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Richard Vaughan: “El inglés se enseña como si fuera una lengua muerta”

Llegó a España en los años setenta y ha dedicado 45 a la enseñanza de este idioma. Fundador de un popular conglomerado educativo, habla sobre cómo mejorar nuestro cuestionado nivel de inglés

Richard Vaughan, visitando las instalaciones de EL PAÍS.

Richard Vaughan (Houston, Texas) llegó por primera vez a España en 1972, para cursar un año académico, y tras licenciarse en Lengua y Literatura Española por la Universidad de Texas, regresó en 1974 para pasar dos años que acabaron convirtiéndose en 45 (de momento). Aquellas clases que comenzaron como un medio para costearse la estancia se han convertido en 30.000 horas de enseñanza en el aula, 10.000 horas lectivas radiofónicas y más de 2.000 en platós televisivos; ha supervisado más de 10 millones de horas a través de sus profesores y su nombre, como presidente de Vaughan Systems, se asocia automáticamente a la enseñanza del inglés en España. Ha tenido tiempo incluso para componer música: una afición que le ha llevado a tocar el piano, la guitarra eléctrica y la clásica española, llegando a presentar su obra tanto en el Teatro Monumental de Madrid como en el Auditorio Nacional de Música. Hablamos con él acerca de la enseñanza del inglés en español, y de la mejor manera de aprender un idioma.

EL PAÍS: Cada vez que se publica un informe sobre el conocimiento del inglés, los españoles nunca salen bien parados. ¿Se trata de un mal endémico?

Richard Vaughan: No hay que olvidar algo: España es un mercado grande. Habría que apartar los países pequeños (de menor población y/o extensión, como Holanda, Grecia o Malta), que históricamente han dependido del comercio exterior para su prosperidad y que tienen una mentalidad multilingüe. Las naciones de grandes mercados interiores como España, Alemania, Italia, Francia, Rusia e incluso el Reino Unido han podido desarrollar sus economías gracias a estos mercados, e históricamente no han necesitado idiomas para generar riqueza y asegurar el bienestar de su población; no ha habido tradición multilingüe. España tenía sus posesiones de ultramar en Latinoamérica, el Reino Unido en la India, Francia en África o el sureste asiático… Cada una usaba su propio idioma.

EP: ¿Y dónde se sitúa el nivel de los españoles, si nos comparamos con países de similar entidad?

RV: Si nos colocamos al nivel de un supervisor o capataz, que es el grueso del tejido medio empresarial, España puede codearse perfectamente con Francia o Alemania. En China, muy pocos hablan inglés. Y lo mismo pasa en Japón… ojo, que el mal de muchos no debe ni puede consolar a nadie. España está mal, pero es relativo. Ha habido mucha mejora; yo diría que se ha duplicado el nivel de inglés.

EP: ¿Qué opina de la enseñanza del inglés en la escuela pública o concertada?

RV: Los colegios bilingües de Madrid, públicos y concertados, sí están experimentando una enorme mejoría con respecto a hace 15 o 20 años. Yo no estaba de acuerdo con la forma en que Esperanza Aguirre abordó este cambio, pero lo que me he encontrado es que los jóvenes entienden ahora mucho más y han perdido el miedo a hablar. Pueden no tener un buen dominio y siguen cometiendo errores, pero pueden salir del paso.

Más allá de estos centros, y hasta donde yo conozco, el inglés continúa estudiándose mal tanto en Primaria como en Secundaria. Se estudia como si fuera una lengua muerta, como si fueras a enseñar a conducir con libro y sin meterte en el coche. Esto es así porque en el aula se enseña aún de forma teórica. Los chavales tienen que memorizar los verbos irregulares pero no escuchan voces nativas, y los exámenes se suelen basar en la reproducción teórica de la gramática como si se tratara de ecuaciones matemáticas a reproducir en el papel. Y entonces pasan dos cosas: que no lo asimilan y que cogen manía al idioma. Muchos chicos “odian” el inglés, piensan que es un rollo.

EP: ¿Y en el mundo profesional?

RV: Si tuviera que calificar el nivel de inglés de los profesionales españoles cuando yo vine a España, en 1974, diría que era de un 1 o un 2 sobre 10, y ahora podemos ponerlo en un 4. España todavía sufre, pero también Italia, Alemania… Un médico de prestigio aquí va a un congreso internacional y no puede canalizar sus conocimientos en inglés; algo parecido sucede con los ingenieros, por ejemplo. A nivel directivo, es un problema con todas las empresas en España, que puedan mantener el brillo y la confianza en inglés.

EP: ¿Cuándo se convierte el inglés en imprescindible?

