La trascendencia de una Europa a la vanguardia de lo digital

La Unión Europea debe abanderar un modelo de sociedad en el cual revolución tecnológica y progreso socioeconómico vayan de la mano

Fila de servidores en la sede de Google, en el condado de Douglas, Georgia (Estados Unidos). / GOOGLE
Fila de servidores en la sede de Google, en el condado de Douglas, Georgia (Estados Unidos). / GOOGLE

Semanas atrás, escuchaba a alguien asegurar que un Gobierno francés en manos del populismo nacionalista representa una mayor amenaza para la Unión Europea que cualquier factor externo. No le faltaba razón en su advertencia del peligro que supondría para el proyecto europeo que el eje franco-alemán se viera mermado de tal manera; mas, si ampliamos nuestra perspectiva temporal, existe un desafío continuo que va más allá del proyecto europeo, amenazando la forma de vida misma de los ciudadanos. Hablamos del reto capital que supone la intrincada relación entre la defensa de un modelo sociopolítico basado en unas libertades y unos valores sociales humanistas, y el avance imparable hacia un sistema anclado en unas tecnologías digitales que hacen posible todo lo contrario.

En el caso de China, corren ríos de tinta sobre un modelo basado en el autoritarismo digital, ese combinado orwelliano facilitado por la ubicuidad de los datos personales en una red interconectada ­ –fórmula realmente atractiva para otros regímenes de carácter iliberal, que ya están moviendo ficha para importar el modelo chino. Para empezar a entender el arquetipo de organización sociopolítica que prefigura el gigante asiático, basta con echar la vista hacia las iniciativas de crédito social que ya están en marcha.

La situación a la otra orilla del Pacífico no es ni mucho menos tan sombría, pero arroja motivos más que suficientes para la preocupación. En los Estados Unidos existe una estrecha relación entre los aparatos estratégicos del Estado y unas sacrosantas corporaciones tecnológicas que se han convertido en actores indispensables para los intereses vitales de la superpotencia norteamericana, erosionando a su paso pilares fundacionales tales que la privacidad, en nombre de una seguridad nacional prioritaria y grabada a fuego en la Ley Patriótica de principios de siglo.

Entre estas dos poderosas maquinarias encontramos a la Unión Europea, el único gran actor que está en posición de proponer un modelo fundamentalmente diferenciado, basado en una serie de principios democráticos, éticos y sociales alineados con una concepción humanista y progresista del desarrollo, a los que añadimos en el plano económico una aversión a las tendencias monopolísticas de las plataformas digitales. Por muy discutida que esté la idea de la Unión Europea como ‘poder normativo’ con capacidad de influencia y de actuar con autonomía en el escenario global, si hay un área (aparte de en acción medioambiental) en la que Europa puede y debe mostrar un liderazgo determinante, es esta misma.

No queda otra: la Unión Europea ha de afrontar con la máxima seriedad su acción en materia digital, tanto para defender sus intereses estratégicos como para enarbolar un modelo de sociedad en el cual vanguardismo tecnológico y progreso socioeconómico vayan de la mano. Este último es posiblemente el mayor reto del siglo XXI (con permiso del cambio climático), y la realidad es que a día de hoy no existe un entramado supranacional mejor capacitado para abordarlo que la UE.

La UE no puede escatimar esfuerzos a la hora de reforzar su soberanía digital, tanto en la defensa de su ciberseguridad como en la del proceso democrático

Un paso positivo (que no exhaustivo) en esta dirección es el amparo legal de un derecho tan elemental como es el derecho del ciudadano al control sobre sus datos privados, recogido en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en vigor desde el año pasado, como también lo son las sanciones impuestas por la Comisión Europea a Google a razón de sus prácticas monopolísticas. Desafortunadamente, la unanimidad por la cual se rige el Consejo Europeo está frenando otra política que no puede esperar: la implementación de una tasa digital a nivel comunitario que obligue a las corporaciones tecnológicas a cumplir con la responsabilidad fiscal que les corresponde.

El factor estratégico es relativamente sencillo de entender, partiendo de la base de que la era digital ha introducido una dimensión cibernética tan importante en términos de seguridad como las dimensiones tradicionales (terrestre, marina, aérea). Acorde con esta nueva realidad, la Unión Europea no puede escatimar esfuerzos a la hora de reforzar su soberanía digital, tanto en la defensa de su ciberseguridad como en la del proceso democrático, expuesto a injerencias insidiosas. A esto hay que añadir la importancia crucial de la soberanía en cuanto a infraestructura tecnológica, evidenciada en el recelo que suscita la figura de Huawei en la ‘geopolítica del 5G’ [1].

La Comisión Juncker marcó la realización del Mercado Único Digital como uno de los objetivos primordiales de la Agenda Digital, en el marco de la estrategia Europa 2020. Sí, se han logrado avances tales que la eliminación del ‘roaming en suelo europeo o el propio RGPD, pero la próxima Comisión deberá subir de marcha para que la Unión Europea no se quede atrás en cuanto a política digital y soberanía tecnológica. Frente al autoritarismo digital y la noción de que Silicon Valley está por encima de la justicia fiscal, la privacidad y la democracia, Europa debe afirmarse como baluarte de una revolución tecnológica compatible con una sociedad basada en principios humanistas. Esto implica, por mencionar algunas medidas concretas, fomentar la competencia a través de la interoperabilidad, invertir en la investigación y el desarrollo de una inteligencia artificial supervisada por comités éticos, y garantizar la soberanía del ciudadano sobre el uso de sus datos personales.

La construcción decidida de un modelo europeo de progreso tecnológico y social es una cuestión con repercusiones globales y cuyo peso histórico no puede subestimarse, habida cuenta de que las medidas políticas que se tomen hoy serán determinantes en las condiciones del mañana. Lamentablemente, el humo generado por quienes azuzan el nacionalismo empaña sobremanera el debate público. No perdamos de vista el futuro a causa de ello.

* Mateo Peyrouzet García-Siñeriz es analista político de la Fundación Alternativas

[1] http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari31-2019-moret-despliegue-de-redes-5g-geopolitica-digital

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