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Dos bodas en el pazo

La bisnieta de Franco se casa en el Pazo de Meirás mientras fuera se realiza una parodia del enlace

La bisnieta de Franco se ha casado este viernes por la tarde en la la capilla del pazo de Meirás, el mismo lugar donde lo hicieran sus padres. Al mismo tiempo, en el exterior del palacete del siglo XIX se ha celebrado otra boda, en esta ocasión, a cargo de la Comisión por la Recuperación da Memoria Histórica da Coruña (CRMH). Se ha tratado de una dramatización del casamiento del interior del pazo, un acto simbólico para mostrar cómo la familia del dictador sigue controlando el palacete aunque esta semana se hayan comenzado los trámites para convertir el edificio en monumento de interés nacional.

La ceremonia que ha unido a Leticia Giménez-Arnau Martínez-Bordiu con su novio americano ha estado vigilada por la policía para que la boda paralela no molestase a los 300 invitados, a los que la prensa no ha podido tener acceso cuando entraban en el edificio, y las cámaras de televisión para que las imágenes queden para la posteridad.

En el exterior no había límite de aforo, por lo que todo aquel que quisiese podía acercarse al enlace organizado por la CRMH y compartir tortilla, empanada y pulpo con la feliz pareja. En total, unas cuatrocientas personas, entre curiosos y miembros de la CRMH, se han concentrado a la entrada de las dos puertas del pazo de Meirás, a los que se han sumardo además alrededor de medio centenar de medios de comunicación, gallegos y nacionales, especialmente cámaras de televisión.

En este acto no ha faltado la presencia de un actor disfrazado de Franco, que ha llegado al exterior del recinto al mismo tiempo que los invitados a la boda de la bisnieta. En la parodia, el caudillo ha acompañado a la novia como padrino, y ha sido escoltado por un destacamento de la Guardia Mora y recibido por el jefe provincial del Movimiento Nacional y por otras autoridades.

Al finalizar el evento, Manuel Monge, presidente de la CRMH ha recordado que "el pazo no fue un regalo al caudillo, sino un impuesto revolucionario", algo que ya fue puesto en práctica hace años "y de lo que los terroristas son puros aprendices", ha añadido.

El enlace ha coincidido en la misma semana en la que la consellería de Cultura de la Xunta ha iniciado el procedimiento para convertir el edificio en un monumento público. A partir de ese momento podría ser visitado por los turistas y la familia no podría disponer de él sin un permiso del gobierno autonómico.