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Portugal acaba con el paraíso fiscal de los jubilados extranjeros

Los futuros ‘residentes no habituales’ deberán pagar el 10% de sus pensiones

Jubilados en Portugal
Desde la izquierda, Mário Centeno, ministro portugués de Finanzas y del Eurogrupo y Paolo Gentiloni, comisario de Economía de la UE. AFP

El Gobierno socialista portugués va a acabar este año con el “paraíso fiscal” de los jubilados extranjeros. A partir de la aprobación del presupuesto anual, los nuevos residentes extranjeros pagarán un 10% sobre la pensión que reciban.

Portugal aplica desde 2009 un programa de atracción de extranjeros a través de ventajas fiscales si fijan su residencia en el país. El programa consiste en que los jubilados no paguen impuestos sobre sus pensiones ni en el país de origen ni en el de destino, mientras que profesionales de alta relevancia -de científicos, a directores de empresas o futbolistas-, paguen un 20% sobre sus ingresos. La exención se aplica a un máximo de diez años.

Aunque la ley la redactó y aplicó hace una década un Gobierno socialista, ahora otro Gobierno del mismo signo quiere rebajarla para aplacar las protestas de sus socios a la izquierda, Bloco de Esquerda y Partido Comunista, a los que necesita para conseguir mayorías parlamentarias y, en concreto, la aprobación final de las cuentas anuales.

Los diez años en vigor de la ley de Residentes No Habituales (RNH) no ha tenido un efecto extraordinario en la llegada de extranjeros. Son menos de 30.000 en una década, la mayoría, eso sí, en los últimos cuatro años los que fijan su residencia en el país.

Un tercio de los extranjeros jubilados que llegan a Portugal -los profesionales activos apenas suponen el 8% de los RNH- proceden de Francia, no tanto para no pagar impuestos sobre su jubilación como para no pagar el impuesto de grandes fortunas aplicada en su país.

Un tercio de los jubilados extranjeros en Portugal son franceses que, principalmente, huyen del impuestos sobre grandes fortunas

El origen del retiro dorado para extranjeros nació para reparar el efecto contrario, el de la doble tributación. A través de acuerdos bilaterales entre países en estos años se ha puesto fin al pago de impuestos en el país de origen y en el que se vivía, para que, en última instancia, sea el país de destino quien decida el pago de impuestos del residente extranjero. Portugal, como algunos otros países, decidieron en 2009 la exención de impuestos sobre las pensiones de los extranjeros.

Pese a las críticas de la oposición de izquierdas y de algunos países con los que Portugal tiene acuerdos, como Finlandia, Suecia y Francia, la ley se mantuvo durante toda la legislatura anterior socialista. El Gobierno de António Costa siempre había rechazado las iniciativas parlamentarias a su izquierda, pero en el primer año de la nueva legislatura ha cedido, con la venia de su ministro de Finanzas, Mário Centeno, que aumentará, un poquito, la recaudación impositiva. La exención, en cualquier caso, nunca fue total. Los residentes extranjeros sí que pagan sobre las plusvalías que generen, y, por supuesto, todos los impuestos indirectos.

Finlandia y Suecia ya han denunciado el sistema portugués, pese a que son apenas 2.000 ciudadanos nórdicos los que residen en Portugal, aunque aún no han firmado un nuevo acuerdo bilateral. Sus parlamentos ya lo han aprobado. En el caso de Francia, las protestas por este régimen llegaron con la revuelta de loas chalecos amarillos.

Para acceder al RNH no se precisa la compra de una vivienda -como en el caso de las visas oro, que otorgan un visado de residencia europeo- sino que basta con el alquiler de una vivienda, residir -o tener la intención-  al menos 180 días al año y no haber tenido hasta ahora la residencia fiscal en Portugal.

El cambio fiscal -tributar un 10% de la pensión- llegará con una enmienda introducida por el propio partido gobernante en los nuevos presupuestos del Estado. La modificación entrará en vigor con la aprobación del Presupuesto, a mediados de febrero. El cambio no tiene efectos retroactivos.

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