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La memoria de Chamberí

Una exposición resucita un siglo de recuerdos de la vida del barrio en el Centro Cultural Galileo

Transición entre el Madrid de las callejuelas empedradas y retorcidas del centro y las grandes avenidas de intenso tráfico y rascacielos, Chamberí se perfila como un barrio castizo y señorial, elegante y tranquilo. Su esencia se mantiene viva, pero para el que quiera conocer más de cerca sus orígenes y su historia, el Centro Cultural Galileo acoge la exposición Chamberí en blanco y negro, una colección fotográfica de distintas instituciones y agencias que repasa el pasado del barrio entre 1875 y 1975.

Un barrio de ilustres personajes cuyo legado aparece explicado en imágenes en la muestra. Puede verse a Sorolla sentado con su familia en el porche de su casa. Casa que luego albergaría el Museo Sorolla de Madrid, en el palacete del paseo del General Martínez Campos. Vecino de Sorolla fue el poeta Pablo Neruda, que habitó en la llamada "Casa de las flores", que en una de las instantáneas aparece destrozada por los bombardeos en 1938. Por su salón pasaron Federico García Lorca y Luis Cernuda. Después de la Guerra Civil, Neruda nunca regresó a Madrid. Le destrozó ver su casa después de la guerra en un último viaje junto a Miguel Hernández: "aquel desorden era una puerta final que se cerraba en mi vida".

La exposición, a pesar de su sobriedad, invita al comentario. La nostalgia de los que la visitan llena la sala de comentarios. "Una de las primeras pastelerías Mallorca la abrieron en Quevedo. Mi madre me compraba unas rosas de hojaldre para merendar cuando salía del colegio", explica una señora mientras observa el aspecto hace 80 años de la glorieta del escritor, con pocos coches y aspecto provinciano. El mismo provincianismo que transmite una toma del paseo del General Martínez Campos atravesado por ovejas y cabras.

Pero también están en la exposición las ráfagas de modernidad de Chamberí: el levantamiento de las torres gemelas de Colón -en su momento figuraron en la lista de los edificios más feos del mundo-, la calle Génova y la glorieta de Bilbao llenas de zanjas por las obras del metro en las primeras décadas del siglo XX y la primera gasolinera en la que trabajaban mujeres en Bravo Murillo, conocida como "la gasolinera de las niñas".

Pero el barrio también tiene su lado fantasmal, en cuanto a lugares abandonados. En la muestra puede observarse la estación de Metro de Chamberí en funcionamiento meses antes de que fuese cerrada en 1966 o la funeraria de Galileo, un edificio de ladrillo sobre el que pesan oscuras leyendas, y que hoy es el propio centro cultural en el que se exhibe la exposición. Otros edificios retratados simplemente han quedado en la memoria, porque desaparecieron. Es el caso del cine Chueca - que ocupaba el número 8 de la plaza de Chamberí- y el cine Bilbao -luego Bristol, y ahora sala de ensayos del Teatro de la Zarzuela-. Una de las instantáneas que mejor refleja estos cambios es la del mercado de Olavide, que ocupaba toda la plaza del mismo nombre, y que aparece en la foto en plena voladura. Imagen brusca de los cambios que introdujeron al barrio en una nueva era, pero que nunca le hicieron renunciar a una identidad que aún hoy pervive en sus calles.