THE ECONOMIST

Chen, China y América

En momentos excepcionales, el futuro de una nación, incluso tratándose de una formada por 1.300 millones de almas, puede estar atado al destino de una sola persona. Es posible que China atraviese por una circunstancia de esta naturaleza y la persona en cuestión sea Chen Guangcheng, un activista ciego que salió de la pobreza, pidió justicia y pagó el precio de perder su libertad. El mes pasado hizo una apuesta por la libertad y quedó atrapado en la maquinaria impersonal de la política de las superpotencias. Lo que les suceda a él y su familia plantea interrogantes sobre las relaciones bilaterales con EE UU y sobre el carácter del poder chino.

En muchos sentidos, Chen encarna lo mejor de la China moderna; ciego, con escasa formación de niño y autodidacta de adulto, se convirtió en abogado, una carrera nada segura en un país en que el poder siempre tiene razón. (…)

La querella diplomática que por cuenta de Chen mantienen China y EE UU plantea dos interrogantes profundos sobre su país. El primero es si sigue anteponiendo sus relaciones con EE UU a cualquier otra consideración. (…) China es más fuerte que nunca y América está debilitada. Castigar a Chen y humillar a Obama serían señales de un problemático cambio de tornas en las relaciones de estas superpotencias. (…)

El segundo interrogante es cómo se gobierna el país. (…) Durante mucho tiempo, a los chinos les han preocupado menos los problemas con la legalidad que la mejora de su calidad de vida, (…) pero ya se nota una mayor presión para reforzar el Estado de derecho (...).

Londres, 4 de mayo

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