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OPINIÓN i

Latinoamérica: otro retraso en la recuperación

Desde hace varios trimestres no termina de concretarse la recuperación del crecimiento en América Latina y persistentemente se pospone el regreso a tasas de crecimiento promedio por encima del 2%. El segundo trimestre de 2019 no ha sido la excepción.

En el plano internacional, pesa sin duda la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones comerciales entre EE UU y China y el impacto que ya está teniendo en el retraso de las decisiones de inversión. El giro de los bancos centrales tanto en EE UU como en Europa, y las políticas de estímulo en China, pueden contrarrestar en parte y por ahora el impacto de la guerra comercial sobre el crecimiento en esas regiones. Pero, sin duda, estamos en un mundo más incierto y con un apetito por el riesgo acotado (especialmente en las inversiones a largo plazo), y eso implica un entorno que no es favorable para América Latina.

Sin embargo, también han existido factores domésticos que han lastrado el crecimiento en la primera mitad de este año en muchos países de la región. La incertidumbre sobre las políticas económicas internas ha pesado sobre la actividad en Brasil y México en el primer semestre. En el caso de Perú y Paraguay, han sido eventos temporales los que han afectado a sectores primarios, pero con mucho peso en el PIB. A pesar de que nuestras previsiones apuntan a que muchas de estas causas deberían desvanecerse en la segunda mitad del año, el resultado será un crecimiento de solamente 1% para América Latina en 2019, incluso por debajo del 1,5% de 2018, y encadenando seis años por debajo del 2%.

Se retrasa así, de nuevo, la recuperación del crecimiento en la región para 2020, año en el que anticipamos un crecimiento del 2,2%. Esta se apoyará en la demanda interna y estará ayudada por una política monetaria con más espacio para prolongar su tono acomodaticio, ahora que la Reserva Federal parece girar hacia recortes de sus tipos de interés en los próximos meses.

Con todo, América Latina necesita tasas de crecimiento aún mayores, por encima del 2,5%, para ir reduciendo la brecha de renta per cápita con las economías desarrolladas. En 2020 se cumplirán siete años en que esa brecha se sigue ampliando, después de que en la década del sostenido aumento de precios de las materias primas se produjese una disminución significativa. Por tanto, resulta cada vez más urgente la formación de consensos políticos para impulsar las reformas estructurales en la región, que en este caso permitan el crecimiento de la productividad y el reinicio del proceso de convergencia de la renta frente a las economías desarrolladas, ya sin el viento de cola proveniente de las materias primas.

Juan Ruiz, de BBVA Research

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