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EL ACENTO

El arte de la baronesa

El conflicto desatado por la venta de 'La esclusa' de Constable demuestra que el valor de la pintura no se mide solo en euros

Si la baronesa Thyssen hubiera vendido una de sus casas o uno de sus coches, seguramente nadie habría puesto objeción alguna. Vender un cuadro, una pieza maestra del paisajista inglés John Constable, tiene otras muchas implicaciones sobre las cuales Carmen Cervera se ha visto obligada a dar explicaciones. Debe ser que el precio del arte no se mide solo en euros.

Desde el punto de vista legal, la baronesa Thyssen estaba en su derecho de vender La esclusa de Constable porque es una parte de su colección cuyo precio no excede del 10% del valor de la colección completa. Los casi 25 millones de euros que ha logrado con la subasta del cuadro suponen solo el 4,2%, lo que, por cierto, indica que el arte que atesora esta mujer roza el valor de los 600 millones de euros, una cifra estratosférica para el común de los mortales que no evita, sin embargo, que su propietaria también pase a veces apuros. “Los ricos también están en crisis”, ha dicho para justificar su decisión de desprenderse del constable.

La reacción del Ministerio de Cultura, disgustado por esta venta, recuerda a la de la Generalitat de Catalunya con las fotos de Agustí Centelles. No se ha interesado por la mercancía hasta que otro no ha pagado por ella. La actitud de Francesca Thyssen, la única hija del barón ya desaparecido, tampoco ha sido muy original. A raíz de la subasta, ha arremetido contra su madrastra con grotescos argumentos. Dice que no tiene gusto y que su único título es el de Miss España, lo que viene a evidenciar que también los millonarios se enzarzan en peleas de patio de vecinos.

De esta tormenta en torno al arte y su precio cabe colegir que la crisis es mala para todos. El Gobierno no está ahora en disposición de pujar por una obra que no es suya pero que podía custodiar y exhibir en el Museo Thyssen; la baronesa, que ha hecho posible que España acoja desde 1993 los cuadros de su marido y los suyos, colecciones ambas muy importantes, se ha desprendido de una de sus joyas y ha sido criticada con dureza porque nos habíamos hecho la ilusión de que el cuadro era de todos. Quizá el nuevo propietario del constable se lo piense mucho antes de desvelar su identidad.

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