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EDITORIAL

Otra ocasión perdida

El ministro Wert saca adelante la Ley de Educación sin lograr el consenso prometido

En su discurso de investidura, el presidente Mariano Rajoy se comprometió a buscar el más amplio consenso posible para redactar una nueva ley educativa destinada a combatir el fracaso escolar. Pero la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa impulsada por el ministro José Ignacio Wert, se aprobó ayer con los únicos votos del PP y las abstenciones de Foro Asturias y UPN. Es un fracaso. La nueva ley no cuenta con los apoyos necesarios para ser duradera y nace con amenaza de fecha de caducidad: la oposición ha anunciado ya que la derogará en cuanto le sea posible.

La de Wert es la séptima ley educativa que se aprueba en democracia y es quizá la que mayor rechazo ha suscitado. Ni las dos huelgas generales convocadas, la última de ellas apoyada por todos los sectores de la comunidad educativa, ni el correctivo del Consejo de Estado han sido capaces de romper la férrea determinación del ministro. La regulación de la materia lingüística augura, además, nuevos focos de conflictividad que hubieran podido evitarse.

España ha perdido una nueva oportunidad de romper la nefasta dinámica que ha imperado hasta ahora: la incapacidad de los sucesivos Gobiernos de pactar un modelo educativo para varias generaciones, lo suficientemente sólido como para perdurar y lo suficientemente flexible como para ir corrigiendo las carencias. A la nueva ley le sobra ideología y le falta elasticidad, todo ello poco adecuado para las exigencias sociales. Resucitar el sistema de reválidas al final de ciclo o adoptar la decisión centralizada de los currículos es volver a un modelo extraño a la actual sociedad del conocimiento.

Es cierto, como pregona el objetivo de la ley, que es necesario introducir cambios que favorezcan y promuevan la cultura del esfuerzo y que mejoren el rendimiento. Pero hay que asegurarse de lograrlo con procedimientos que no pongan en riesgo la equidad social. En el contexto de recortes en el que se aplicará la ley, con más alumnos por clase y menos recursos para atender a los escolares con necesidades educativas especiales, la rígida barrera de las reválidas puede convertirse en un mecanismo de expulsión de los alumnos más desfavorecidos.

Dependiendo de cómo se aplique, la segregación temprana puede convertirse en una forma sacar a los alumnos con más dificultades de los itinerarios marcados. De cómo se articule la nueva formación profesional y los recursos que se le destinen dependerá que sea una vía de integración y no de exclusión social.

El último informe de la OCDE sobre competencias básicas en adultos muestra que los mayores niveles de comprensión lectora se asocian con los mayores niveles salariales, y eso depende de la calidad del sistema educativo y de la formación continuada. Un país no solo necesita élites bien formadas. Para prosperar, necesita que todos sus ciudadanos reciban la mejor educación posible.

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