RV: El niño no va a necesitar el inglés hasta los 23 años, que es la edad media de entrada al mercado laboral. Antes no hace falta, por lo que tiene todo ese tiempo para adquirir un excelente dominio del idioma. Padres y educadores tienen 23 años para suplir esta carencia, y aun así no lo consiguen.

Yo le digo a los padres que le expongan al inglés desde el mismo momento en que vuelven con el bebé del hospital. Una hora al día, para que se acostumbren al sonido del idioma y se convierta en algo familiar. Entre los tres y los 12 años, lo que hay que hacer es dotarles de un oído y una pronunciación decente, exponiéndoles a voces nativas. Una hora al día es suficiente, pero que disfruten con el idioma, que sea parte de su realidad diaria, sin exámenes. ¿Cuántos días lectivos hay al año? ¿160? Multiplica eso por 10 años escolares… Eso ya son 1.600 horas lectivas en las que, en mi opinión, no deberían trabajar con materiales escritos, sino con un currículo de actividades que incluyan, por ejemplo, canciones o poemas para niños.

EP: ¿Cuándo es partidario de introducir la forma escrita?

RV: A partir de los 13 años, cuando su mente empieza a cambiar y es más analítica. Entonces pueden empezar a leer, pero para entonces ya saben hablar perfectamente. Y también se puede empezar a enseñar la gramática: presente, pasado, futuro, condicional… Pero ellos ya tienen la parte más importante del idioma, que es el oído.

EP: ¿Por qué es tan importante exponer a los bebés al inglés, si todavía carecen de capacidad para comprender lo que oigan?

Richard Vaughan, en la redacción de EL PAÍS.

RV: Desde que nace, un bebé ya recibe seis o siete horas diarias “de clase” en su lengua materna. Cuando empieza a hablar con esa lengua de trapo, hacia los dos años, ya tiene 4.000 horas de exposición a su propia lengua. Si yo te doy 4.000 horas de alemán, y a la vez te quito el trabajo, la hipoteca y todas las preocupaciones, tendrás un nivelazo.

EP: ¿La comprensión auditiva es entonces lo más relevante?

RV: Hay que dejar que el ruido del idioma te acaricie el oído; se necesitan acumular 1.000 horas de audición para entender bien un idioma.Yo siempre recomiendo que, si no tienes mucho dinero, pero sí dispones de tiempo, el 70 % de lo que hagas vaya dirigido a mejorar la comprensión auditiva, con voces nativas de Escocia, Estados Unidos, Australia, etcétera. La comunicación empieza por el oído, por comprender los significados y los matices. Nunca vas a hablar perfecto; ni siquiera yo lo hago. El 29 % es agilidad con la gramática básica, y tan solo el 1 % restante es de vocabulario. Esto puede sonar sorprendente, pero el vocabulario se acaba adquiriendo. La falta de vocabulario nunca ha sido una merma, pero sí lo es la falta de comprensión y el no ser capaz de hilar dos pensamientos.

El 90 % de todo lo que decimos en un idioma es básico, y está en los dos primeros libros de un idioma. En términos de frecuencia de uso, el verbo to be es muchísimo más importante que bother… Puede que usemos drink cuatro veces al día, pero to be será dos o tres veces por minuto. El 30 % de todas las frases que decimos en inglés contienen alguna forma de to be, que es como “el Rey Sol”. Luego tiene tres primeros ministros: to go, to have y to want, y un consejo de ministros con verbos como to make, to get, to do, to take, to like, to meet…

EP: ¿Cómo afecta la edad a la capacidad de aprender un idioma?

RV: La mejor manera de explicarlo es usando la parábola de los cuatro trenes: de cero a cinco años, es el AVE: si vas a la estación con tu hijo, puede coger el AVE y asimilar el inglés muy fácilmente. De 6 a 12, es como el Talgo, que también es un tren muy bonito. A estas edades, el niño aún tiene una gran ventaja y puede aprender con cierta facilidad. Pero de los 13 a los 22 o 23, el tren se convierte en una locomotora antigua del siglo XIX.

A partir de los 23, si no has ido a la estación, lo único que te queda es bajar a la vía y empezar a caminar. Puedes llegar, pero evidentemente te cuesta muchísimo más: a mí me llevó 3.000 horas adquirir mi nivel de castellano... A esa edad, con trabajo e incluso hipoteca, no tienes tiempo, y son muy pocos los que llegan a tener un buen dominio partiendo de cero o de nociones muy básicas. A veces, me viene gente de 36 o 37 años asustada porque se encuentran con puertas profesionales cerradas por culpa del inglés. Tienen la gramática y la fonética deformada, por lo que hay que volver atrás y empezar de cero.

