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El Banco de España rebaja una décima la previsión de crecimiento para 2018 por Cataluña

La economía crecerá el año que viene un 2,4% y la crisis catalana restará tres décimas al PIB en los próximos dos años

Luis Linde, gobernador del Banco de España. En vídeo, declaraciones del ministro de Economía.

El Banco de España ha rebajado este viernes su previsión de crecimiento para el año que viene hasta el 2,4% frente al 2,5% que preveía anteriormente. Y para 2019 la reduce del 2,2% al 2,1%. Este recorte lo achaca por completo a las tensiones registradas en Cataluña. No obstante, la buena noticia es que calcula un peaje para la economía bastante leve gracias a que espera que la crisis catalana se diluya. De momento, para el año que viene solo lo baja en dos décimas por Cataluña, y una de ellas se compensa al sumar un 0,1 extra por el mejor comportamiento del sector exterior, que aprovechará la mejora económica en todo el mundo y, sobre todo, en la eurozona. Incluso si los precios del petróleo están repuntando, los renovados bríos de la zona euro sostendrán la actividad en España.

Respecto a 2019, solo disminuye su estimación en una décima, también por la incertidumbre catalana. De cara a 2020, vaticina que el avance del PIB continuará en el 2,1%. Y para este año mantiene su pronóstico de que el crecimiento acabará en un 3,1%, todavía empujado por la importante velocidad de crucero que había tomado la economía. Estas proyecciones atemperan el optimismo del presidente Mariano Rajoy, quien ha afirmado esta misma semana que el año que viene se podría crecer hasta un 3% si se resolvían los problemas en Cataluña.    

Con esta revisión de tres décimas perdidas en dos años, el Banco de España se coloca en el rango más bajo de los posibles impactos que había estimado por la situación política en Cataluña. El organismo había cifrado la horquilla de hipotéticos daños entre las 3 y las 2,5 décimas de PIB en el conjunto de 2018 y 2019. "El alcance de la incertidumbre política en torno a Cataluña constituirá un condicionante adicional de la evolución de la economía española a lo largo del horizonte temporal considerado. En el escenario central, se ha supuesto que el nivel de incertidumbre registrado en los últimos meses remitirá durante la primera parte de 2018", explica la institución sita en Cibeles en el informe publicado este viernes. Según las cifras del indicador adelantado de la Autoridad Fiscal, la economía catalana está avanzando en este trimestre a un ritmo del 0,49% frente al 0,9% del trimestre anterior y al 0,8% al que está creciendo la economía española.

Pese al descenso de la volatilidad en Cataluña, el Banco de España sigue señalando a la comunidad como una de las principales fuentes de riesgo en el horizonte de los próximos dos años: "En la esfera interna, persiste la incertidumbre sobre Cataluña. La incidencia final de este elemento de riesgo para el conjunto de la economía española dependerá de la magnitud y persistencia de las tensiones. Un alivio, como el que ha comenzado a percibirse en las últimas semanas, del grado de tensionamiento podría conducir a un escenario de mayor crecimiento del producto. Por el contrario, un hipotético rebrote de las tensiones en los próximos meses podría llevar a un impacto más pronunciado sobre las decisiones de gasto de los agentes privados".  

El supervisor considera que el crecimiento tendrá una mayor resistencia gracias a la corrección de los desequilibrios. Sin embargo, anticipa una moderación a medida que se desvanecen algunos impulsos. Por una parte, desaparece el dopaje que brindó la rebaja de impuestos. Por otra, ya todos los agentes económicos se benefician de unos tipos de interés históricamente bajos. Así que ninguno de estos dos factores brindará un impulso añadido. Además, el precio del crudo podría representar un cierto freno para el crecimiento.

De cara a los próximos tres años, la demanda nacional continuará tirando del crecimiento, apoyada por el desendeudamiento de las familias y las buenas condiciones financieras. Pero lo hará perdiendo fuerza poco a poco. La creación de empleo también avanzará a un ritmo ligeramente inferior. "Se prevé una moderación de los elevados ritmos de crecimiento [de la ocupación] observados en los últimos años conforme avanza el período de proyección, en consonancia con la desaceleración proyectada de la actividad. El aumento sostenido de la ocupación permitirá descensos adicionales de la tasa de paro, hasta situarse, a finales de 2020, alrededor del 11%", señala. 

En definitiva, aunque la ocupación seguirá engordando a ritmos similares al PIB facilitados por "la evolución contenida de los costes laborales", habrá una "menor intensidad de la creación de empleo" que se plasmará en la demanda. Y, en consecuencia, las familias moderarán su consumo. "La propensión marginal a consumir es menor cuando las rentas laborales tiene su origen en un aumento de salarios reales que cuando proceden de la generación de puestos de trabajo, lo que tenderá a atenuar el dinamismo del gasto de las familias", apunta.

Además, los consumidores tendrán que recomponer su ahorro, esquilmado tras el boom de compras que se habían pospuesto con la crisis y que se hicieron con la recuperación. La demanda exterior también irá contribuyendo gradualmente menos. Y la inversión empresarial experimentará una pequeña desaceleración motivada por la incertidumbre política, la ralentización de la demanda y las menores necesidades de renovar equipos. La inversión residencial proseguirá su recuperación, alentada por la generación de empleo y las condiciones financieras. Pero eso sí: esta tendrá un tope a su incremento en la modesta creación de nuevos hogares. 

En el corto plazo, el Banco de España augura una ralentización del Índice de Precios de Consumo (IPC). Se disipa el llamado efecto base de comparar con los precios energéticos observados un año antes, lo que hacía que hasta marzo la inflación repuntase con una robustez inusitada. "A partir de la primavera de 2018, la dinámica de los precios de consumo vendría determinada principalmente por el componente subyacente, para el que se proyecta un repunte gradual en un contexto de prolongación de la fase alcista del ciclo. En términos de promedio anual, después de aumentar un 2% en 2017, el IPC crecería un 1,5% y un 1,4% en 2018 y 2019, respectivamente, antes de acelerarse hasta el 1,7% en 2020. Frente a las proyecciones de septiembre, la inflación general se revisa al alza en 2017 y 2018, como resultado de los mayores niveles esperados del precio del petróleo, y a la baja en 2019, debido a una evolución algo menos dinámica del componente subyacente".

Entre los riesgos externos a los que se enfrenta la economía española, el Banco de España destaca las valoraciones alcanzadas por algunos activos financieros, la capacidad del Gobierno chino para reconducir sus desequilibrios y las consecuencias que pueda deparar el Brexit.

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