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“Alimentamos a la gente que tendrá que luchar contra el ébola”

El Programa Mundial de Alimentos trabaja en atender la logística de una epidemia que trasciende los problemas de salud

Pablo Yuste, en el centro, junto al equipo con el que trabajó en la República de Guinea.
Pablo Yuste, en el centro, junto al equipo con el que trabajó en la República de Guinea.

La epidemia de ébola en África es un problema de salud, pero no solo. Destruye mercados, los campesinos dejan de cultivar, los enfermos son tan temidos que muchas personas no quieren ni llevarles comida. Se convierte así también en una crisis alimentaria. Aquí toma cartas el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas que ya anunció el 8 de agosto, con la declaración de emergencia de salud pública internacional por parte de la Organización Mundial de la Salud, que ponía en marcha un dispositivo para evitar una crisis alimentaria en la zona y llegar a más de 1.300.000 beneficiarios. En estos momentos, la agencia de la ONU dedicada a garantizar el acceso a alimento de las poblaciones vulnerables se ocupa del apoyo a África occidental y de otras cuatro emergencias de nivel 3: Siria, Irak, Sudán del Sur y República Centroafricana. En el caso del ébola, el PMA no se limita a su mandato de alimentar y gestionar la logística humanitaria y hasta construye hospitales.

El PMA cuenta con una plataforma logística en Las Palmas de Gran Canaria. Forma parte del operativo del ébola, aunque tangencialmente: se han enviado alimentos y almacenes móviles que se usarán como hospitales desde allí. Su responsable, Pablo Yuste Echarren, acaba de aterrizar recién llegado de la República de Guinea, donde ha pasado un mes y medio coordinando la respuesta humanitaria al brote de ébola en el país. “Damos de comer a los pacientes de ébola”, enumera. “También damos de comer a los contactos de los pacientes que se quedan en cuarentena en las zonas de contención y a sus familias. Hay que tener en cuenta que, en muchos casos, no pueden ni siquiera acercarse a otra gente, que les huyen y no aceptan su dinero, así que no tienen la posibilidad de comprar comida. El PMA se encarga también de mover al personal humanitario en los tres países afectados por el ébola, de las comunicaciones y transportes en las zonas afectadas en cada país, entre países y fuera. Hemos establecido un corredor humanitario desde Dakar para que personal, alimentos y material sanitario lleguen a donde deben”.

Pablo Yuste habla del tema sentado en una terraza, con aire cansado, todavía dolorido por 15 horas de todoterreno por las accidentadas vías de la República de Guinea. Bosqueja un contexto general del estado nutricional del país, compartido por Sierra Leona y Liberia y extrapolable a otros países de la región: 45 % de desnutrición crónica, que ha llevado al PMA a mantener desde hace años un programa regular y oficinas en varios países de la región. Entre otras cosas, garantizan la nutrición de los niños en los comedores escolares.

“La emergencia del ébola es un problema de salud pública mundial, no una epidemia corriente”, precisa. “Los precios de los alimentos han subido en un 12% en Guinea. También afecta a la logística y las comunicaciones: hay puertos que se niegan a descargar y admitir barcos que vienen de la región y aerolíneas que han suspendido sus vuelos, países que han cerrado sus fronteras para aislar la enfermedad. Aparte de los muertos y de los enfermos que se recuperan y que acaban destrozados, muy débiles, hay consecuencias económicas terribles para la región. Se prevé una caída del PIB de entre un 1% y un 4% en un sólo mes. También se agravan problemas anteriores, como los sistemas sanitarios frágiles y un estado de salud medio muy vulnerable. Y además, hablamos de una emergencia que se desarrolla ahora en el periodo de lluvias”.

Estamos prácticamente al principio de la respuesta internacional en este justo instante, 10 meses después de que apareciera el caso cero, seis después del comienzo oficial de la epidemia y dos tras la declaración de emergencia de salud pública por la OMS. En este momento, sobre el terreno, todavía se ven pocos medios y poca gente. Entre las agencias de la ONU presentes en la zona figuran el PMA, Unicef y la OMS. Unicef trabaja en comunicación; la OMS, en el seguimiento epidemiológico. El PMA se ha involucrado en la crisis en sus dos áreas de especialización: logística y alimentación. Además de las tres agencias de la ONU, sobre el terreno funcionan pocas ONG. Fundamentalmente, Médicos sin Fronteras (MSF) y, en mucha menor medida, otras pocas entre las que destacan Médicos del Mundo y la Cruz Roja española, con su hospital en Sierra Leona. Yuste explica que el llamamiento del PMA está cubierto solo en un 36%. La ONU ya habló de 1.000 millones de dólares y se calcula que se necesitan miles de médicos y sanitarios para controlar el brote de ébola en África occidental. Las cifras evolucionan continuamente y se incrementarán con el tiempo.

Yuste opina que, si no se actúa con contundencia, el ébola se convertirá en endémico en la región

“El gobierno de la República de Guinea lo está haciendo muy bien. Hay una buena colaboración con la ONU y el nombramiento del doctor Sekoba Kouyaté como coordinador en Guinea ha sido muy positivo. Es un profesional sólido que toma buenas decisiones. En este país, por ejemplo, no se han dado toques de queda como en Sierra Leona y Liberia. Algo que podría ser negativo, porque confinas a gente sana con infectados y pueden aumentar los contagios. En Guinea se han aislado casos sospechosos, no se ha aislado a barrios enteros. Visité tres centros, en Conakry, Macenta y Guéckédou, que funcionaban muy bien y en los que nosotros poníamos el servicio de comidas”.

Pablo Yuste opina que, si no se actúa de forma inmediata y con contundencia, con un impacto importante en fondos, medios y personal sobre el terreno, el ébola acabará convirtiéndose en un problema endémico de la región. La respuesta ya llega tarde y es, a todas luces, insuficiente. Yuste afirma que, si se ataja un problema al principio, es algo más barato y fácil de controlar, mientras que la solución se encarece y dificulta con el tiempo. La intervención de PMA sobre el terreno, a partir de agosto de este año, se reforzó con unas 1.200 primeras toneladas de alimentos cedidas por Japón. Después, desde Dakar, comenzó a gestionarse la compra y el almacenamiento de alimentos en la región y se empezaron a mover barcos hacia el puerto de Conakry. Al mismo tiempo, se fueron gestionando las labores de estiba y los trámites aduaneros. La oficina regional del PMA en Dakar fue organizando las prioridades y no sólo del ébola: también coordina la respuesta en Mali y en la República Centroafricana.

“El alimento es para los que están bien, para prepararles en el caso de que tengan que enfrentarse a la enfermedad y lo hagan en las mejores condiciones posibles, bien nutridos y más fuertes. También alimentamos a los pacientes que están luchando con la enfermedad, a los que se recuperan y están físicamente muy debilitados, a familias al completo. Antes llegábamos a 30.000 personas al año en la región y ahora hablamos de más de 430.000 en pocos meses. Tenemos una emergencia en la que te manejas con un volumen de 800 o 900 mensajes de correo electrónico diarios. De buscar y comprar comida, de embarcarla, de coordinar camiones y logística al llegar al puerto, de estudiar las carreteras y dificultades del transporte, de llegar a la zona, de identificar objetivamente las necesidades de la población, de definir los beneficiarios, de identificarlos y de distribuir el alimento sobre el terreno”.