PRECARIEDAD LABORALOpinión
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Las horas (docentes universitarias)

El profesorado asociado materializa los trabajos basura, pues imparte más del 50% de la enseñanza de grado —el necesario—, cobra y cotiza poco

Examen en la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, el pasado enero.
Examen en la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, el pasado enero.KIKE TABERNER
Vicent Monroig|Teresa Samper

Un tema crítico, estos días, es la movilización del personal temporal contratado por las Administraciones públicas, sobre todo, con relaciones laborales de más de tres años. La Unión Europea ya ha llamado, varias veces, la atención a los sucesivos gobiernos españoles. Tomemos como ejemplo de Administración Pública a las Universidades, ahora que, con el cierre del curso académico, se encuentran diseñando los Planes de Ordenación Docente (POD). Unos planes donde se establecen los repartos de las asignaturas del próximo curso entre el profesorado estable y el profesorado con contrataciones sucesivas, esto es, el profesorado asociado.

Para naturalizar la disparidad en salarios y reconocimientos académicos entre ambos tipos de docentes, una mirada interesada nos convence de que las diferencias entre el profesorado estable y el profesorado asociado se asientan en un trabajo docente totalmente distinto tanto en su contenido como en su intensidad. Si así fuera, en esos POD universitarios, impartiríamos asignaturas distintas con obligaciones diferentes. Veámoslo.

Si bien la figura del profesorado asociado se creó por ley en 2001 para aportar la experiencia profesional a la Universidad española, actualmente, y desde 2010, el profesorado asociado imparte las asignaturas de la singular implantación en España del Plan Bolonia. La realidad material es que esas asignaturas son las mismas que imparte el resto del profesorado universitario, el estable, puesto que no hay otras. Lo más destacable de las asignaturas euro-homogeneizadas del Plan Bolonia es que al profesorado les llegan ya confeccionadas desde los objetivos y temarios hasta cómo y cuándo proceder a la evaluación continua. No hay programas de asignaturas sino una guía docente ―aprobada y verificada por diferentes instancias internas y externas a las universidades― donde está todo marcado.

El profesorado estable, que comienza con 320 horas de docencia anuales, puede llegar a tener que impartir solo 80 horas

Si las asignaturas que se imparten en un grado universitario actual no son diferentes según el tipo de profesorado, las horas docentes universitarias deben tener una dinámica similar en cuanto a contenidos y ejercicios que corregir para la evaluación continua. Quizás la diferencia, entonces, se encuentre en la cantidad de horas impartidas entre profesorado estable y profesorado asociado.

El profesorado estable, que comienza con 320 horas de docencia anuales (como marca el vigente decreto Wert), puede llegar a tener que impartir solo 80 horas. Esta reducción de la denominada carga docente se le ofrece por toda la actividad extra-guía-docente que realiza, como actividades de gestión o de investigación. Esas reducciones horarias también suponen directamente el cobro de complementos salariales por cargo o por sexenio de investigación, por ejemplo. La realidad material del profesorado asociado son contratos de 90 a 180 horas docentes sin ninguna opción de reducción de la carga docente.

Nada ni nadie les está impidiendo a las universidades públicas seguir abusando de la barata figura del asociado

Ante una jornada docente no tan dispar entre el diferente profesorado universitario y la impartición de idénticas asignaturas, la naturalización de una diferencia de salario y de reconocimientos académicos la observamos en el contexto neoliberal donde el mercado segrega entre quienes tienen unas condiciones adecuadas y unos sindicatos de clase y quienes no tienen esas condiciones y necesitan representaciones de su precarización como las kellys, los riders o las plataformas de profesorado asociado. David Graeber definió mejor que nadie las diferencias. El profesorado asociado desde luego no realiza los trabajos de postureo (bullshits jobs) que con 15 horas semanales de trabajo real se le reconocen horas de preparación hasta cobrar un salario por 37 horas. El profesorado asociado materializa los trabajos basura (shits jobs), pues imparte más del 50% de la enseñanza de grado —el necesario—, cobra y cotiza poco —menos de un tercio de salario por similar carga docente con el profesorado estable— y no tiene posibilidades de carrera académica.

Nada ni nadie les está impidiendo a las universidades públicas españolas seguir abusando de la barata figura del profesorado asociado. El Observatorio del Sistema Universitario ha publicado recientemente un informe en el que concluye, entre otras cuestiones, que el 70% de las universidades públicas españolas exceden el 40% de contratación de PDI temporal establecido legalmente.

La Universidad de Valencia, en abril de 2017, tomó el acuerdo en Junta de Gobierno de reconocer al profesorado estable que para cada hora docente necesitaba sobre cuatro horas de trabajo dedicadas a la preparación (excluyendo cargos, sexenios y demás reconocimientos extra-retribuidos). En el mismo documento, negaba explícitamente esas cuatro horas al profesorado asociado. ¿Estamos ante un orden institucional que articula la explotación?

Vicent Monroig y Teresa Samper pertenecen a la Plataforma PDI Precariat de la Universidad de Valencia.

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