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Ventiladores inteligentes para combatir la pandemia

Cedrión patenta un aparato a partir de viento iónico, que sirve tanto para refrigerar como para desinfectar

Enrique Medina (izquierda) y Héctor Puago.
Enrique Medina (izquierda) y Héctor Puago.

Un buen día de 2016, Enrique Medina, ingeniero industrial y mentor de start-ups, recibió la visita de Héctor Puago, ingeniero de minas y especialista en energía, que buscaba su asesoramiento para un emprendimiento dentro del programa Actúa UPM (Universidad Politécnica de Madrid). Consistía en producir viento iónico para refrigerar componentes aeronáuticos. “El sistema es mucho más ligero —ahorra combustible y emisiones—, silencioso, adaptable y compacto”, explica Medina, que se embarcó en el proyecto de Puego aportando un perfil de gestor.

Comenzaron a comercializar el producto para refrescar la electrónica en drones, aviones e incluso vehículos. Entraron en un programa de la Agencia Espacial Europea llamado BIC (Business Incubation Centre), que financió el proyecto con 50.000 euros (que se añadieron a los 20.000 euros propios de capital inicial). Sumaron reconocimientos nacionales e internacionales, como la Fase I del programa Horizonte 2020 y el Futta, ambos de la Comisión Europea, este último enfocado en tecnología desarrollada en fusión nuclear. Y también el Premio internacional Hello tomorrow, en la sección aeronáutica. Pero en marzo del año pasado, con la economía paralizada, su negocio se congeló. A raíz del brote de listeriosis surgido en una empresa de carne mechada en el verano de 2019 en Andalucía, se dieron cuenta de que su tecnología, que utiliza iones, serviría contra las bacterias y, por tanto, quizás también contra el nuevo virus. Contactaron con el Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de León, e hicieron un primer prototipo de ventilador. “Nuestra actividad cambió radicalmente. Pasamos de trabajar para sistemas de refrigeración aeronáutica (sobre todo para Airbus) a hacerlo casi a tiempo completo para desinfectar el aire”, desgrana Puago, que defiende la alta eficacia de su producto para inactivar virus.

Comenzaron a cerrar contratos para limpieza de espacios y esterilización de objetos. “No podemos decir nombres, pero ya tenemos clientes del entorno sanitario, otros clientes nos lo están financiando porque lo quieren meter en vehículos. Se podría utilizar en cualquier tipo de transporte público, nos han llamado también para colocarlo en cajeros automáticos, destilerías, almacenes, grúas, etcétera”, expone Medina. Ahora están probando la eficacia de una nueva patente (en colaboración con el CSIC) con el coronavirus alfa, parecido al SARS-CoV-2.

Cedrión tiene nueve empleados, todos ingenieros. En 2020 facturó 130.000 euros y este año podrían llegar al medio millón. El precio de cada ventilador ronda los 1.000 euros, aunque confiesan que su punto fuerte no es el marketing: “Lo bueno es que muchas empresas nos buscan directamente”. De todos modos, el crecimiento, necesariamente, es lento. “Hacer las cosas bien lleva bastante tiempo y más tratándose de un tema de desinfección biológica. Prácticamente tenemos que desarrollar una tecnología específica para cada cliente”, matiza Medina.


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