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Erradicando la polio entre las comunidades afganas

Un día muy feliz en esta lucha fue aquel que, rodeada de los mulahs de Kabul, los veía convencidos de que debían seguir contribuyendo a la erradicación de la polio en su país porque, como les dije, ellos tienen la llave de la solución

Carmen Garrigós, durante una campaña de vacunación en Afganistán.
Carmen Garrigós, durante una campaña de vacunación en Afganistán.

Vivo en el compound de UNOCA (United Nation's Operations Center for Afghanistan), donde los humanitarios de UNICEF y otras agencias de las Naciones Unidas tenemos nuestras oficinas y residencia. En esta torre de Babel me siento lo que soy, ciudadana del mundo. Alicantina de Ibi, donde se fabricaban juguetes que 'repartían' felicidad a los niños de nuestras generaciones. Yo formé parte de ese grupo de trabajadores jugueteros y, hoy, vivo en el país más traumatizado del mundo, Afganistán, pero con el mismo propósito: 'regalar' felicidad a la infancia local. Sigo, a mis casi sesenta años, siendo una trabajadora de la infancia.

"Las nubes están preparadas para regar el suelo'' es la frase que, calladament, he pronunciado hoy, un día cualquiera de febrero, cuando solo eran las seis de la mañana. Con el cuerpo lavado por la suavidad de una esponja de nacionalidad desconocida y los labios de color carmín, le he dicho buenos días a mi vecino y compañero Sidiki. Juntos hemos avanzado por la calle Ancha del UNOCA, cuyos muros, alambradas, torres de vigilancia y refugios antiaéreos nos recuerdan que vivimos en un país en guerra.

He saludado a los compañeros con las palabras Salam Malekun y con el fular al cuello me he sentado delante de esta pizarra que hemos acordado llamar ordenador. A seguir trabajando para que la polio desaparezca de este país y del mundo entero.

Un día muy feliz en esta lucha fue aquel que, rodeada de los mulahs de Kabul, los veía convencidos de que debían seguir contribuyendo a la erradicación de la polio en su país porque, como les dije, ellos tienen la llave de la SOLUCIÓN: sus palabras son respetadas por todos y llegan a todas las casas. La mayoría, con sus barbas encanecidas y sus turbantes, me recordaban que ellos son los guardianes de esta sociedad, y que tenemos que seguir reforzando nuestros lazos con el sector religioso de este maravilloso, pero dolorido país.

Son estos lazos los que consiguen extender la vacunación, liberando a los niños de la tragedia de la polio. Cada día, la tristeza delante de la foto del último niño cuyas piernas han sido atacadas por el virus y nunca va a poder meter goles ni ganar carreras con sus amigos. ¿Por qué? ¿Por qué no pudimos evitarlo? Rabia y frustración ante cada niño que aún tiene que padecer esta enfermedad tan cruel, pero después me digo "Carmeta, anem, agafa forces i a fer-lo millor!".

A la puerta de unas elecciones presidenciales, de camino al Ministerio de Salud mis compañeros afganos charlan sobre los candidatos. Yo solo pido que el nuevo gobierno venga con la Paloma de la Paz, la de Picasso, que tanto necesita esta población. Como humanitaria, 'votaré' mentalmente por el candidato que sea capaz de respetar los derechos de los 'afganitos y afganitas'. Sus ojos reclaman un futuro desarmado, donde se respeten los derechos de las mayorías y de las minorías que forman el mapa del Afganistán. Mis pasos, nómadas, siguen pisando suelo afgano con la ilusión de que contribuyo, contribuimos, a mejorar lo mejorable, la vida dels xiquets. Que gane el mejor, que gane la voz de los sin voz, pero que de una vez y por todas callen las armas y se sequen las lágrimas que las acompañan.

Los periodistas de la BBC nos informaron en uno de sus programas de las andanzas de Bill Gates, a quien hay que agradecer que se haya sumado a la lucha contra la polio y otras enfermedades, en resumen, a la lucha por un mundo más equitativo. Señor Gates, siga repartiendo la convicción de que el cambio es posible, a pesar de las toneladas de reticencia. Yo, desde este trocito de Kabul, le apoyo, comparto sus sentimientos dirigidos a mejorar de las condiciones de vida de la humanidad, en especial, de los más desfavorecidos.

En Afganistán las agencias especializadas en la lucha contra la polio son principalmente UNICEF y la OMS. Nuestro mandato es apoyar las tres fases críticas del programa: planificación, ejecución y evaluación. Me siento orgullosa de formar parte de este reto: terminar con el virus de la polio en Afganistán, porque sigue mutilando futuros, paralizando los miembros de los niños no vacunados. Hemos hecho progresos pero el virus sigue peleando, en especial en la parte este, fronteriza con Pakistán. No frenará nuestros esfuerzos para aumentar siempre el número de niños vacunados en cada campaña. Es la única forma de alcanzar nuestro objetivo: ¡un Afganistán sin polio!! Estamos orgullosos de los equipos de vacunación, entre los que hay mujeres (sobre todo en las zonas urbanas) y que son capaces de llamar a cada puerta y ofrecer las dos gotas 'mágicas' de la vacuna contra el virus de la polio.

Junto a ese orgullo, qué impotencia tan grande cuando leí que había una manifestación de mujeres afganas por sus derechos, humanos, y yo por motivos de seguridad no podía estar junto a ellas. ¡Pero lo estoy desde aquí, dispuesta a seguir levantando el lema de vuestra bandera con Simone de Beauvoir para que cuenten con nosotras!

Carmen Garrigós es jefa del Programa contra la Polio en Afganistán.