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Los deportistas españoles pasan del chándal ruso a la pasarela Cibeles

Tras la polémica de los Juegos Olímpicos, el CSD llega a un acuerdo con la Asociación de Creadores de Moda para vestir a los atletas en actos públicos

De izquierda a derecha, las jugadoras de baloncesto Ángela Salvadores y Belén Arroyo, vestidas de Custo Barcelona; Sara Rodríguez, de Purificación García y Amaya Valdemoro, de Ángel Schlesser.
De izquierda a derecha, las jugadoras de baloncesto Ángela Salvadores y Belén Arroyo, vestidas de Custo Barcelona; Sara Rodríguez, de Purificación García y Amaya Valdemoro, de Ángel Schlesser. EFE

Un deportista vestido por un diseñador de su mismo país en un acto público no debería ser noticia, pero lo es. Al menos en España. Después de la polémica que suscitó el uniforme olímpico perpetrado por la firma rusa Bosco, que el Consejo Superior de Deportes (CSD) y la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME) hayan llegado a un acuerdo despierta un interés justificado.

Según el presidente del organismo estatal, Miguel Cardenal, esta acción se inscribe dentro de una estrategia más amplia que busca aumentar la visibilidad de los atletas de disciplinas minoritarias. “Este tipo de colaboraciones llama la atención de marcas y empresas sobre todos esos deportistas que no pertenecen al mundo del fútbol y, por ende, pueden ayudar a que consigan financiación", explica Cardenal.

El pasado miércoles siete baloncestistas de distintas categorías asistieron a una recepción en el ministerio de Deportes enfundadas en creaciones de Angel Schlesser, Roberto Verino o Adolfo Domínguez, entre otros modistos patrios. “La increíble repercusión mediática” que tuvo este pequeño acto habla -en palabras de la directora ejecutiva de ACME, Pepa Bueno- “de las ganas que existen de que se produzca esta unión”, y refrenda las expectativas del presidente del CSD.

“Es un acuerdo positivo para ambas partes. A nosotros nos permite tener repercusión en medios y ámbitos en los que no solemos ser protagonistas, y lo mismo les sucede a los diseñadores", resume Cardenal. Sin olvidar, aspectos más prosaicos pero no menos importantes: vestirse para estos eventos supone un gasto y un esfuerzo que los jugadores se ahorran. Y lo hacen, en opnión de Bueno, con alegría: “Sé que las chicas están encantadas con los diseños. El objetivo ahora es prestar piezas del mayor número de creadores posibles para el Premio Nacional del Deporte", que se celebrará el dos de diciembre en el Palacio de El Pardo y al que asistirán los Príncipes de Asturias.

El germen de esta colaboración se retrotrae, según cuenta el presidente de ACME Modesto Lomba, a la reunión que el Secretario del Estado para el Deporte convocó en plena crisis de los uniformes con la intención de “tantear la posibilidad de que, en los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, sea un modisto español quien diseñe la equipación, aunque Bosco continúe ocupándose de su fabricación”, ya que relación con el Comité Olímpico Español no expira hasta finales de 2016.

En 2010, el COE decidió, sin concurso previo, conceder a esta empresa rusa la fabricación del uniforme olímpico. Pero la polémica no estalló hasta que en mayo de 2012 se dio a conocer el pintoresto diseño que los atletas lucirían en Londres. “Teniendo seis millones de parados y una crisis económica que los medios internacionales recuerdan a diario, escoger una firma extranjera para elaborar la equipación transmite la imagen de que no tenemos creatividad ni capacidad empresarial para hacerlo nosotros mismos”, se quejaba entonces Ángel Asensio, presidente de la Federación de Empresas de la Confección.

“Hace unas semanas volvimos a mantener una conversación sobre cómo establecer sinergias que pusieran en valor a deportistas y diseñadores, y surgió esta idea tan sencilla y tan osada al mismo tiempo", cuenta Lomba. Esta alianza que no responde a ningún contrato legal se materializó por primera vez el 29 de octubre en la entrega de la Real Orden del Mérito Deportivo, a la que la nadadora Ona Carbonell acudió vestida de Devota&Lomba.

El presidente del Consejo Superior de Deportes niega que este pacto pretenda “reparar” el agravio sufrido por la industria textil española con el Boscogate. “Aunque no hubiese pasado lo de Bosco, habríamos hecho lo mismo. Lo sucedido en Londres ha sido solo el pretexto que nos ha permitido encontrarnos”.

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