EDUCACIÓN

Los docentes de infantil y primaria prefieren reorganizar las clases presenciales y los de secundaria, que haya una parte ‘online’

Una encuesta del BBVA y FAD a más de 5.000 profesores, alumnos y familias describe a una comunidad educativa preocupada por la motivación de los estudiantes y la falta de medios para combatir la desigualdad

Niños jugando en una escuela infantil, una de las etapas donde los docentes priorizarían la educación presencial al 100%.

JCCM
17/06/2020
Niños jugando en una escuela infantil, una de las etapas donde los docentes priorizarían la educación presencial al 100%. JCCM 17/06/2020 / Europa Press

Los docentes españoles prefieren en su mayoría que la vuelta a las clases el próximo mes de septiembre sea presencial, bien sea esta combinada con medidas de enseñanza online o, como defienden de forma preferente los maestros de infantil y primaria, con una reorganización que consistiría en dividir a los estudiantes en grupos reducidos que se turnen para ir a la escuela unas horas diarias. Según el informe Panorama de la educación en España tras la pandemia de COVID-19: la opinión de la comunidad educativa, que ha consultado a más de 5.000 docentes, alumnos y familiares, más del 25% de los maestros de las primeras etapas, si tienen que elegir entre siete opciones que van desde la presencialidad 100% a la formación completamente a distancia sin pisar la escuela, son partidarios de esa asistencia diaria a clase en alternancia. Aunque muchos de ellos (el 20,6% en infantil y el 18,5% de primaria) también abrazarían un regreso bastante cercano a la normalidad, con todos los alumnos a la vez, pero usando todos los espacios para asegurar las distancias. Mientras que los profesores de la secundaria optarían principalmente por combinar la enseñanza presencial y a distancia, un 23,8% cambiando en días alternos (un día se va a clase y al siguiente se estudia online) y otro 17,5% en semanas alternas. En general, la gran mayoría de los docentes aboga por mantener los centros abiertos.

El estudio, realizado por docentes de las Universidades de Granada y Málaga, y encargado por el BBVA y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), se completó con 12 reuniones virtuales con los participantes en la encuesta durante las semanas confinamiento. Y, entre sus conclusiones, también refleja que principales preocupaciones de los profesores para el curso que viene son la falta de medios de algunos estudiantes y su motivación. “Es un retrato de esperanza porque se ve como una oportunidad de mejora del sistema educativo hacia un modelo más equitativo, más competencial y mezclando lo digital y lo presencial. Pero también hay preocupación por combinar la seguridad y la calidad educativa”, explica el investigador Fernando Trujillo, coordinador del estudio.

Casi un 70% detecta carencias en la formación docente

Entre las principales preocupaciones que la encuesta muestra está el equilibrio entre la seguridad y el mantenimiento de una educación de calidad y con equidad. “Cuando preguntamos a los profesores por sus inquietudes para el próximo curso lo que más les preocupa es que los estudiantes tengan dispositivos para utilizar en el hogar y la equidad, ha sido muy obvio que la gran víctima de este proceso de cuarentena educativa ha sido la equidad y es lo que más refieren”, cuenta el investigador. En concreto al 67% destaca la falta de dispositivos entre el alumnado y el efecto que puede tener en la igualdad de oportunidades. Por delante de sus condiciones de trabajo a las que se refieren a un 63%, inquietos por la falta de personal en los centros para hacer frente a las nuevas necesidades; un 60% se preocupa por la disponibilidad de medidas de seguridad e higiene y al 57% le agobia cómo gestionar los espacios existentes para cumplir con las medidas de distanciamiento, como la falta de espacios.

Otra de las preocupaciones de los docentes es la falta de formación para poder impartir la docencia online. Casi el 70% (69,3%) se mostró muy preocupado por las carencias en la formación para esta nueva realidad.

La directora María Muñoz, responsable de un colegio madrileño, cree que esa es la peor parte. “Llevo dos días haciendo cábalas, y no caben. Y en las instrucciones que me envían me dicen básicamente que me las tengo que apañar como pueda. Lo dejan todo en nuestras manos. Pero esto no es una tienda de frutas, aquí se pueden jugar la vida personas, ¿cómo hago compatible el teletrabajo de los docentes, que son personal de riesgo, con la atención de mis niños? Nadie me responde a esto y lo tengo que resolver yo”, protesta. En sus 37 años de carrera docente, Muñoz dice que jamás ha asistido “a un nivel de frivolización y confusión mayor” que el de las últimas semanas. Y lo explica: “Primero a turnos, luego combinando online y presencial, después 15 [alumnos por aula], luego 20, luego 25, con mascarillas... Cada instrucción que nos llega es más disparatada”, protesta esta directora de un centro educativo de difícil desempeño. “Todos los días dudo de si los que están tomando las decisiones han pisado un aula. Dejan en manos de los directores que encontremos soluciones a problemas complejísimos sin dotarnos de los medios requeridos. La desconexión entre lo que deciden y lo que necesitamos es absoluta”, asegura indignada la directora

Preocupados por la desmotivación y la educación emocional

Héctor Fuoce es padre de tres hijos de 10, 12 y 15 años, y coincide con la directora madrileña en que no se está abordando el problema con la complejidad que requiere: “Lo están reduciendo a un mero acceso a las tecnologías, pero esto es mucho más. No hay un liderazgo claro, no hay un abordaje integral del problema. Así que los profesores que manejan tecnología han tirado por la calle del medio, incluso con varias plataformas en el mismo colegio, la guerra cada uno por su lado. Y desde la Administración todo se soluciona o emitiendo un comunicado, o una orden, o comprando cosas, pero esto requiere un proceso reflexivo mayor. El colegio ha perdido lo mejor: ya no hay patio, no hay amigos, solo tareas y el mundo de los niños en una pantalla ¿cómo vamos a motivar a esos estudiantes que han acabado hartos de todo esto y no quieren ni oír hablar de aprender? “, se pregunta.

