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"Voy a ir hasta Roma"

Decenas de feligreses arropan al cura de Fuenlabrada en su primera misa 'en rebeldía'.- El obispado niega haberle obligado a ir a terapia, a pesar de que así consta en la carta que le envió

El sacerdote Andrés García Torres, párroco de la localidad madrileña de Fuenlabrada, tiene claro que va a ir hasta el final para demostrar que ha sufrido un "trato vejatorio" por parte de la Iglesia, que le ha obligado a someterse a un "peritaje psiquiátrico" y que le ha apartado de su parroquia por haber mantenido, supuestamente, una relación homosexual con un seminarista. "Voy a ir hasta Roma si hace falta", ha asegurado esta mañana a la salida de su primera misa en rebeldía en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, a la que ha acudido arropado por sus fieles, muchos más de lo normal.

El obispado de Getafe, del que depende Fuenlabrada y que asegura haberle apartado "por motivos pastorales", ha negado en un comunicado que se le obligara "en ningún momento" a acudir a terapia -"si él ha acudido ha sido de manera voluntaria", sostiene-, lo que contradice la carta que dicho obispado le envió el 11 de noviembre, en la que se dice literalmente: "Decretamos imponer, sin dilación alguna, las siguientes medidas cautelares". La cuarta de estas establece "designar a un perito psiquiatra para que proceda a un peritaje directo sobre el sacerdote afectado" y les presente "informe del periciado y la terapia que proceda en este caso".

Interrogado "de forma denigrante"

El cura acudió al psiquiatra designado por el prelado que, según su versión, le interrogó "de forma denigrante". "Me preguntó si mis padres me habían violado de niño o si les había visto tener relaciones sexuales entre ellos", explica. El médico le prescribió, entre otras pruebas, la de detección del VIH. La terapia que deberá seguir, "conforme a los postulados de la antropología cristiana" -como dice la orden del obispo-, aún no la conoce. Tampoco ha visto el informe del psiquiatra. Además, el sacerdote ha sido "apartado, temporalmente, de todo ejercicio del ministerio presbiteral" y se le prohíbe hasta la residencia en Fuenlabrada. Las sanciones, explica la carta del obispado, se deben a "la realización de actos de tipo gravemente irregular". Según el párroco, en una reunión a la que el obispo le citó el 24 de enero, se le comunicó que esos actos irregulares aludían a una relación homosexual con el seminarista.

En respuesta a las preguntas de EL PAÍS, una portavoz del obispado asegura que "no le consta" que el joven con el que le acusan de haber mantenido una relación, Yannick Delgado, "sea seminarista". Sin embargo, Delgado, de 28 años y origen cubano, afirma que estudió en el Seminario de Getafe desde 2006 a 2007. En la reunión con el obispo, según el sacerdote, se le mostró una fotografía en la que ambos aparecen solos, agarrados por el hombro y con el torso desnudo durante un viaje a Fátima. Esa era la supuesta prueba. "Hacía mucho calor y estábamos sin camiseta, ¿qué es este puritanismo? ¡Estamos en el siglo XXI!", protesta García Torres que, al igual que Delgado, niega mantener o haber mantenido una relación más allá de la amistad. La imagen que supuestamente le mostraron, asegura, solo la tenían ellos y desconocen cómo llegó a manos del obispado. "Estaba en mi ordenador, ni siquiera la subí a Facebook", dice Delgado. Los tribunales han fallado en multitud de ocasiones que la Iglesia puede, por ejemplo, despedir a un profesor de religión por su vida privada, pero lo que no puede hacer es investigarla.

Aunque en principio García Torres iba a acatar las órdenes de alejarse de su parroquia y de su pueblo y de entregar ayer por la tarde las llaves de la iglesia, el apoyo de sus feligreses, que recogen firmas en su defensa, le ha hecho cambiar de opinión. De hecho, a las once y media de la mañana ha celebrado una misa en rebeldía, a la que han acudido muchos parroquianos, algunos emocionados, y muchos medios de comunicación.

"Estoy muy nervioso, pero me llena de alegría que la Iglesia se haya llenado de gente", ha asegurado al término de la misa García Torres, que sigue hoy al frente de su modestia parroquia de Fuenlabrada, ciudad situada a 22 kilómetros al sur de Madrid y de 205.000 habitantes. Los feligreses, en su mayoría mujeres, le han rodeado a la entrada del pequeño templo de ladrillo visto mientras él contaba su caso a los medios. En varias ocasiones el cura ha tenido que parar su relato por los murmullos y exclamaciones de los vecinos, sobre todo cuando ha explicado las sesiones con el psiquiatra. "!Es horroroso!", "!Cómo le hacen esto!", se escuchaba.

"Estoy muy afectada", decía Faustina Nicolás, una de ellas, visiblemente emocionada, "son acusaciones falsas, era lo único con lo que le podían atacar", añadía con una carpeta con las firmas recogidas en la mano: "Llevamos ya unas quinientas". Otros comentaban la noticia en corrillos y destacaban las bondades del párroco, como que mantiene abierta la Iglesia casi todo el día. "Haremos lo que haga falta para ayudarle", aseguraban.

El párroco presentó el pasado 27 de junio un recurso contra la orden que le cesa, que considera "inválida" porque no está "suficientemente motivada". Mientras espera la decisión del obispado a su recurso, Andrés García Torres seguirá abriendo la parroquia y dando misa como todos los días.