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El acento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Antipatías futbolísticas

Hay aficiones enfrentadas que ofrecen asimetrías definitorias

MARCOS BALFAGÓN

El fútbol cristaliza odios y querencias en capas geológicas perennes. Bien pocos de los entendidos de fútbol —en España entender de fútbol consiste en discutir ad nauseam si Messi es mejor que Cristiano Ronaldo o recordar la fecha del último penalti que robaron al equipo propio— podrían asegurar que el equipo que suscita más simpatías entre las aficiones de primera y segunda división es el Málaga, medida la simpatía por la diferencia entre los aficionados que lo cuentan entre sus tres equipos favoritos y quienes lo tienen entre los tres menos queridos; parece además que el club más antipático de España es el Real Madrid; el segundo más repudiado es el Barcelona, y el tercero, el Atlético de Madrid. Todo esto y más dice la encuesta realizada por Ikerfel en 20 campos de Primera División y 22 de Segunda que acaba de publicar el diario As. A partir del trabajo estadístico, cuyo valor científico no momento para discutir, puede juguetearse con una sociología que coincide a grandes rasgos con los prejuicios millones de veces fatigados en la barra de un bar.

Por ejemplo, resulta que la afición del Atlético de Madrid mantiene una hostilidad africana hacia el Real Madrid (el 94% de los consultados atléticos odia a su vecino de capital, casi un récord mundial). Hay aficiones enfrentadas que ofrecen asimetrías definitorias. Los aficionados del Athletic sienten menos antipatía por la Real Sociedad que los del equipo guipuzcoano por el bilbaíno; y lo mismo sucede, aunque más atenuado, en el caso del Betis y el Sevilla. ¿Reflejan estas diferencias un complejo de inferioridad?

Además de evidencias, la encuesta sugiere preguntas. ¿Cómo explican el rechazo los equipos antipáticos? Seguro que no por la prepotencia y malos modos de sus jugadores, a la grosería o violencia del entrenador, a la falta de tronío cuando ganan y de temple cuando pierden. Ni hablar. La primera maniobra de diversión es negar los hechos; la antipatía se debe bien a malentendidos, bien al temor. La segunda, atribuir los resultados a una conjura. A ser posible, de los medios de comunicación. Nada hay que se parezca más al discurso oficial futbolístico que la retórica del charlatán.

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