Esa es precisamente otra de las conclusiones a las que llega la investigación. La mayor preocupación de los docentes a la vuelta a las aulas, según este estudio, es la motivación para el aprendizaje por parte del alumnado, que destacan el 76,1% de profesores, seguida de la gestión emocional, prioritaria para el 61,8%, o la autogestión del proceso de aprendizaje, para el 60%. Y sin embargo, sorprende que solo un 42% se muestra especialmente preocupado por la adquisición de contenidos, que ha quedado relegada a un segundo término.

En primaria prefieren volver en septiembre presencialmente

Y otros de los aspectos que destacan del informe es que para la vuelta a las aulas en septiembre tanto docentes, como familias, como alumnos siguen prefiriendo volver a las aulas de forma presencial. Los profesores creen que es la única forma de garantizar la igualdad, de promover un aprendizaje más efectivo, de posibilitar mejores explicaciones y atención personalizada y desplegar todo el potencial educador de los centros educativos. Solo un 10% elegiría la educación a distancia exclusivamente y sería apenas un 4,8% quienes escogerían volver con total normalidad a las aulas. Las siguientes son las preferencias de los docentes de las distintas etapas educativas.

Respecto a los desafíos a los que se incorporarán de vuelta a las aulas, la prioridad debe ser garantizar el acceso a los recursos de aprendizaje en línea de todos los alumnos, según el 78% de docentes. Y queda claro que el reto es la educación social, es decir, la comunidad educativa reclama trabajo en equipo de todos los actores, más allá de la propia escuela. “Dejan claro que la educación no es un reto exclusivo del profesorado, sino social”, explica Trujillo.

Uno de cada tres encuestados cree que los centros deberían ayudar a conciliar

Así, la comunidad educativa señala que es necesaria la colaboración de toda la sociedad para cuestiones que desbordan el ámbito de la práctica docente: la conciliación familiar y laboral, que según uno de cada tres encuestados (33%) también debería facilitarse desde los centros. Y para casi la mitad (45%) es fundamental el desafío de la atención a las necesidades específicas de apoyo educativo, el acceso universal a Internet y la mejora de las condiciones de vida de todas las familias. Y para ello plantean propuestas concretas como que la educación vaya más allá de los muros de la escuela. Y la gran mayoría (el 64%) coincide en que habría que dar un nuevo sentido educativo a edificios municipales que pueden ser destinados a la enseñanza y el aprendizaje para garantizar así la distancia física entre el alumnado o la colaboración de los servicios sociales y sanitarios además de otras instituciones para garantizar el bienestar de los estudiantes. Incluso, el 29% propone que los centros colaboren más allá del horario escolar para promover el aprendizaje del alumnado más vulnerable.

Si atendemos a las preocupaciones de las familias, la mayor de todas es la conciliación, que no puede depender exclusivamente de los centros educativos, sino también de los centros de trabajo y las instituciones locales. Y reclaman más recursos y dotación para ayudar a los centros a paliar la brecha social. Entre las inquietudes relacionadas con las consecuencias que el confinamiento ha podido tener, destacan las consecuencias psicológicas del aislamiento o la adicción a las pantallas. Los estudiantes en sus encuestas son muy críticos con las dotaciones e infraestructuras de sus centros, reclaman más empatía por parte del profesorado y relatan situaciones de descoordinación y exceso de tareas. Y entre sus propuestas y peticiones está que los docentes ajusten su manera de enseñar a la nueva situación más centrado en competencias que les resulten útiles y atractivas.

Además, el autor del informe destaca que la comunidad educativa reclama creatividad y liderazgo en la respuesta a esta crisis. “Docentes y familias ven que el tiempo se agota sin que se les ofrezcan soluciones”, aseguró. Y aboga por la implicación de los Ayuntamientos e instituciones locales en la solución en este desafío. “La clave de la solución está en lo local. Los ayuntamientos tienen locales, universidades, contactos... Hay estudiantes en prácticas de los grados de magisterio. Igual que toda la sociedad se movilizó para apoyar a nuestros sanitarios, necesitamos que se movilice en la batalla educativa: museos, asociaciones del tercer sector, universidades… Pero tienen que sentarse ya para abordarlo”, concluye Trujillo.

Basándose en este estudio, FAD y BBVA pondrán en marcha el proyecto Educación conectada. Oportunidades en tiempos de cambio, en el que ambas entidades implantarán un plan educativo para paliar las graves consecuencias de esta crisis en la comunidad educativa. La directora general de FAD, Beatriz Martín Padura explica que ante este desafío “debemos responder a las grandes necesidades que plantean centros, docentes y familias”. También el director de Negocio Responsable de BBVA, Antoni Ballabriga apunta a la evolución del proyecto Acción Magistral que se reinventa en Educación Conectada y asume nuevos desafíos: “Debemos dirigir nuestros recursos, nuestro impulso y nuestra experiencia a paliar necesidades que plantea la nueva realidad educativa tras el coronavirus, sobre todo en aquellos más vulnerables que están en riesgo de exclusión”, concluye.

¿Y si les dejamos a los estudiantes diseñar su educación?

Educación Conectada invita a los estudiantes de FP de grado superior y estudiantes de grado o postgrado universitario a hacer sus propuestas para los dos grandes desafíos para la vuelta a las aulas: repensar los espacios en un centro educativo y replantear los modelos educativos postpandemia. Las propuestas se pueden enviar a través de la web de la entidad hasta el 10 de julio y las propuestas escogidas en cada categoría pueden ganar hasta 1.500 euros.


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