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El gran negocio de las apuestas deportivas, la estrella del juego ‘online’

Este segmento avanza a tasas de doble dígito y acapara la mitad de los ingresos del canal virtual

El Levante, patrocinado por la casa de apuestas Betway, el pasado marzo.
El Levante, patrocinado por la casa de apuestas Betway, el pasado marzo. Getty

El juego de azar no tiembla ante Pizarro ni Oikos. Estas dos operaciones policiales, la primera desvelada en 2018 y la segunda hace poco más de una semana, destaparon tramas de apuestas dedicadas al amaño de partidos de fútbol en España, un formato de juego que en Internet crece a tasas de doble dígito desde que fue regulado en 2012. El año pasado, las apuestas deportivas virtuales contaban con casi un millón y medio de jugadores activos en España y acaparaban más de la mitad de los ingresos del juego online, con 365 millones de euros descontados premios y reapuestas, lo que en la jerga se conoce como margen de juego o GGR (gross gaming revenue). Según la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), el primer trimestre de 2019 tampoco defraudó: el segmento avanzó un 26% con respecto al mismo periodo de 2018, con un margen de 100 millones.

“Ha habido un desplazamiento de la quiniela a las apuestas deportivas porque para los clubes de fútbol son más rentables por los derechos de imagen”, explica José Antonio Gómez Yáñez, profesor de la Universidad Carlos III y coautor del informe Percepción social sobre el juego de azar en España. No solo las apuestas por Internet crecieron a ritmos sostenidos en los últimos siete años; el juego online en su conjunto —apuestas, póker, ruletas, bingos...— ha subido a tasas de doble dígito desde 2012. En 2018 se elevó un 25,5% con respecto a 2017, con un margen neto de 669 millones. Fuentes del sector se defienden: dicen que el canal general de Internet solo representa cerca de un 7% del conjunto del sector del juego de azar y que los ingresos por las apuestas son reducidos comparados con otras categorías.

Gómez Yáñez explica que en España hay 27 juegos diferentes, y que las cantidades movidas por las apuestas online “no son disparatadas”. El sector se divide entre público (Once y Loterías) y privado (apuestas, bingos…), y el privado puede a su vez ser presencial u online: el primero es competencia de las Comunidades y el segundo del Estado. En este maremágnum, Lotería y Apuestas del Estado tiene un margen millonario: 3.410 millones en 2018. Las apuestas presenciales, por su parte, movieron 322 millones en 2017.

El pasado 28 de mayo, la Policía Nacional destapó una red que pagaba a jugadores de fútbol para asegurarse los resultados de los partidos y beneficiarse de las ganancias de las apuestas. “El volumen del juego era muy superior a la media; saltó la alarma y algunas casas bloquearon las apuestas”, explica en referencia al partido Huesca-Nàstic el directivo de Sportium y presidente de la patronal Jdigital, Mikel López de Torre, quien defiende que el negocio de las apuestas es uno de los más afectados por los amaños.

Alejandro Landaluce, director general del Consejo Empresarial del Juego (Cejuego), no opina exactamente lo mismo. Explica que en el caso del Huesca-Nàstic muchas apuestas llegaron desde Asia y que hay una estricta colaboración entre LaLiga, la Administración y las autoridades de seguridad: “Otra cosa es el daño reputacional”. Lo que sí influye, añade, es el ciclo económico: el juego no fue inmune a la crisis y cayó un 40% entre 2007 y 2014. “En 2017 empezó a recuperarse” y a crecer a tasas más o menos generosas en función del segmento, explica Landaluce. El canal online, sin embargo, empezó más tarde al regularse en 2012.

El sector gastó más de 300 millones en 2018 en ‘marketing’ y en publicidad

El problema de la adicción

El rápido crecimiento de las apuestas online y la proliferación de salas en comunidades como la de Madrid —donde se denunció la apertura de locales en barrios de rentas bajas y a escasa distancia de colegios— han elevado las alarmas acerca de este segmento del juego de azar que atrae a un público cada vez más joven. La vertiginosa inversión en anuncios y el bombardeo publicitario, muchas veces a través de rostros famosos e iconos del público adolescente, ha añadido leña al fuego.

En 2018, que coincidió con el mundial de fútbol, el gasto en marketing del juego online superó los 300 millones de euros, 170 de ellos en publicidad. El sector defiende que solo así puede tener visibilidad; asociaciones de prevención de la ludopatía alertan de que puede aumentar el riesgo de adicción. Mientras, la pelota sigue pasando de mano en mano: el Estado tiene pendiente desde 2011 regular los anuncios del juego online. “En mi opinión, la publicidad está siendo muy agresiva”, dice Gómez Yáñez, quien sin embargo añade que la prevalencia de jugadores problemáticos en España es del 0,3% de la población. 

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