EL PULSO
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Warhol, Velvet Underground y el milagro de Versalles

Gracias a Warhol, la música pop también pudo ser perversa. Perversa como las chirriantes canciones de Velvet Underground

The Velvet Underground, actuando en Francia.
The Velvet Underground, actuando en Francia.Mick Gold (Getty)

Fue hace 24 años, una tarde nublada de junio. Junto a un château en Versalles, Lou Reed y John Cale interpretaban canciones sobre el que fuera su mentor, Andy Warhol. Horas antes, las limusinas desfilaban y las celebridades se dejaban fotografiar en las inmediaciones de la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo. Se inauguraba Andy Warhol System: Pub-Pop-Rock, la primera exposición que vinculaba al polifacético artista también con la publicidad y el rock. Por eso, en la sección que recreaba la legendaria Silver Factory, se sucedían los fetiches relacionados con Velvet Underground. Discos, carteles, fotos promocionales y la proyección de una película del grupo ensayando con Nico, la enigmática modelo alemana que el artista impuso como cantante al grupo fundado por Reed y Cale a cambio de su apoyo.

Dentro y fuera de aquella Factory de cartón piedra circulaban unos pocos centenares de privilegiados. Y al igual que ocurría en la original, la beautiful people se cruzaba con criaturas de otro universo. Allí estaban los fotógrafos Nat Finkelstein y Billy Name, que también fue asistente del artista, pletórico contando cómo era la vida junto al maestro. Su disposición contrastaba con la de la recientemente fallecida Ultra Violet, ávida de protagonismo y no precisamente por haber tenido un disco con portada de Warhol. Pero el asunto que mantenía en vilo a observadores como yo, un fan infiltrado en calidad de informador, era otro. Cuando Reed y Cale se encontraron con Sterling Morrison y Maureen Tucker, la formación original de Velvet Underground rompía con dos décadas de distancia, aunque solo fuese para almorzar en un elegante salón privado. Mientras se disponía a presentarme a Morrison y Tucker, mi amigo M. C. Kostek, investigador del legado de los Velvet, contó que éste, dolido con Reed desde años atrás, no había llevado su guitarra y solo tocaría si su excompañero se lo solicitaba. Unas horas después, Reed y Cale interpretaban canciones de Songs for Drella, el álbum que grabaron como homenaje a Andy, por sugerencia de Julian Schnabel. Al terminar, Reed anunció “una pequeña sorpresa” mientras Morrison y ­Tucker subían al escenario. A continuación The Velvet Underground interpretó Heroin.

Aquella especie de milagro –antes de Internet, sin las ofertas millonarias que propicia un nuevo público, los grupos que terminaban mal no se reunían así como así– corroboró lo mucho que la música pop le debía ya entonces a Warhol. Más allá de la famosa portada del plátano, una de las pocas capaces de competir en popularidad con la de Sgt. Pepper’s –firmada por otro mago del pop art, Peter Blake–, para el debut de los Velvet, su idiosincrasia contagió a las generaciones del glam y el punk, y también a sus sucesores, que optaron por lanzar su mensaje sin que importara cómo, jugaron con la ambigüedad sexual, mezclaron lo vanguardista con lo asequible. Gracias a Warhol, la música pop también pudo ser perversa. Perversa como las chirriantes canciones de Velvet Underground, de las cuales Bowie y Patti Smith aprendieron tanto y gracias a las cuales el rock and roll se aproximó más al arte y la literatura. Aquella tarde, la plateada sombra del difunto Warhol revivió a un mito. Otra señal del alcance de un influjo que, a fuerza de estar tan presente –en portadas, vídeos, entrevistas, actitudes…–, a veces no logramos ver.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS