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ANÁLISIS i

Europa vulnerable: BCE, ¡cuidado!

La zona euro es especialmente sensible al retroceso de la coyuntura mundial por su propia estructura de economía más abierta del mundo.

El presidente del BCE, Mario Draghi, el 15 de enero en Estrasburgo, en la celebración del vigésimo aniversario del euro.
El presidente del BCE, Mario Draghi, el 15 de enero en Estrasburgo, en la celebración del vigésimo aniversario del euro. REUTERS

¿Por qué Europa es la zona más sensible del mundo a la actual desaceleración económica?

Los últimos datos del FMI dibujan una situación de alerta, aunque no de alarma. Ya en noviembre la OCDE advirtió que la expansión mundial había “alcanzado su máximo”. Pronosticó un crecimiento mundial del 3,5% para 2019, dos décimas menos que en 2018. El Fondo se apunta a eso.

La revisión a la baja (también dos décimas) se debe en buena parte a la eurozona, que pasaría del 1,8% en 2018 al 1,6%. La tercera peor marca de los desarrollados, tras Japón (1,1%) y Reino Unido (1,5%). Perdería fuelle tras un buen quinquenio.

La causa inmediata es la negativa secuencia del automóvil en Alemania (un tercio del PIB del área euro). Por sus problemas de adaptación a las directivas ecológicas. Y la menor demanda exterior, trasunto de la caída del PIB de China, que será el peor en 28 años (6,2%).

Alemania creció algo el último trimestre (contra el descenso de dos décimas el anterior), evitando la recesión por los pelos. Cerró el año seguramente en el 1,5%; será el 1,3% en 2019, según el Fondo.

Italia acompaña a Alemania por culpa de su riesgo soberano y financiero. Un síntoma es la crisis de la Banca Carige, recién intervenida por el BCE. Bajará su ritmo casi a la mitad (de crecer un 1% el PIB en 2018, al 0,6% en 2019).

Significativamente, España escapa a la regla. Se mantendrá en cabeza de las grandes economías de la zona, con pronóstico sin cambios para 2019 (2,2%, igual que el del Gobierno). Pese a su ruido, las múltiples jeremiadas prematuras de intención política antigubernamental no tuercen la calculadora tecnócrata de Washington.

Si Alemania es la causa geográfica inmediata, la razón última de la especial vulnerabilidad de la eurozona al retroceso de la coyuntura mundial radica en su propia estructura como economía más abierta del mundo.

O sea que, a peor augurio para el crecimiento y el comercio mundial, más afectada la región más abierta: sensible, sobre todo, a la marea proteccionista y a la inestabilidad del petróleo.

En efecto, el comercio exterior de la UE (a 28) totalizó 3.738 miles de millones de euros en 2017, 103.000 millones más que China y 239.000 más que EE UU (Eurostat).

La suave desaceleración se traduce ya en la caída de la inflación. Fue del 1,6% en diciembre, contra una horquilla del 1,9% al 2,2% entre mayo y noviembre. Se aleja así del objetivo central (del 2%) del BCE.

Quizá en su cónclave de hoy este preste atención al consejo del FMI: “Los principales bancos centrales son conscientes de la desaceleración, y esperamos que calibren sus próximos pasos [de “cuidadosa normalización”] en línea con estos datos”.

Draghi anunció el final de la política de estímulos en junio. En distinta coyuntura. Con los precios creciendo al 2%. Así que...

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