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El vino español amarga a la inversión extranjera

El elevado número y precio de las bodegas de prestigio convierte a este sector alimentario en el menos permeable al capital foráneo

Finca de 72 hectáreas situada en El Cortijo (Rioja Alta) propiedad de Bodegas Lan. 
Finca de 72 hectáreas situada en El Cortijo (Rioja Alta) propiedad de Bodegas Lan. 

La industria española del vino se resiste a la entrada de capital extranjero y aún es uno de los sectores que registra las más bajas inversiones foráneas en el conjunto de la industria alimentaria. A pesar de que el negocio de las bodegas fue rondado por compradores rusos y chinos, el desembarco real ha sido casi imperceptible y se ha centrado en pequeñas explotaciones a bajo precio con posibilidades de crecer. Aunque grandes empresarios vitivinícolas reconocen haber sido tanteados para posibles traspasos, lo cierto es que en la mayoría de los caso ni siquiera ha habido un proceso de negociación. En parte porque entre los bodegueros con marcas de éxito no ha habido una disposición a vender y en parte porque los interesados no estaban dispuestos a pagar grandes sumas por entrar en el negocio.

El Observatorio Español de los Mercados del Vino señala que la falta de grandes operaciones de inversión en el sector de las bodegas, aunque en teoría haya muchas en venta, responde sobre todo a los precios elevados que tienen las marcas de prestigio y a las fuertes inversiones que requieren con retorno a largo plazo.España, con una producción media anual de 42 millones de hectolitros de vino, es junto a Italia y Francia uno de principales generadores de vino en el mundo. Sus más de 4.000 bodegas tienen asegurada cada campaña el abastecimiento de materia prima para la elaboración de 22,8 millones de hectolitros de vinos o mostos, lo que convierte al país en el primer exportador de la bebida.

El vino español está presente en más de 150 mercados. Una bodega de capital español, J. García Carrión, es la más grande de Europa y otra, Félix Solís, también en manos de empresarios españoles, también está en el pelotón de cabeza. Una de las pocas y más recientes operaciones en el sector bodeguero fue la compra de 50,7% del grupo Freixenet —con bodegas en varias denominaciones de origen como Ribera del Duero, Rías Baixas o Rueda, además del cava en Cataluña—, por parte del grupo alemán Henkell por 220 millones de euros. A Freixenet le sucedió lo que a otras bodegas como Marco de Jerez, en las que al cabo de tres generaciones la empresa sucumbe bajo el amplio reparto de las participaciones, las escasas inversiones en modernización y los constantes repartos de dividendos. En el caso del cava, además, Freixenet no se pertrechó bien para batallar contra los productos a bajo precio, muy especialmente contra las voluminosas ventas de las marcas de García Carrión.

Ante la caída de los beneficios, los herederos menos comprometidos con el negocio optaron por hacer caja con la oferta alemana, mientras que los defensores de la continuidad no lograron los avales financieros para tomar el control accionarial.En 2015 y con una inversión de 35 millones de euros, el líder chino en el sector del vino, el grupo Changyu Pionner Wine, con 10.000 puntos de venta y la exportación de 450 millones de botellas, donde destaca su marca Noble Dragón, adquirió el 75% del grupo Marqués del Atrio que contaba ya con cuatro bodegas en Rioja y Navarra, con ventas de 20 millones de botellas. El objetivo, señalado en su día, era llegar a inversiones en el vino y en el cava hasta los 100 millones de euros, aunque hasta la fecha no se han llevado a cabo esos desembolsos fuera del área de producción de la cuenca del Ebro.

En la zona de producción de Ribera del Duero también se han registrado algunas operaciones de compra o tomas de participación por parte de inversores chinos y rusos, como son los casos de Dominio de Cair en La Aguilera (Burgos), Páramo de Fresneda en la misma localidad, o la bodega Altogrande. Como inversiones de empresas destaca la entrada hace más de una década del grupo farmacéutico Novartis en Abadía Retuerta, también en Ribera del Duero. En la misma zona cabe señalar la llegada del mexicano José Ramón Ruiz Caso, propietario de la distribuidora de bebidas La Europea, con la compra en 2016 de la bodega Tr3smano. En Rioja, la familia mexicana Baños se hizo con la bodega Gómez Cruzado en Haro.Con respecto a operaciones llevadas a cabo por inversores de países que son grandes compradores de vinos a granel españoles, como los de Francia o Italia, no se puede hablar de grandes cifras. La operación más importante vino de la mano del grupo francés Louis Vuitton- Möet Hennessy con la compra a la familia Eguren de la bodega Numanthia Termes en la denominación de origen de Toro.

Las empresas con problemas sucesorios son las que acaban vendidas a bajo precio

El objetivo del grupo francés fue añadir a su cartera otra bodega para operar exclusivamente en el segmento alto de calidad y precio. La bodega cuenta solamente con unas 40 hectáreas de viñedos en el paraje de Valdefinjas, con edades superiores a los 100 años y producciones mínimas por cepa. Se trata de vides que, por las condiciones de la zona y el terreno, resistieron la filoxera allá por 1870 de la variedad tinta de Toro. La bodega comercializa sus vinos bajo las marcas Numanthia, Termes y Termanthia. Entre las apuestas más importantes en el mundo del vino español destaca la del grupo portugués Sogrape, una bodega fundada en 1942 por la familia Guedes que, aparte de España y Portugal, cuenta con bodegas en Argentina, Chile y Nueva Zelanda con una superficie de unas 1.400 hectáreas en todo el mundo y con presencia en más de un centenar de mercados.

En España, el grupo portugués desembarcó en 2012 con la compra a Mercapital de la bodega LAN por unos 50 millones de euros. Con su gestión la bodega pasó de facturar 18,5 millones a 22 millones de euros. En el plano internacional, la bodega riojana ha pasado de exportar del 30% al 40% de su producción al expandirse a los mercados de EE UU y Canadá. En 2017 también pasó a distribuir la marca de vino rosado del grupo, Mateus Rosé. Sogrape cuenta igualmente con la bodega Santiago Ruiz en Rías Baixas y la firma señala que dispone de otras marcas como Marqués de Burgos en Duero y Duquesa de Valladolid en Rueda. La apuesta por el mercado español llevó al grupo a la reciente adquisición de bodega Aura al grupo Pernod Ricard en Rueda, con lo que la firma portuguesa ya se halla presente en las denominaciones de origen de las cuatro erres: Rueda, Ribera del Duero, Rioja y Rías Baixas.

Navarra, también en la mira

En la Comunidad Foral de Navarra se han desarrollado algunas operaciones de inversión en bodegas entre las que destacan tres de origen venezolano y otra rusa. La bodega Otazu, a 15 kilómetros de Pamplona, está dirigida desde 2013 por el venezolano Guillermo Penso, hijo del propietario de los viñedos. En 2014, el también venezolano Alejandro Gómez Sigala, ligado a los negocios de banca y prensa en su país, adquirió Pago de Cirsus en Ablitas y más recientemente compró la histórica Bodegas Irache en Ayegui, según el ‘Diario de Navarra’. Gómez Sigala también es propietario de dos marcas de Ribera del Duero (Senda de los Olivos y Caballero de Zifar). En 2015, el magnate ruso Yuri Scheffler, a través del fondo SPI, adquirió la bodega Pagos de Arínzano al grupo Chivite por 15 millones.