Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El intérprete que oía voces y veía ángeles

Thamsanqa Jantjie, de 34 años, asegura que sufrió un brote de la enfermedad para la que recibe tratamiento psiquiátrico. Explica que empezó a oír voces y tener alucinaciones que le impidieron interpretar los discursos

¿Fabulador, cuentista, impostor, o acaso enfermo? Thamsanqa Jantjie, el intérprete de lengua de signos que el martes intentó traducir los discursos de los mandatarios asistentes al funeral de Nelson Mandela, aseguró ayer para explicar su extraño desempeño que sufrió un episodio de esquizofrenia —“oía voces, veía ángeles”, adujo— que le impidió seguir los discursos de homenaje al expresidente sudafricano en el estadio Soccer City de Johanesburgo. Un argumento peregrino para explicar su sobreactuación en el discurso de Obama, durante el que el intérprete, de 34 años, se llevó la mano al cuello varias veces, como en un signo de ahogo o asfixia.

La versión de la polifonía o la visión de ángeles podría resultar asumible de no suscitarse un problema de seguridad añadido: ¿quién era ese tipo que se coló durante casi cinco horas entre los líderes del mundo y tradujo entre aspavientos las palabras de Obama a dos pasos de él? La empresa que supuestamente le contrató, SA Interpreters, estaba ayer desaparecida, como si nunca hubiera existido, mientras el Gobierno sudafricano admitía el error e iniciaba una investigación para averiguar qué filtros de seguridad fallaron en la identificación de una persona cuyo perfil no parecía suficientemente acreditado.

Los sudafricanos oscilaban ayer entre la risa, la indignación y la conmiseración hacia Jantjie, pero sentían herido el orgullo patrio por haber hecho el ridículo ante el mundo. Los más agraviados fueron los directamente implicados, sordomudos e intérpretes. “Fue un fraude total y absoluto”, dijo Cara Loening, directora de una escuela de lengua de signos de Ciudad del Cabo; “sus movimientos no tenían nada que ver con el lenguaje de signos, solo agitaba sus manos”.

La viceministra de Mujeres, Niños y Discapacitados, Hendrietta Bogopane-Zulu, se limitó a disculparse, pero eludió responsabilidades señalando que el intérprete fue contratado por una empresa ajena al Gobierno (y que por cierto pagaba bastante menos de lo estipulado por este tipo de servicios). “No es un intérprete profesional, pero no nos lo hemos encontrado en la calle (...) No creo que el país deba sentirse avergonzado”, dijo la viceministra. Bogopane-Zulu añadió que el traductor, que toma medicación para su trastorno, empezó su trabajo bien, pero “poco a poco se fue sintiendo cansado” y, a pesar de que la “recomendación” era cambiarlo cada “20 minutos”, continuó toda la ceremonia. Además, su lengua materna es el xhosa, “y el inglés fue un poco demasiado para él”, según la viceministra.

En declaraciones a la edición digital del diario The Star, el supuesto intérprete, con experiencia previa en este tipo de actos —trabajó en el funeral de Albertina Sisulu, viuda del célebre activista antiapartheid Walter Sisulu, en 2011—, indicó no estar seguro de lo que pasó y barajó dos posibles razones de que sus signos no tuvieran sentido alguno: quizá le sobrepasara la magnitud del evento o le embargara un exceso de felicidad durante todo el día, una sobreexcitación fatal para su trabajo. “Estoy absolutamente contento con mi trabajo. He sido un campeón en la lengua de signos”, declaró después a la radio 702.

En la calle no sabían cómo encajar el caso. Si llorar o reír. “Pues si está enfermo, que le hubieran bajado del escenario para no dejarnos en evidencia como un país de payasos”, se quejaba ayer Mpho Ntusi mientras leía la entrevista de The Star en una cafetería de Johanesburgo. El ambiente general en ese local era, sin embargo, de broma, aunque Marie van der Merwe se planteaba qué hubiera pasado “si en lugar de jugar con sus manos saca una pistola o se pone violento”. Ese argumento, el de una seguridad más que vulnerable que permitió la presencia de individuos como Jantjie junto a Obama o al propio presidente sudafricano, Jacob Zuma, recorrió ayer como un escalofrío las cancillerías occidentales, aunque no ha habido ninguna reacción oficial.

Nicola Columbine ponía precisamente el acento en esto y aseguraba que lo del intérprete es un ejemplo más de que “el Gobierno y el presidente Zuma no saben estar a la altura, incluso en un momento tan trascendental para todos como la muerte de Madiba”. Eso sí, concedía bromeando Columbine, el país “no es perfecto y nunca te aburres”.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información