La Seguridad Social registró en 2020 el mayor déficit de su historia

El agujero presupuestario hubiera sido aún mayor sin las transferencias de 22.000 millones del Estado

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, con el secretario de Estado de Seguridad Social y Pensiones, Israel Arroyo (detrás).
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, con el secretario de Estado de Seguridad Social y Pensiones, Israel Arroyo (detrás).Víctor Lerena (EFE)

El agujero de la Seguridad Social es cada vez mayor. Van 10 años seguidos. En 2020, marcado por la pandemia, los pagos del instituto de previsión han explotado hasta provocar el mayor desfase presupuestario de su historia: un 2,6% del PIB, el equivalente a 29.685 millones de euros, según los datos de cierre de ejercicio del año pasado presentados este lunes por el Ministerio de Hacienda. Este desajuste es, en parte, consecuencia de la crisis sanitaria y las medidas que se han adoptado para combatir el golpe económico, en el que el organismo público ha tenido un rol crucial para mantener a flote la actividad con medidas como la exoneración de las cuotas de los trabajadores en ERTE o la prestación extraordinaria por cese de actividad de los autónomos.

Este boquete, casi el doble de grande que el registrado el año anterior, podría haber sido mucho mayor. Pero el organismo, al igual que comunidades autónomas y ayuntamientos, se benefició el año pasado de las transferencias brindadas por el Estado, que se ha hecho cargo del grueso del déficit del conjunto de administraciones ―en 2020 alcanzó el 11% del PIB― ante una crisis sin precedentes.

El año pasado, el Estado transfirió al instituto público de forma extraordinaria 22.000 millones de euros para compensar el golpe que la emergencia sanitaria estaba causando en su balance. Según los datos de Hacienda, los gastos asociados a la covid que financió la Seguridad Social alcanzaron el año pasado los 29.311 millones de euros. Sin estos desembolsos del Estado, el agujero del instituto público hubiera ascendido a casi el 5% del PIB, más de 51.000 millones de euros.

El agujero también crece sin contar las ayudas por el covid

Aunque buena parte del desfase se debe a medidas para paliar la crisis sanitaria, lo cierto es que, sin el colchón del Estado, el organismo hubiera registrado números rojos aunque no se hubiera gastado dinero en apoyar a los trabajadores y autónomos afectados por la crisis de la covid. Esto es porque las cotizaciones sociales aportadas por trabajadores y empresas (los ingresos) se redujeron un 3,46% y los gastos (prestaciones a familias e instituciones) subieron un 7,93%, según ha explicado el Ministerio de Seguridad Social en una nota.

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El organismo destinó más de 15.000 millones a las prestaciones de los ERTE y otros subsidios de covid; las ayudas a autónomos dejaron una factura de 3.859 millones; y el desembolso por las exoneraciones en las cuotas rozó los 8.000 millones. A ello hay que añadir la puesta en marcha del ingreso mínimo vital, que el año pasado supuso un gasto de 500 millones más para la Seguridad Social, y las prestaciones por incapacidad temporal: las vinculadas a la covid-19 superaron los 2.000 millones. Por otro lado, la factura de las pensiones estuvo en línea con lo esperado: los 132.000 millones pagados en estas prestaciones en 2020 supusieron un aumento del gasto del 2,95%, en línea con los incrementos de otros ejercicios.

Ingresos y gastos

Ya hace varios años que la Seguridad Social encadena números rojos cercanos a los 20.000 millones de euros. En 2019 se cerró algo el agujero, pero este sigue siendo grande. Así que cuando llegó la pandemia, todo hacía pensar que la diferencia entre ingresos y gastos se haría todavía más grande. Es la tormenta perfecta: se destruye empleo (menos ingresos por cotizaciones), se exoneran gran parte de las cotizaciones de los trabajadores afectados por ERTE (y se llegó a 3,5 millones) y de los autónomos obligados a detener su actividad. A estos últimos se les compensa, además, con una prestación. Por último, la incapacidad temporal en las bajas por coronavirus se dispara.

Los mimbres para alcanzar un déficit histórico estaban puestos, y esto finalmente ha sucedido. Por ello, el Gobierno decretó decenas de inyecciones por valor de miles de millones de euros: la suma de transferencias corrientes y extraordinarias totalizaron el año 43.317,09 millones, según los datos facilitados por el Ministerio de Seguridad Social e Inclusión Social. Estas cifras están calculadas a partir de la contabilidad de caja y no están homogeneizados con los criterios de Contabilidad Nacional. Con esto, se compensó la caída en ingresos por cotizaciones, un 3,46%, hasta los 119.855,59 millones. En este capítulo destaca el hundimiento de las cotizaciones de los autónomos, que bajaron un 17,8%. También hay caídas significativas entre el régimen agrario, 17,57% o en el de las empleadas de hogar, un 30,14%.

Según los datos de Hacienda, en 2020 los gastos totales de todos los organismos de la Seguridad Social subieron un 20,3%, un porcentaje equivalente a 37.197 millones de euros, hasta alcanzar los 220.205 millones. Las prestaciones sociales crecieron en 29.913 millones, y las subvenciones supusieron un aumento en los desembolsos de 7.636 millones. Pero también crecieron los ingresos, un 14%, efecto de un alza del 0,9% en las cotizaciones sociales ―en términos consolidados― y de las transferencias extraordinarias para hacer frente a la crisis. Aun así, este aumento no ha sido suficiente para evitar que el déficit del organismo creciera. En concreto, un 87% más con respecto a 2019, cuando se situó en el 1,3% del PIB.

Sobre la firma

Manuel V. Gómez

Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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