Claude Pompidou, Danielle Mitterrand o Carla Bruni.

Su marido no apreciaba nada su papel en el palacio. Ella contó en febrero que, en bastantes ocasiones, Jacques le repetía esta frase durante algunos almuerzos juntos: “¿Qué has hecho esta mañana? Nada, imagino, ¿no?”. La primera dama, contaba a Paris Match, optaba por responder con un inteligente silencio. Si algo no ha sido en su vida Bernadette es una persona indolente. Su inquietud política y social la mantiene hoy en plena vitalidad mientras Jacques, pese a que el matrimonio vive habitualmente en París, prefiere la vida apacible y pasa largas temporadas en el palacete del siglo XVI que adquirieron en Sarran, bautizado Castillo Chirac, en Carréze. Ella fue adjunta al alcalde de ese cantón de Sarran.

Desde allí, asiste regularmente a la asamblea provincial (56 reuniones al año), desde donde aseguran a este periódico que Bernadette “es muy activa”, especialmente en la Comisión de Medio Ambiente a la que pertenece. Algunos la denominan, con buena intención, “el mejor hombre político” de Corrèze. Donde ha gastado más energías ha sido en las labores sociales. Se concienció especialmente en 1973 cuando una de sus dos hijas —tiene también un hijo— sufrió una meningitis y se percató de las pésimas condiciones físicas y sentimentales que soporta una familia cuando un niño es hospitalizado. Ha creado una ONG y una red de centros para esas circunstancias.

Además de sus hijos, Jacques y Bernadette acogieron desde 1979 y durante décadas en su casa a la vietnamita Anh Dào Traxel, abandonada por su familia. Nunca la adoptaron oficialmente, pero para ellos fue una hija más. Los nombres de los hijos de Traxel son Bernard y Jacques.

Bernadette dirige también la Fundación Pompidou y es consejera de LVMH (Louis Vuitton-Moët Hennessy, la primera marca de lujo del mundo). Sin duda, hace años que Jacques ya no le pregunta si no ha hecho nada durante el día.