Hay que dejar una cosa clara: no existen fórmulas mágicas para aprender un idioma. Mi sector atrae oportunistas, porque la gente quiere soluciones rápidas e indoloras, sin esfuerzo. Hay que desengañar a la gente: hace falta mucho esfuerzo, pero vale la pena. Por eso, si no tienes un excelente profesor que sirva de catalizador, inspirador y encandilador, que haga que el idioma “mole”, es imposible alcanzar un buen nivel en un idioma. Se necesita tiempo, esfuerzo y muchas veces dinero… Y si careces de este, te hará falta un mayor esfuerzo. Pero al final saldrás no solo con un segundo idioma, sino con una mente más aguda que te hará más dueño de tu propio destino.

Si queremos cambiar el mundo, hay que empezar por Infantil y Primaria, con profesores que encandilen a los niños; ganarse el cerebro de los estudiantes pasando por el corazón.

EP: Usted no recomienda a sus alumnos ver series o películas en inglés. ¿Por qué?

RV: Porque la eficacia auditiva es muy baja. Cuando alguien con nivel medio de inglés ve una película de, digamos, 100 minutos, la parte conversacional a lo mejor no llega a 15 minutos en total. El resto es acción, etcétera… Yo recomiendo radio o plataformas como YouTube, donde hay más de 10 millones de horas de inglés hablado, pero también podcasts o cualquiera de las charlas de TED Talks.

Además, las películas y las series no son un fiel reflejo de la realidad auditiva de un idioma (como tampoco lo es el profesor, por el motivo contrario), y si te sientas a ver una peli y no comprendes nada, puedes llegar a frustrarte. Si entender al profesor en el aula tiene un factor de dificultad de 10 sobre 100, entender el inglés de una reunión de trabajo real en Londres, Nueva York o Melbourne tendrá un factor 40 y las películas o series un factor de 100. Cuando yo vine a España, tardé seis meses en entender al 98 %; pero me costó tres años entender bien el cine.

EP: Entonces,¿qué consejos puedes ofrecer a una persona adulta que quiera aprender inglés?

RV: Lo primero, encontrar un profesor excelente; y si no lo es, que busquen otro, aunque tarde un año. Cuando tienes un profesor que te gusta, la motivación es automática, y da igual la asignatura que te enseñen, porque son capaces de estimularte y despertar tu interés. El profesor es el catalizador central del aprendizaje; si todos tuvieran la calidad de los mejores educadores que recuerdas, imagina cómo serías hoy en día.

Si queremos cambiar el mundo, tenemos que empezar por Educación Infantil y por Primaria, poniendo profesores que sean capaces de encandilar a los niños, de hacerles reír y disfrutar en el aula. Y después, seguir con los demás niveles. Hay que ganarse el cerebro de los estudiantes, y eso se consigue pasando por el corazón. Hay que abordar la enseñanza de una manera emocional, y lo recordarán.

En segundo lugar, practica continuamente. Pregúntale a Nadal cual es el secreto de su éxito… Para dominar un arte es esencial dominar los fundamentos de ese arte; si quieres un buen inglés, has de trabajar los cimientos y tener paciencia. La gente se obsesiona con cosas como el condicional, cuando lo usamos una vez cada dos días… En el idioma, hay que centrarse en lo más sencillo.

EP: ¿Algo más?

RV: Sí. El tercer paso es ganar oído y confianza, coger al libro y al profesor y tirarlos por la ventana. Si puedes, ve a vivir a un sitio donde nadie hable español; deja que te entre el pánico y aprende a mantenerte a flote. Pierde el miedo al agua, porque el profesor no deja de ser la parte de la piscina donde no cubre, donde no hay riesgo. Es un simulador de vuelo, pero no es volar.

Si no puedes, existen alternativas como nuestro programa Vaughan Town, donde pasas seis días en un contexto de inmersión total, practicando inglés con uno de los 1.200 voluntarios extranjeros que traemos cada año. Alquilamos hoteles rurales y enclaustramos a un grupo de 15 o 16 españoles con otros tantos angloparlantes para que se comuniquen en inglés.

Al final, de lo que se trata es de conseguir resultados. El número 180 de la promoción en la Politécnica puede adelantar al número 1 si su nivel de inglés es mucho mejor; el inglés ciega el raciocinio de los reclutadores. Siempre digo que yo no enseño inglés; lo que hacemos es dotar a la gente de la capacidad para mantener el tipo profesionalmente en inglés, que puedas negociar ese contrato y traértelo bajo el brazo con un inglés hablado medio pero auditivamente perfecto. Que entiendas a la primera y que seas capaz de intervenir con eficacia, hablando en inglés.

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