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ANÁLISIS

El ímpetu de Madina frente al neófito

Todos evocaron el cambio, ese objeto de deseo de los electores del PSOE

Eduardo Madina se considera muy del PSOE, en el que lleva desde los 17 años (ahora tiene 38), mientras que Pedro Sánchez, de 42, se presenta a sí mismo prácticamente como un neófito en política. Dice que lleva solo año y medio en esa actividad, el tiempo desempeñado como diputado, prescindiendo de su experiencia anterior en la política madrileña. Ayer, el ímpetu de Madina y sus mayores tablas le permitieron llenar la escena un poco más que Sánchez. Entre los dos anda el juego, según aceptó más o menos el tercero, José Antonio Pérez Tapias, que a sus 59 se limita a aspirar a la secretaría general del PSOE y renuncia a todo intento de ser candidato a presidente del Gobierno.

Madina se situó en el atril central y desde esa posición física se mostró comprometido y comprometedor, ayudado —o estorbado— por ese brazo que sube y baja constantemente para enfatizar sus palabras; capaz de poner en un pequeño aprieto a Pedro Sánchez, a quien le hizo decir que él también quiere convocar primarias para La Moncloa en noviembre —Pérez Tapias, lo mismo—, aunque el mensaje principal del madrileño es que el partido ha de preparar muy bien las autonómicas y municipales de 2015.

Sánchez, muy crítico con las reformas del PP, no avala la consulta catalana

El intento de Madina para recoger en positivo la tradición histórica del PSOE, vincularse a la lucha llevada a cabo en Euskadi “bajo los tiros y las bombas” o atribuir todos los casos de corrupción a una sala específica de la Audiencia Nacional se completa con jugadas de político experimentado: se ve en los matices sobre los aforamientos (hay que mantenerlos para asuntos relacionados con la función parlamentaria), la habilidad para zafarse de la pregunta ¿Monarquía o República? —a la que responde: la prioridad es la reforma federal de la Constitución—, las gradaciones sobre las puertas giratorias —no condenar a los ex altos cargos a la muerte laboral, atraer talento a la política—. Para bajar la fiebre en Cataluña, su idea es llamar a Artur Mas en caso de ser elegido secretario general y proponerle un diálogo: ahí se paró, sin dar más detalles que la consabida propuesta federal. En todo caso, un gesto diferente al inmovilismo del Gobierno de Rajoy. Habló hasta de “cerrar el Senado” si no se logra convertirlo en una Cámara de representación territorial, ganándose una reprimenda profesoral de Pérez Tapias que, a fuer de miembro de la corriente Izquierda Socialista, apareció en varios momentos como más institucional que Madina y más clásico defensor del giro a la izquierda. El vasco habló poco de propuestas económicas y sociales.

Todos evocaron el cambio, ese objeto de deseo observado por Metroscopia entre los electores del PSOE. Es verdad que el discurso de Sánchez resultó especialmente acerado respecto a la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, a quien alanceó por el nombramiento de Miguel Ángel Fernández Ordóñez como gobernador del Banco de España o el indulto concedido al banquero Alfredo Sáenz; y desde luego, muy claro respecto a la negativa a avalar la convocatoria de un referéndum independentista en Cataluña, y muy crítico con las reformas de Rajoy. El domingo se verá qué piensa de todo esto la militancia llamada a votar.

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