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OPINIÓN i

No es una guerra de monedas, es una pataleta

Ni el yuan puede permitirse una guerra contra el dólar ni el Tesoro de EE UU ni la Fed controlan su moneda como para poder arrojarla al enemigo

Una empleada de banco cuenta dólares estadounidenses junto a una pila de fajos de yuanes, en la localidad china de Hai'an, el 6 de agosto.
Una empleada de banco cuenta dólares estadounidenses junto a una pila de fajos de yuanes, en la localidad china de Hai'an, el 6 de agosto. AP

Desde que el Banco Popular de China (BPC) permitiera el lunes sobrepasar el temido nivel de siete yuanes por dólar han corrido ríos de tinta en torno al nuevo ámbito de tensión entre EE UU y China. La calificación de lo acontecido como “guerra de monedas” puede no resultarnos extraña tras año y medio hablando de otra guerra entre las dos potencias, la comercial. Y la propia Administración Trump ha seguido el juego al clasificar a China como “manipuladora” de su moneda inmediatamente después de esta devaluación.

De la misma manera que EE UU no debe —aunque puede— clasificar a China como manipuladora de su propia moneda basándose en los criterios que el Tesoro estadounidense ha establecido para tomar esa decisión, tampoco nosotros deberíamos pensar en lo ocurrido como una guerra de monedas.

El motivo es simple. Ni el yuan —que ni siquiera es convertible— puede permitirse una guerra contra el dólar ni el Tesoro de EE UU ni la Reserva Federal (Fed) controlan su moneda como para poder arrojarla al enemigo. En el caso del dólar no cabe duda de que su valor, como moneda de reserva que es, viene determinado por el mercado. La Fed puede influir en su valor con políticas monetarias expansivas o restrictivas, pero hay muchísimos otros factores que ni la Reserva Federal ni el Tesoro controlan. Uno muy importante es la aversión al riesgo. Así, a medida que Washington apriete más las tuercas a China, aumentando con ello el riesgo de recesión en el mundo, más se apreciará el dólar, en contra de los deseos del propio Trump.

En el caso del yuan, el BPC está mucho más cerca de determinar su valor de lo que la Fed puede hacerlo con el dólar, por tratarse de un mercado menos líquido y con controles férreos de capital. Pese a esto, el capital es por naturaleza ubicuo y siempre encuentra maneras de escapar a dichos controles. En otras palabras, el valor del yuan no está exento de fuerzas de oferta y demanda, por lo que su valor, a medio plazo, vendrá determinado por esas fuerzas, por mucho que le pese al banco central asiático.

La ironía —y el error de considerar este asunto como guerra de monedas— es que el mercado lleva tiempo pidiendo una depreciación del yuan. El BPC solo permitió esta depreciación el lunes como reacción al anuncio de nuevos aranceles a los productos chinos por parte de EE UU. De hecho, esta minidevaluación es más bien una pataleta que una guerra. Y, como toda pataleta, solo va a perjudicar al actor de la misma, ya que solo va a instigar más salidas de capital de China, deshaciendo parte del estímulo monetario que el banco central lleva realizando desde hace más de un año para empujar el crecimiento.

En otras palabras, la minidevaluación no va a ayudar a China a crecer, sino lo contrario. Parece importante distinguir entre una pataleta y una guerra. En esta última controlas tus armas. En la primera, no.

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