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La crisis política se ceba sobre el consumo, el turismo y la construcción en Cataluña

El tirón de la industria compensa la bajada, pero la Cámara de Comercio advierte de los indicadores sobre la actividad a medio plazo

Turistas en el centro de Barcelona este mes.
Turistas en el centro de Barcelona este mes.

Los efectos económicos de la crisis política quedaron “limitados” en el último tramo de 2017 al turismo, el comercio y la construcción. Así lo recoge un informe de la Cámara de Comercio de Barcelona, que advierte de los “riesgos a medio plazo” que corre la economía si sigue la inestabilidad. “La incertidumbre es permanente, se desplaza pero nunca desaparece e impregna todo el contexto político y económico”, advirtió Miquel Valls, el presidente de la entidad.

A la espera de que el Instituto Nacional de Estadística (Idescat) publique los datos oficiales sobre el producto interior bruto (PIB) de 2017, la Cámara de Comercio presentó ayer un avance de los datos del año pasado y las perspectivas sobre este año. Según la entidad, entre octubre y diciembre del año pasado la economía catalana ralentizó su crecimiento al 0,5%, dentro de las previsiones formuladas en octubre pero tres décimas por debajo del trimestre anterior y dos menos que en el conjunto de España.

La Cámara explica una parte de esa desaceleración a la “consolidación” de la recuperación económica, puesto que esta empezó a darse de forma más intensa en Cataluña y ahora tiende a “converger” con el resto del Estado. El jefe del gabinete de Estudios Económicos de la Cámara, Joan Ramon Rovira, recordó que la economía tiene un comportamiento más “volátil” que el conjunto de la española, pero señaló que dentro de ese crecimiento del 0,5% se esconden “evoluciones dispares”. Es decir, parte de esa bajada se explican por los efectos de la inestabilidad política.

La crisis política se cebó sobre todo en el turismo, puesto que las pernoctaciones descendieron hasta un 10% en el último trimestre, mientras que en el resto de España crecían el 3%. También se vio tocado el comercio minorista —aunque la anemia empezó antes de la tormenta política— y la construcción, que se desplomó en el tramo final del año mientras en el resto de España seguía con su proceso de expansión.

“La construcción muestra fuertes caídas en septiembre y octubre, que contrastan con la evolución muy positiva del resto de España. Es excepcional y podría ser atribuible al contexto político. El comercio muestra que las ventas minoristas han sido inferiores durante todo 2017. Eso puede postrar una bajada de confianza por la situación política pero también una convergencia con el crecimiento del resto del Estado. Y el sector turístico es el que más ha acusado los efectos de la inestabilidad política”, resumió Valls.

El estudio no analiza, no obstante, el efecto que haya podido tener sobre la economía el traslado de las sedes sociales y fiscales a otras comunidades autónomas, puesto que ello merecerá un informe posterior. “Es un asunto de una gran importancia, mucho más de la que se le está dando, pero nos faltan datos para analizarlo”, justificó Valls.

Riesgos a medio plazo

La entidad, sin embargo, ve con preocupación varios indicadores que actúan como termómetro de la evolución económica a medio plazo. En cocreto, desde octubre la confianza empresarial ha descendido y también han bajado las matriculaciones de vehículos industriales, los visados de obras y la creación de sociedades mercantiles.

Por ello, a pesar de que la Cámara de Comercio ha revisado al alza el crecimiento para las economías españolas y catalana (al 2,7%) tras un crecimiento del 3,2% en 2017, la entidad insistió en que en caso de que no se constituya un gobierno de la Generalitat y se aprueben unas cuentas públicas esta deberá “revisarse a la baja”.

Los indicadores que maneja la institución a medio plazo, además, ponen a los empresarios en alerta sobre las inversiones. “Hay que alertar del riesgo de que la conflictividad política pueda afectar la atracción y retención de talento y la localización de inversiones”, concluyó Valls, quien añadió: “La situación política está frenando el crecimiento de la economía catalana”.

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